sábado, 25 de mayo de 2019, 01:40
Elmonarquico2015
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La vuelta al cole: La visión en los niños

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Vuelta al cole

El inicio del nuevo curso es un buen momento para hacer un chequeo ocular a los pequeños de la casa. Una graduación visual incorrecta puede afectar sus resultados escolares y predisponer al niño contra el estudio y el colegio.


El desarrollo integral del niño depende en gran parte de la correcta evolución de su visión, hecho que se adquiere tras un largo proceso de aprendizaje que se inicia desde el primer día de vida. Durante sus primeros meses el recién nacido distingue colores y formas, que posteriormente relacionará con un objeto conocido hasta, finalmente, encontrarle un sentido e incluso llegar a saber a grandes rasgos para qué le puede servir.

Al término de un desarrollo visual normal, el niño de seis o siete años de edad posee una visión adaptada para ver bien de lejos y para observar con precisión y sin fatiga los objetos de cerca en las tareas de lectura, dibujo o escritura. La motilidad ocular correctamente coordinada le permite seguir un objeto en movimiento, converger para mirar un punto próximo y volver al paralelismo de los ejes visuales para observar un objeto alejado. Igualmente, la coordinación de las imágenes captadas por cada uno de los dos ojos le permite apreciar las distancias. Sensible también a los movimientos de pequeña amplitud, a los colores y a los pequeños cambios del contraste, el niño aprende paulatinamente a percibir los detalles finos y a representar en su mente diferentes dimensiones y orientaciones espaciales.

El estudio y la valoración clínica de todos estos aspectos funcionales del órgano de la visión es competencia tanto del oftalmólogo como del pediatra, éste último sobretodo en las edades más tempranas. El diagnóstico y eventual tratamiento precoz de las disfunciones oculares en el niño resulta trascendental, pues algunos defectos visuales únicamente son reversibles durante los primeros años de la infancia.

El protocolo universalmente recomendado para descartar anomalías oculares incluye una primera exploración en el recién nacido por el neonatólogo o pediatra para descartar algún defecto estructural en el sistema visual, como opacidades corneales, cataratas o glaucoma. Todos los niños prematuros, y/o a quienes se les haya administrado oxígeno en el período neonatal inmediato, deben ser examinados por un oftalmólogo para descartar la presencia de una enfermedad potencialmente grave denominada retinopatía de la prematuridad. 


SIGNOS Y SÍNTOMAS OCULARES DE ALERTA


1. Pupila de color blanco
2. Tendencia a desviar un ojo o a bizquear
3. Molestia a la luz (fotofobia)
4. Movimientos rítmicos y rápidos de los ojos
5. Inclinación lateral de la cabeza para fijar la vista
6. El niño se tapa un ojo para ver mejor
7. Lagrimeo o enrojecimiento ocular frecuente
8. Cefaleas y pesadez de los párpados
9. Cálculo deficiente de las distancias.
10. Incapacidad de leer la pizarra. Bajo rendimiento escolar


Gafas

Cuanto antes se detecten anomalías 

en la visión mayor será la posibilidad
de
éxito en su corrección 




Durante los primeros meses la presencia de cierto grado de estrabismo es fisiológico, y es muy habitual la sensación de que el bebé tienda a bizquear ocasionalmente. La correcta fijación y alineación de los ojos y el funcionamiento adecuado de la motilidad ocular extrínseca debería ser comprobada por el pediatra hacia los seis u ocho meses de edad. Cumplidos los cuatro años, conviene que el especialista realice la primera valoración de la agudeza visual y verifique la no existencia de anomalías que podrían afectar negativamente al proceso de aprendizaje y conducir a un proceso de ambliopía (ojo vago o gandul), que si no se trata a tiempo puede resultar irreversible. A partir de los 5 años es recomendable llevar a cabo las revisiones oculares con una periodicidad anual, complementando la revisión médica que habitualmente realizan los niños en el colegio.

Hay que tener en cuenta que durante la etapa escolar y en la adolescencia es frecuente la aparición de ametropías que, en la mayoría de las ocasiones, precisan una simple corrección óptica con gafas. Los defectos de refracción no corregidos adecuadamente (miopía, hipermetropía y astigmatismo) inducen síntomas molestos como visión borrosa, cefaleas, pesadez en los párpados, lagrimeo y enrojecimiento ocular, y son una causa frecuente de falta de atención y de retraso en el rendimiento escolar.

CONDICIONES PARA FAVORECER UN BUEN ESTUDIO


La selección de la intensidad de la luz ambiental y la distancia conveniente a la que debemos leer, son consejos y normas básicas a tener en cuenta, que hemos de fomentar desde temprana edad, en beneficio del desarrollo y funcionamiento de la visión.

La visión cercana (lectura, escritura) debe ejercitarse entre 20 y 40 cms del vértice ocular. La iluminación, tanto la ambiental como la específica del objeto de interés visual, debe ser de calidad y no muy intensa. Es preferible la luz solar a la artificial. Una buena posición ergonómica (postural) mejora también el estudio.


Libros

La luz y la proximidad del objeto de lectura, desencadenan de forma voluntaria y refleja el mecanismo de enfoque, para ver nítido a esa distancia. Este mecanismo de procesamiento visual (acomodación, convergencia ocular y reducción del diámetro pupilar) permite ver con claridad en ambas retinas las imágenes del objeto que fijamos, desde donde se transmiten al cerebro para su integración e interpretación en sensaciones visuales. En definitiva, el cerebro interpreta lo que el ojo ve.


La retina, tejido sensible a la luz, situada en el fondo ocular, es una estructura asombrosa. Convierte las excitaciones luminosas en señales nerviosas. Nos permite ver en condiciones de luminosidad, que oscilan desde la luz de las estrellas a la luz solar. Discrimina longitudes de onda de la luz para ver los colores y es lo suficientemente precisa para detectar hasta una mota de polvo, propiedades que son debidas a células alojadas en su interior que se denominan conos y bastones.

La actitud de acercarse excesivamente a la hora de leer, es un hábito frecuente dentro de la población infantil al inicio de su escolarización. En casos obedece a la búsqueda de comodidad postural. En otros, puede ser signo de alarma visual. Es el caso de los niños miopes, que sin saberlo necesitan tener los objetos más cerca para verlos nítidos, sin gafas. Si se trata de un vicio postural, será pasajero. Si se hace persistente, hará necesario adoptar medidas para su corrección. Si además se dan malas condiciones de luminosidad ambiental, tendrá consecuencias sobre el aprendizaje y maduración visual del niño.

Todo ello altera la nitidez de las imágenes que se enfocan en ambas retinas, dando lugar a síntomas, desde fatiga visual a pérdida del paralelismo ocular (estrabismo), que en período desar-rollo visual (etapa de plasticidad sensorial) pueden derivar en reducción de su capacidad visual, con compromiso en su rendimiento global.

Las medidas preventivas de adecuar intensidad de luz, distancia de lectura y ergonómicas (posturas ante la lectura, estudio y/o ordenador) han de ir siempre acompañadas de revisión oftalmológica, que ponga al descubierto errores ópticos (miopía, hipermetropía, astigmatismo) u otras causas, para decidir el consejo terapéutico más adecuado en cada caso y evitar secuelas funcionales irrecuperables. Cuanto antes se detecten, mayor será la posibilidad de éxito.

En esta tarea debemos empeñarnos tanto padres como educadores, pediatras y oftalmólogos. Para ello, el Centro de Oftalmología Barraquer dispone de un Departamento de Estrabismo y Ambliopía, equipado con todos los equipos precisos y dotado con técnicos optometristas y ortóptistas especializados en niños, a fin de obtener siempre los resultados más fiables que permitirán instaurar el tratamiento más correcto y adecuado a cada pequeño.

EL ESTRABISMO. LA PRINCIPAL INTERVENCIÓN OCULAR INFANTIL


Nio

Es la pérdida del paralelismo entre ambos ojos, cuando miran un objeto lejano. Hasta los seis meses se puede considerar fisiológico, dado que el mecanismo de coordinación de los ojos aun no está desarrollado. Ocasiona pérdida de la relación binocular y de la agudeza visual de un ojo (ojo vago). En caso de antecedentes familiares conviene acudir a control oftalmológico a temprana edad. La mayoría de niños asocian el estrabismo con miopía, hipermetropía y astigmatismo. En estos casos hay que evaluar el defecto óptico y la agudeza visual de uno y otro ojo para decidir el tratamiento adecuado. 


Muchas veces basta con corrección óptica y/o oclusión, mediante parche, del ojo con mayor capacidad visual. Como la maduración de la visión no se realiza hasta los seis años interesa diagnosticarlo lo antes posible para obtener buenos resultados. Ayudan a su diagnóstico signos como: torcer la cabeza, parpadeo constante, guiño ocular, visión doble, visión borrosa, enrojecimiento ocular, etc …

Los ejercicios de estimulo de visión binocular son un importante complemento en los casos de evolución favorable. Si no se produce mejoría hay que plantear la cirugía. Ésta siempre se realiza de forma ambulatoria, regresando al domicilio a las pocas horas. Cuando más prematura es la aparición del estrabismo antes se debe realizar la cirugía, aunque la edad más usual oscila entre los 2 y 4 años. En todos los casos esta indicado seguir controles con el especialista hasta la adolescencia.




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Autor: Centro de Oftalmología Barraquer
Departamento de Estrabismo y Visión Binocular 















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