miércoles, 18 de octubre de 2017, 16:58
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Trastornos sexuales

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Probablemente el comportamiento y la actividad
sexual sean las áreas de la conducta humana en
las que es más difícil establecer el límite entre lo
normal y lo anormal o patológico.



Probablemente el comportamiento y la actividad sexual sean las áreas de la conducta humana en las que es más difícil establecer el límite entre lo normal y lo anormal o patológico. El contexto social y cultural, el propio criterio, la época de la que hablemos, los mitos, los tabúes, las leyendas, etc., hacen difícil establecer criterios generales o categorías psicopatológicas que permitan delimitar la normalidad/anormalidad de una actividad sexual determinada.


Los trastornos sexuales se han dividido, tradicionalmente, en dos grandes grupos: las parafilias o desviaciones sexuales y las disfunciones sexuales. Las parafilias se caracterizan por una orientación sexual hacia objetos o situaciones infrecuentes respecto al patrón convencional, con intensas y repetidas necesidades o fantasías sexuales que generalmente implican objetos no humanos, sufrimiento o humillación propia, del compañero, niños o personas que no consienten. En el grupo de las parafilias se pueden citar: exhibicionismo; voyeurismo; froteurismo; paidofilia; fetichismo; sadismo y masoquismo sexual. 


Las disfunciones sexuales aparecen cuando se producen alteraciones en alguna fase de la respuesta sexual. En la fase de deseo: aversión hacia la relación sexual; deseo sexual inhibido; bajo/exacerbado deseo sexual. En la fase de excitación: impotencia; excitación sexual inhibida. En la fase de orgasmo: eyaculación precoz; eyaculación retardada; ausencia de orgasmo; eyaculación sin orgasmo. En la fase de satisfacción sexual: problemas de frecuencia en las relaciones sexuales; problemas con la variedad de actividades sexuales.

Otro grupo, dentro de las disfunciones sexuales, lo componen las que están asociadas al dolor en las relaciones sexuales. Puede existir dolor durante la excitación sexual, durante la penetración, durante el coito, dolor al eyacular, en el caso del hombre, y vaginismo en la mujer.


Entre las causas de los problemas sexuales encontramos la falta de información o errores informativos en torno a la sexualidad, las actitudes negativas, prejuicios o malos sentimientos hacia la sexualidad y sus consecuencias, conductas o actividades sexuales inadecuadas, la existencia de una mala relación interpersonal de pareja, inseguridad o falta de autoestima, circunstancias inadecuadas (lugares, momentos, etc.), ingestión de algunos medicamentos, alcohol, drogas, mal estado de salud, estilos de vida inadecuados, etc.. Esta variedad de posibles causas hace necesario tomarlas en consideración en la evaluación a la hora de planificar la terapia adecuada.


En líneas generales y, enfatizando la necesidad de adoptar un enfoque para cada caso individual, la terapia psicológica para las parafilias tiene como propósitos, entre otros: disminuir la activación sexual desviada; entrenamiento en habilidades sociales; entrenamiento asertivo; la educación sexual; el pensamiento y las creencias distorsionadas; el desarrollo de la autoestima; el desarrollo de la capacidad de expresar sentimientos; autocontrol; etc.







Las parafilias se caracterizan por una orientación
sexual hacia objetos o situaciones infrecuentes
respecto al patrón convencional


        


En el caso de las disfunciones sexuales debe quedar claro que el bienestar y la satisfacción no dependen de una conducta concreta, como realizar o no el coito, se trata, más bien, de un estado personal. Tampoco se deben establecer objetivos atendiendo a “logros” o “resultados”, como conseguir una erección o lograr un orgasmo, estas conductas pueden facilitar la aparición de ansiedad ante la interacción sexual.


Entre los componentes básicos del tratamiento se encuentran: la educación sexual; la focalización sensorial (identificación y toma de conciencia de las propias sensaciones corporales); la preparación del ambiente y el entrenamiento en comunicación.


Por último debe señalarse la necesidad de llevar a cabo el tratamiento dentro de un marco de estrecha colaboración con otros profesionales de la salud, especialistas en urología y andrología, ginecólogos, endocrinólogos y psiquiatras.






Autor: Juan Pocovi

Psicólogo Clínico








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