lunes, 11 de diciembre de 2017, 02:56
Elmonarquico2015
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Chocolate, un producto americano que revolucionó el mundo

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Originario de la selva tropical de Centroamérica, el chocolate, cuya primera evidencia de consumo humano es de hace 3100 años, ha pasado de bebida de dioses entre los mayas y aztecas a convertirse en fuente de salud y complemento de moda, aparte del placer que provoca su consumo.


Hace tres milenios, los habitantes del Valle Ulua, localidad que según arqueólogos de la Universidad estadounidense de Cornell sería la cuna del chocolate, no habrían imaginado que la bebida que producían a base de “choco” (cacao) y “ati” (agua) pudiera tener tantas versiones. Inicialmente utilizada para ganar prestigio social, el chocolate que fue consumido por 200 a 300 personas derivaría más tarde en el producto que se popularizó en Mesoamérica.


Este consumo generalizado coincidió con el uso del cacao como moneda con la que se comerciaba en el reino maya y el imperio azteca, donde según el historiador Carlos Azcoytia, un esclavo podía valer cien almendras de cacao.


Bebida energética


Sin embargo, el cacao era más apreciado por su sabor y sobre todo su valor estimulante. Sobre esto hay varias referencias, una de ellas es la descripción hecha por Hernán Cortés a Carlos V asegurando que “bastaba una taza de esa bebida indígena para sostener las fuerzas de un soldado durante todo el día de marcha”.


Para conseguir el chocolate se molían las almendras de cacao previamente tostadas. A la pasta obtenida, se le añadía agua y se calentaba la mezcla. Los nobles le agregaban miel silvestre o jugo dulce de arce para endulzarlo. Los pobres le añadían harina de maíz para hacerlo nutritivo.


Por su valor, los españoles no tardaron en llevar a su patria el cacao americano desde principios del siglo XVI. Allí, aunque no con la misma consistencia, produjeron muchas nuevas versiones de la bebida y se empezó a usar como brebaje medicinal. 


Fuente de salud


El chocolate provoca incontestablemente placer a las personas que lo consumen, y si además esto les supone una mejora de su salud, ¿qué más pueden pedir? Y es que el chocolate negro, consumido en cantidades pequeñas y en su versión más amarga, contribuye a disminuir significativamente la tensión arterial y a reducir el riesgo de trastorno cardíaco.


En el estudio divulgado en Estados Unidos por la revista Journal of the American Medical Association, se cree que esto se debe a la acción antioxidante de los polifenoles del cacao. Esta investigación se suma a la realizada por la doctora Diane Becker, de la Escuela de Medicina Johns Hopkins en Baltimore, según la cual ingerir cotidianamente mínimas dosis de chocolate negro tiene el mismo efecto que la aspirina para reducir la coagulación sanguínea y disminuir los riesgos de un bloqueo arterial responsable de las crisis cardíacas. 


Otra de las virtudes del chocolate es que revigoriza físicamente gracias a sus glúcidos. Asimismo, contiene teobromina (un estimulante para el sistema nervioso central, que ayuda al esfuerzo físico y refuerza el ejercicio cardíaco), cafeína (favorece la actividad intelectual así como la resistencia a la fatiga), phenyl-ethylamine (posee propiedades estimulantes para el cerebro) y serotonina (un antidepresivo). 


Moda y estética


El chocolate ha sido ampliamente venerado y aprovechado de maneras poco convencionales desde sus orígenes. El cineasta Alfred Hitchcock lo licuó para representar la sangre en su película “Psicosis”. El artista Jeff Shepherd pinta cuadros comestibles a base de chocolate blanco con marcos de chocolate negro.


La versatilidad del cacao y el arte de la confección de su derivado principal, el chocolate, están también presentes en el mundo de la moda y de la estética. La verdad es que el chocolate da mucho de sí, y también para la creatividad de los diseñadores como es el caso del modisto hispano Carlos Linzan quien confeccionó un traje de novia de chocolate blanco durante el “Chocolate show” de Nueva York.


En el mundo de la estética, la relación entre chocolate y belleza es también una gran apuesta de las líneas cosméticas con sus jabones elaborados con manteca de cacao, para combatir la celulitis, y ceras depiladoras. Las cremas elaboradas a partir del chocolate hidratan y nutren la piel, dejándola tersa y suave. Y si uno no resulta satisfecho, siempre le quedará un hidratante baño de chocolate seguido de un masaje relajante con el mismo producto. 


Un producto mundial


El vocablo “chocoati” pasó al español como chocolate y, de ahí, a chocolat en francés, cioccolato en italiano o shokolade en alemán. Del mismo modo, el cultivo del cacao se ha extendido en una zona que va desde la franja ecuatorial de América hasta el sudeste asiático, pasando por África. Este último continente concentra el 70% de la producción mundial y un país como Costa de Marfil acapara el 43% de todo el cacao del mundo.


Además, y como bien declararon los organizadores de uno de los últimos eventos del Salón del Chocolate de París, “por su industrialización, el chocolate se ha democratizado y, gracias a la artesanía, ha ganado sus cartas de nobleza”. Hoy día, ciudades como Nueva York, Madrid, París, Ginebra, Moscú, Pekín, Shangai o Tokio, celebran cada año su Salón del Chocolate.


Estas exhibiciones son un placer tanto para los neófitos como para los amantes del chocolate, al presentar las muchas maneras en las que se puede experimentar este alimento: bombones con especias, tabletas de chocolate con oro comestible o figuras de chocolate con las que se representan posturas del Kamasutra…, todo para conformar un mundo absolutamente evocador.











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