jueves, 13 de diciembre de 2018, 06:51
Elmonarquico2015
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Don Pelayo

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Don Pelayo

Tal vez estemos ante uno de los personajes con más relevancia en la Historia de España y eso lo convierte también en uno de los más manipulados y vilipendiados. Todo esto se debe a la falta de información sobre su figura y a sectores de la sociedad que han querido ver en su persona alguien que no es.


¿No existen fuentes para poder analizar la persona de Pelayo? Sí que las hay, sin embargo hay que tener mucho cuidado a la hora de interpretarlas ya que no todo lo que en ellas aparece es verídico. Estas fuentes, a parte de contar lo que estaba sucediendo, tenían una clara función propagandística emprendida por los magnates y reyes del momento. ¿Cuáles son las más importantes? Se podrían resumir en tres que fueron escritas en época del rey Alfonso III, el último de los monarcas asturianos y el más importante, pero su manía por legitimarse hizo que se rodease a Pelayo de un aura milagrosa de dudosa veracidad histórica y de un mundo de hechos inimaginables.


Estas crónicas son básicamente tres: la Crónica Albedense, la Rotense (atribuida a Alfonso III) y la Sebastianense. Las tres son las más cercanas a Pelayo, aunque hay varias posteriores, como la Crónica Najerense, del siglo IX, pero con poca profundización en él.


Pero las cristianas no son las únicas, las hay también del bando contrario que obviamente colocan a Pelayo en un lugar muy secundario o ni si quiera lo mencionan. Tal vez sí sea más certero echarles un vistazo para poder vislumbrar lo que sucedió en Covadonga, ya que se acercan más a la verdad. Entre estas puede que la más estudiada para el caso sea la del historiador Al-Maqqari.


Las hay más rocambolescas, como las que afirmaban que Pelayo era un musulmán rebelde de Córdoba o que era un caballero britano. Por suerte, los academistas y medievalistas poco a poco se están poniendo de acuerdo en diseñar una biografía sobre este mítico personaje, combinando fuentes cristianas y musulmanas hasta poder esclarecer cosas de su vida.


Viendo todo esto ¿quién era realmente Pelayo? ¿se puede hablar del primer rey de Asturias? Hay un dicho que dice: Asturias es España y el resto territorio conquistado. Es muy exagerado expresar algo así en estos tiempo donde, parece, el término de Reconquista ha quedado superado. Pero no hay que caer en la contradicción de restarle importancia a la región asturiana, pues desde allí se engendró lo que más tarde sería un foco de rebelión que desembocó en una sucesión de monarcas que iban ganando terreno al musulmán, considerado como un invasor.


Viendo esto, los orígenes de Pelayo se pierden en la Historia. Su madre es totalmente desconocida y su padre recibe el nombre de Favila, con el título de dux (duque). Fávila era descendiente de los reyes Recesvinto y Chindasvinto y pertenecía al sector de la nobleza territorial. Tradicionalmente se ha relacionado ese título de dux con la zona de Cantabria, aunque realmente no se sabe con exactitud dónde estaban los señoríos del padre de Pelayo. Su muerte acaeció entre el 701 y 702, asesinado por el entonces príncipe Witiza, hijo del rey Égica.


En el momento de la muerte de su padre, Pelayo empieza a aparecer en las crónicas pero de una forma muy parcial. Como en todo individuo mitificado, realiza un supuesto viaje a Tierra Santa, a Jersualén, pero al no ser el primer personaje que, con el paso del tiempo es engrandecido, viaja a algunos de los Sitios Sagrados, este tipo de viajes hay que cogerlo con muchas pinzas e, incluso, negarlo.


Vuelve a aparecer en el año 710 con la muerte del rey Witiza. Tras la muerte del monarca visigodo, hubo una rebelión nobiliaria, la cual acabó coronando a Don Rodrigo. Pelayo aparece apoyando a Rodrigo, puede que por dos razones: la primera y más clara por su odio hacia el bando witizano por rencor a la muerte de su padre; la segunda por lazos sanguíneos poco claros, puede que Fávila, padre de Pelayo, y Teodofredo, padre de Rodrigo, fuesen hermanos o primos hermanos, pero no está muy claro.


Tuvo un rápido ascenso en la Corte de Toledo, convirtiéndose en espadatario del rey, que no es otro que el que cuidaba las armas del monarca, un puesto importantísimo en la élite goda. No obstante, su tranquila vida en la corte duró poco. En el año 711, un ejército musulmán entró en la Península Ibérica y se enfrentó a los visigodos en la Batalla de Guadalete, en la que Pelayo pudo participar y, tras la victoria islámica, regresó a Toledo para huir más tarde a Asturias.


Covadonga

La huida de Pelayo a Asturias es importante para esclarecer la vinculación de la familia de Pelayo hacia estas tierras. Con la llegada del musulmán, las grandes familias visigodas se exiliaron a Narbona, en Francia. La razón por la que Pelayo decidiese ir a Asturias y no a Gallaecia o a la zona cántabra, pudo ser porque tuviera una serie de propiedades para refugiarse con una clientela y red familiar.


Se conjetura que se asentó en la zona de Siero y la leyenda dice que antes de huir de Toledo, Sinderedo, el Arzobispo de la época, le entregó una serie de reliquias: escritos de San Julián, San Isidoro y el llamado Lignum Crucis, parte de la cruz de Jesucristo. Al menos, con la llegada de los musulmanes sobre el 712 y 713, se sabe que Pelayo estaba en Siero, cerca de Gijón, donde se asentó una gobernación musulmana liderada por el bereber Otman ben Neza, conocido como Munuza.


Este personaje también es controvertido por su contradicción en las diversas fuentes. Parece que siguió las órdenes del Valí de Córdoba, máxima autoridad política en la península, e intentó la capitulación de los aristócratas asturianos, a veces de forma pacífica con negociaciones y otras de forma violenta, destruyendo aldeas e iglesias.


En el año 718, Pelayo se reunió con una congregación de los llamados Pueblos del Norte, compuesto mayoritariamente por astures y cántabros, que lo eligieron como caudillo o líder para luchar contra el invasor. Pero hay que tener una cosa clara, se rebelaban porque no querían pagar impuestos ni estar sometidos a un poder extranjero, más aún no cristiano. Aquí, de momento, no caben concepciones de conquista.


La mítica Batalla de Covadonga ha hecho correr multitud de ríos de tinta. Una batalla, parece ser con sede en Cangas de Onís, y que recibe el nombre de la cueva de Covadonga que allí se encuentra. Allí se reunió de todo: desde hombres, mujeres a incluso niños, pero ni la mitad serían visigodos. Pelayo se levantó como su líder contra el poder musulmán. En un principio, los musulmanes no hicieron caso ante este connato de rebeldía, en cambio Munuza sí, tal vez porque comprendía que había un fuerte descontento y la cosa se podría agravar. Pidió ayuda a Córdoba y recibió unos 7000 hombres encabezados por el general Al Qama.


Fechar la Batalla de Covadonga puede ser tarea difícil. No está muy claro si fue en el año 718 o en 722. Si siguió la costumbre medieval, se realizaría en primavera o verano, ya que en el invierno no había batallas. Solo un historiador ha dado una fecha exacta, Sánchez Albornoz, que la fechó el 28 de marzo del 722, cuando Nuaym Ibn Abd al-Malik, murió en manos cristianas.


Las tropas musulmanas eran más numerosas, seguro, pero los cristianos tenían una ventaja: el conocimiento del terreno. Igual que pasó en la Guerra de Independencia contra los franceses en el siglo XVIII, los cristianos de la zona conocían el paisaje casi a la perfección. Por el contrario, los musulmanes tenían que moverse por un sitio que no conocían y muy montañoso, algo muy difícil con un ejército grande.


En la Batalla de Covadonga no solo participaron astures, y tampoco fue Pelayo el único miembro de la nobleza. Por ejemplo, el Duque Pedro de Cantabria también participó. Poco se sabe de este aristócrata hispanogodo, solo que tenía su sede en Amaya y un territorio que discurría entre el noreste de Burgos hasta la costa. Fue atacado en el año 714, cuando los musulmanes saquearon Amaya, y tras ello Don Pedro y los suyos se unieron al combate de Pelayo.


Tras la victoria y la retirada de los moros, Pelayo se convirtió en un líder rural o local de un pequeño territorio. Tenía autoridad sobre un complejo conglomerado de pueblos y territorios que carecían de organización y estructura política. Lo único que les unía era la lucha contra el extranjero, y puede ser uno de los motivos por el que aceptasen el liderazgo de Don Pelayo, haber derrotado a ese extranjero en combate.


Pelayo

Tradicionalmente se le llama rey, pero no hay escrito alguno con el título de rex hacia Pelayo. Realmente no había un reino para gobernar, era más una unión de pueblos bajo su caudillaje. Lo ocurrido durante la jefatura de Pelayo es desconocido, pues las crónicas no informan mucho sobre qué ocurrió en esos años (722-737). Se sabe que no hubo más ataques musulmanes por el momento, ya que estaban con otro tipo de aspiraciones, como atravesar el Reino Francés hasta llegar a Roma.


Tampoco hubo ningún tipo de fragmentación de poder, como sí estaba habiendo en el resto de Europa, donde los nobles empezaban poco a poco a tener más poder que sus monarcas y se iban sentando las bases del Feudalismo. En Asturias se aceptó el caudillaje de Pelayo, no se sabe si fue impuesto de forma pacífica o peleando, pero había nobles rodeando a Pelayo, como Don Pedro, y nadie reclamó para sí la supremacía del lugar.


La corte se estableció en Cangas de Onís, donde él y su esposa Gaudiosa criaron a sus dos hijos: Fávila y Ermesinda. Fávila llegó a ser rey pero poco tiempo. A Ermesinda le esperaba un futuro más prometedor, casada con Alfonso, hijo de Don Pedro, uniría con su unión los territorios de su padre y de su esposo para conformar lo que sería llamado Reino de Asturias.









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Autor: Jonatan Iglesias Sancho

Delegación de Sevilla



















1 Comentarios

1

Muy interesante el articulo que ofrece aclaracion a la figura de D: Pelayo desde una perspectiva nueva para mi.

escrito por juan jose martin lopez 02/oct/16    13:00

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