sábado, 21 de octubre de 2017, 12:11
Elmonarquico2015
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A Albert Rivera le tocará convencer, primero, al PP de que Mariano Rajoy debe presentarse al debate de investidura, porque no puede dejar a España en la estacada, aunque no tenga la garantía absoluta de que será investido mediante una abstención del PSOE.

​Ciudadanos, alternativa a los partidos nacionalistas

D. Albert también deberá convencer al PSOE de que si se celebran unas terceras elecciones, sin que se hayan pactado y aprobado algunas cuestiones urgentes, tales como el Presupuesto, techo de gasto…, los electores podrían interpretar que, para salir de este desagradable embrollo de intereses partidistas, con un elevado coste para los españoles, es necesario trasvasar votos del PSOE a Ciudadanos.
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RafelCalle 6

Al margen de que, puntualmente, algún partido arrase en las elecciones, los acontecimientos indican que Ciudadanos será en un futuro inmediato, la solución para que se puedan formar mayorías suficientes, a derecha e izquierda, con las que conseguir un Gobierno estable en nuestro país.


Veamos, hasta hace poco, los gobiernos de PSOE y PP, cuando no han obtenido mayorías, han tenido que pactar con los nacionalistas vascos y catalanes. Sin entrar ahora a valorar si esos pactos han sido más o menos responsables del repunte secesionista en Cataluña, lo cierto es que, actualmente, a nadie se le pasa por la cabeza que se pueda llegar a acuerdos para conseguir un Gobierno estable, precisamente con quienes persiguen la inestabilidad de España como una de sus bazas para desintegrarla.


Y es ahí, precisamente en ese punto, cuando entra Ciudadanos. El partido de Albert Rivera se presenta como la alternativa real a los antiguos socios nacionalistas. Y, desde luego, mientras que Podemos no se ponga las pilas y encuentre una conceptualidad verdaderamente útil, Ciudadanos será la única opción que habrá en España para conseguir formar un Ejecutivo de garantías.



Albert Rivera, desde el pasado 20D, ha dado muestras de su talante negociador. Antes fue con el PSOE, porque el Jefe del Estado, Su Majestad el Rey Felipe VI, tuvo a bien nombrar a Pedro Sánchez candidato a la investidura; y ahora es con el PP, por la misma razón, en este caso con el nombramiento de Mariano Rajoy. Es decir, el Sr. Rivera está dispuesto a negociar a izquierda y a derecha aunque en el caso de los conservadores lo tenga muy difícil puesto que en su programa incluye, expresamente, un cambio de liderazgos como medida depuradora para el entramado de corruptelas del PP.


Ahora, a Albert Rivera le tocará convencer, primero, al PP de que Mariano Rajoy debe presentarse al debate de investidura, porque no puede dejar a España en la estacada, aunque no tenga la garantía absoluta de que será investido mediante una abstención del PSOE, aunque le toque gobernar en minoría y con toda la Cámara en su contra y aunque después del verano el Sr. Rajoy será, un día sí y otro también, noticia de portada vinculada a la corrupción de su partido y a su responsabilidades políticas.


En segundo lugar, D. Albert también deberá convencer al PSOE de que si se celebran unas terceras elecciones, sin que se hayan pactado y aprobado algunas cuestiones urgentes, tales como el Presupuesto, techo de gasto…, los electores podrían interpretar que, para salir de este desagradable embrollo de intereses partidistas, con un elevado coste para los españoles, es necesario trasvasar votos del PSOE a Ciudadanos, es decir, Albert Rivera se beneficiaría votantes que el 26J optaron por los socialistas. Poco importa que el PSOE pueda ganar adeptos que se fuguen de una desangelada UP, porque tanto el PP como Ciudadanos aumentarían sus escaños hasta lograr, muy probablemente, una mayoría absoluta entre los dos.


En fin, todo depende de la gestión que lleve a cabo Albert Rivera. Habrá que ver cómo se las arregla para actuar como hombre de Estado y no solo no defraudar a sus votantes, sino también ganar adeptos a costa de socialistas y podemitas, aprovechándose del enorme desconcierto ideológico que campa en ambas formaciones. A su favor tiene que es el único líder al que le interesan unas terceras elecciones y, sin embargo, se esfuerza en lograr pactos que las eviten.




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Autor: Rafel Calle

Director de El Monárquico











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