martes, 21 de mayo de 2019, 20:33
Elmonarquico2015
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Entrevista a Francisco Javier Cánaves, escritor y poeta

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"Yo siempre me he considerado un poeta narrativo, alguien que saquea su propia biografía para después decir las tres o cuatro cosas que vale la pena decir. Me gusta arrancar de lo anecdótico, de lo estrictamente personal, para llegar a lo universal simulado, en minúscula. No sé quién escribió ni dónde que hay un tipo de poesía que corre el peligro de acabar convirtiéndose en simple anécdota, dotando a esta palabra de un cariz negativo. Pero yo creo que la vida se explica mejor en las anécdotas que en las grandes palabras".




Javier Cánaves (Palma de Mallorca; 1973), en una entrevista que le concedió a Inés Matute en junio del 2003.






Entre una traslación del verbo a la destreza que decide vivir en los renglones que hablan de evolución creativa, y la golosa sensatez que se nutre del fin al que se entrega, Javier Cánaves, estigma de poeta, sobre todo, soporta el peso de su conciencia literaria, mientras camina con paso firme en el complejo mundo del pensamiento narrativo.




¿En qué se diferencia el Javier Cánaves de hoy, hombre, poeta, escritor, finalmente pensamiento, del que contestó en el 2003?


En líneas generales sigo pensando lo mismo. Quizá matizaría algo, quizá añadiría alguna explicación. Las grandes palabras sólo pueden ser las palabras bien dichas, lo que no hay que confundir con pulcritud formal. Escribir bien, incluso muy bien, es fácil; hacer buena literatura es algo más complicado. Además, no querría caer en la vulgaridad de los bandos. Hablo de mí y no de cómo deben ser las cosas.


Siempre he sido un poeta narrativo. Evidentemente, esto varía en función del poema. En este sentido, recuerdo que una poeta de cierto renombre, después de la lectura de Al fin has conseguido que odie el blues, me comentó que, dado mi estilo, debería atreverme con la narrativa, que seguro se me daba bien. Algunos años después le hice caso y a finales de año aparecerá mi primera novela.


Respecto al hecho de pretender explicar la vida, quien se enfrenta a semejante hazaña ha de fracasar seguro. Supongo que cuando dije que la vida se explica mejor en las anécdotas, me refería a que seguramente trasmitían más vida aquellos poemas cuya ambición era más limitada, más ceñida a lo estrictamente personal. Al fin y al cabo, hablar de la Vida, así, en mayúscula, no deja de ser algo frío y un tanto vacío.


¿Dónde está tu genio?


Admitiendo que tenga algo que pueda responder a este nombre, diría que está situado en el punto de encuentro entre mi necesidad de huida y mi sedentarismo. Escribir es mi vía de escape, mi posibilidad de vestir otras vidas, de dejar de ser yo para poder ser yo en toda mi extensión. En fin, en esa intersección se cuece todo.


¿Quién escribe?


Esa parte de mí consciente de que no va a durar y que quisiera durar siempre.


Ponte en la piel del lector, ¿qué esperas encontrar en un poema?


Algo de lo que soy, he sido o puedo ser. Un sentimiento susceptible de hacerlo mío. La dosis necesaria de veneno. A veces, una incomprensión hermosa, desconcertante.


¿Tiene algo qué ver tu formación académica o tu trabajo profesional con la poesía?


Nada. Me licencié en Derecho.


¿Por qué la Abogacía?


Ésta pregunta habría que plateársela al Javier Cánaves de los 18 años. Imagino que me creí eso de que Derecho tiene muchas salidas. Aposté por la seguridad, por una idea errónea de seguridad. Algo no muy digno de un poeta. De todos modos, me gusta pensar que fue bueno para mí. Ahora trabajo en un banco.


¿Por qué en una entidad bancaria?


Antes de entrar en el banco, estuve trabajando en una empresa que se dedicaba a realizar encuestas de calidad por diferentes hoteles. Mis destinos fueron Tenerife y Fuerteventura. Recuerdo que teníamos que llevar una americana granate horrible, como de presentador de concursos para niños de los años 80. Quizá me decanté por el banco porque suponía poder dejar de usar aquella americana.


¿La vida es también la trastienda o es sólo el escaparate?


La vida es un escaparate que nos incita a imaginarnos la trastienda. Probablemente, si la pudiésemos contemplar nos llevaríamos una decepción.


Que hable el poeta, expláyate, si gustas. Y hablemos también del poema.


Para hablar del poema citaré a Juan Ramón Jiménez: “Por muchas vueltas que le demos, la primera poesía no ha sido, no es, no será nunca sino sentimiento, pensamiento y acento”. Del poeta diré que hace algo más de medio año que no escribo poesía. En los últimos tiempos, lo que necesito decir se adapta mejor al formato narrativo. De todos modos, que no escriba poesía no quiere decir que no la necesite, es más, en realidad no creo que haya dejado de escribirla. En mis novelas intento que haya poesía. No ha de extrañar. En innumerables ocasiones, la poesía que más me ha emocionado la he encontrado en novelas.


¿Asumes lo que somos?


Lo bueno y lo malo, todo. Como escritor te diría que lo malo da más juego, resulta más interesante.


¿Lo que más detestas?


En poesía, a los que ignoran que sólo existen dos tipos de poesía, de literatura en general: la buena y la mala, o dicho de otro modo: los que se empeñan en crear grupo excluyentes y combativos, habitualmente refugio de mediocres.


En líneas generales, no soporto a la gente obtusa.


¿Aquello que te llama desde siempre?


¿Aparte de mi madre? En fin, hablando en serio: Desde siempre me fascinó la vida ajena como posibilidad de vida propia. También el vértigo de los distintos paisajes que nos regalan los viajes.


Hablemos del estilo, ¿existe? ¿Realmente es necesario? ¿Coarta la propia creatividad?


El verdadero estilo no se busca, se encuentra, se lleva dentro, se pule. Si adquirimos demasiada conciencia de su existencia, corremos el riesgo de convertirnos en caricaturas de nosotros mismos.


¿Qué importancia le das a la técnica, como elemento base para la elaboración de un poema?


Los que creen que la poesía es puro sentimiento sin más son unos ingenuos. Dominar la técnica es importante, aunque después decidamos darle una buena patada. Una cosa obvia: la técnica no hace buenos poemas, sólo ayuda.


¿Qué fue primero, la idea o el verso?


Diría que el ritmo. Paradójicamente, la poesía moderna ha aprendido a vivir al margen de él.


Supongamos que puedes regalar un don a los humanos, ¿por cuál te decides?


Por el de la tolerancia. Por desgracia, cada vez nos soportamos menos. Desde que las leí, no he podido olvidar las palabras de Madame du Deffand. Sirven para definirnos como especie: “Se está rodeado de armas y de enemigos, y los que llamamos amigos son aquellos por los que no se teme ser asesinado, pero que dejarían hacer a los asesinos”. En fin, una frase un tanto pesimista con la que es difícil estar completamente de acuerdo, pero que arroja algo de luz (una luz tenebrosa, todo hay que decirlo) sobre el intrincado asunto de las relaciones humanas.


El día o la noche. Dinos el porqué (sin prisa).


La mañana para escribir, la tarde para leer y la noche para soñar. Por la mañana, si se ha dormido bien, la mente está más despejada, sobre todo después de un buen desayuno. Las tardes invitan a la huida y qué mejor que un buen libro para olvidarnos del que somos. Como escribí en un artículo, la noche es italiana. Con esto quería dar a entender que la noche es sensual y embustera, antigua y esplendorosa. Nos hace creer que todo es posible. Por desgracia, no puedo dedicar mis mañanas a la escritura. Motivos laborales me lo impiden. En fin, imagino que todo tiene su momento y que todo momento es susceptible de ser llenado con todo o casi todo.


¿Realmente, es necesario ser tan ignorantes para poder evolucionar?


Lo paradójico es que la idea de evolución o progreso también conduce a la ignorancia.


¿Por qué es tan difícil escribir un buen poema?


Una respuesta podría ser: porque muchos de los que lo intentan no son buenos poetas. De todos modos, también podría plantearse esta cuestión respecto a temas más prosaicos. ¿Por qué es tan difícil encontrar a una persona completamente satisfecha con el piso nuevo que le acaban de entregar? Con esto quiero decir que en muchos campos resulta complicado encontrarnos con cosas realmente bien hechas.


¿Eres de los que quieren reivindicar el verso?


Soy de los que quieren reivindicar la buena poesía. Hoy, más que nunca, se publica muchísimo. Como dice un amigo escritor, los poetas inéditos se han convertido en una especie en vías de extinción. Le pegas una patada a una piedra y salen diez poetas o, al menos, diez que dicen serlo. 


¿Qué piensas de los premios literarios?


Que los que nunca han ganado uno los detestan y se dedican a hablar mal de ellos y los que sí lo han hecho evitan responder a una pregunta como ésta o se muestran condescendientes. Yo siempre los he visto como una vía para poder publicar. Desde luego, que el libro sea acreedor de un premio no garantiza su calidad. Tampoco habría que caer en lo contrario. Hay libros acreedores de premios que son realmente buenos. En fin, no es más que un acuerdo que sirve para que la editorial abarate costes y consiga algún que otro comprador más y para que el organismo público de turno pueda dar salida a una parte del presupuesto destinado a cultura.


¿Tienes claro dónde está la frontera entre el verso y la prosa?


Tengo claro que la ausencia de nitidez en la frontera puede hacer la cosa más interesante.


¿Crees que es justo que el poeta genial lo pueda ser tan pocas veces?


No creo que sea justo o injusto. La excelencia se da poco en todos los campos. Por eso es excelencia. Además, la pregunta me plantea otras preguntas: ¿Es concebible un poeta genial que haya escrito pocos versos geniales? ¿Podría escribir, un poeta mediocre, un poema genial? Si hablamos de genios, te diré que hay pocos, no más de diez en todo un siglo. Se les considera genios por el conjunto de su obra. Poemas realmente buenos, por fortuna, hay muchos más.


¿Tu poeta y tu poema?


Suena demasiado rotundo eso de “tu poeta y tu poema”. Mis escritores y libros predilectos han ido variando según las épocas. Hoy por hoy quizá diría que mi poeta favorito no es un poeta en realidad, sino un novelista: Juan Carlos Onetti. Un poema que me parece brutal es “La francesa”, de Roberto Bolaño.


¿Tu mujer?


Si se refiere a la mujer de mi vida, sin lugar a dudas, mi hija Floriane.


Volvamos atrás, a los primeros sentimientos, las sensaciones niñas, la formación e, incluso, poco antes de ser el poeta que ahora contesta.


Los viajes al pasado suelen ser fructíferos. Para los que tenemos poca imaginación, constituyen el material fundamental sobre el que construimos nuestras historias. Poco más hay que decir. Fui un niño y un adolescente normal. No hay momentos cruciales, ni traumas, ni grandes enfermedades. La vocación estaba allí y poco a poco se fue desarrollando. Me gusta recordar mi primer insomnio a causa de la literatura, el primer libro de poemas que nunca vio la luz entre otras cosas porque no era más que un ejercicio inconsciente de imitación (ahora soy plenamente consciente), el primer galardón literario que me concedieron, la primera vez que tuve a Floriane entre mis brazos. Detalles de una vida. Sobre lo que construimos nuestra leyenda personal.


Escríbeles algo a tus seres más queridos (sólo tienes tres versos).


Mejor les dedico mis tres poemarios publicados. En ellos encontrarán los versos que precisen.



DE DRAGONES Y ABEJAS


Esta noche soñé con dragones y abejas,
y fue el sueño tan vívido que, al despertar, me puse
a revolver las sábanas, no fueran las criaturas
a darme otra sorpresa. Como era de esperar,
nada encontré. Tan sólo algunos pelos negros
y una mancha amarilla, inequívoco fruto
de la ingrata abstinencia. Después abrí cajones,
registré el mini-bar y el armario a conciencia,
puse patas arriba toda la habitación
en un esfuerzo inútil: se habían esfumado.
Aunque ya he descubierto, por algunos indicios,
el lugar donde habitan cuando no me torturan.
Mañana mismo dono mi rencor a la ciencia.



De Al sur de todo mapa (2001)



SEPTIEMBRE


Sillas amontonadas… Las primeras
farolas se iluminan, aunque aún
le quedan a esta tarde unos minutos.
Sobre las rocas, sin pudor ni alardes,
las heridas resecas que el salitre
dejó en el armazón de aquel llaüt.
Derrotero implacable, todo avanza
en busca de su fin. Del otro lado,
sillas amontonadas, inservibles
—ahora que el sol ya busca otros veranos—
Como el recuerdo de los días buenos
En mitad de un diluvio o de un adiós.



De Al fin has conseguido que odie el blues (2003)



LO QUE QUEDA DE ROBERT FITZROY


Es extraño el destino de los hombres.
Robert Fitzroy, después de besar a su esposa
y a su hija, agarra su navaja
y se rebana el cuello. Es un 30 de abril
de 1865. Amanece despacio. En la ventana,
una luz transparente pronostica
un tiempo más propicio para todos.


A esa misma hora, enfermo y aburrido,
Charles Darwin —aspirante a clérigo de joven—
rememora los cinco largos años
que pasó con su amigo Robert Fitzroy,
embarcado en el Beagle. Fueron,
piensa ahora, tres décadas después,
los días más intensos de su vida.


¿Qué pensó el aclamado, el inmortalizado autor
de El origen de las especiescuando supo que Robert, al que un día admiró,
se había suicidado?
¿Sintió remordimientos por haberlo humillado
en aquel foro público de Londres?
¿Recordó los cuidados, todas las atenciones
que Fitzroy, capitán de aquel navío,
le había dispensado?


A bordo de aquel barco se gestó la teoría
que incendió los pilares de una fe moribunda,
que alumbró los senderos de la modernidad.


Charles Darwin nos salvó, y, para eso,
tuvo que colocar, en el cuello de Fitzroy
—defensor de la Biblia y sus lecciones—,
La navaja que un treinta de abril lo degolló.


A Darwin todo el mundo lo recuerda.

De Fitzroy queda apenas, anotado en los mapas,
el nombre que le dieron a un peñasco
en la olvidada y fría Patagonia.



De El peso de los puentes (2006)



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PREMIOS


El Premio Internacional de Poesía Antonio Machado en Baeza.
El Premio de Poesía Hiperión.
El Premio Ciudad de Palma Rubén Darío.


Publicaciones


Poesía


Al sur de todo mapa. Hiperión, Madrid, 2001.

Al fin has conseguido que odie el blues.Premio Hiperión. Hiperión, Madrid, 2003.

El peso de los puentes. DVD Ediciones, Barcelona, 2006.

Molt més en joc. El Tall Editorial, Mallorca, 2007.

Limpieza y absorción. Editorial Delirio, Salamanca, 2011.

Momentos estelares. Ediciones Baile del Sol, Tegueste, 2013.


Narrativa.


La historia que no pude o no supe escribir. Ediciones Baile del Sol, Tegueste, 2009.

Los artistas. Ediciones Baile del Sol, Tegueste, 2011.


Piscinas iluminadas. Ediciones Baile del Sol, Tegueste, 2013.







Autor: Rafel Calle













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