sábado, 23 de septiembre de 2017, 07:45
Elmonarquico2015
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La pregunta del millón

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Juan Gayá

La princesa está triste. Sabemos lo que tiene la princesa: se ha dejado un millón de votos por el camino y no sabe cómo los ha perdido. Tanta reflexión a puerta cerrada para llegar a la conclusión de que el proyecto político tan ilusionante para tantos españoles, cuando a estos les llega el momento de la verdad, les entra la congoja, el miedo y, en lugar de obrar en consecuencia, se abstienen o votan otra cosa, ¿quizás la contraria? Y echan a rodar los legítimos sueños de quien tan vehemente, obsesivamente, con tanto ahínco y dejándose la piel, ha estado luchando para conseguir un éxito sin precedentes en este país y ya dado por hecho según las encuestas de todo color.


Es de agradecer que se analice seriamente el porqué de este fiasco, pero que se nos diga -después de reunirse la cúpula a puerta cerrada – que se explica por el miedo que, al depositar su voto, sintieron sus simpatizantes al imaginarse que pudieran llegar a gobernar, es poco menos que un insulto a la inteligencia que todavía nos queda. Por poca que sea. Y, si a los simpatizantes les daba miedo que con sus votos Podemos pudiera efectivamente asaltar el cielo, ¿que miedo no sentirían los ciudadanos que no desean un gobierno de Podemos? ¡Porque alguno podría estar temblando todavía!


Es humano intentar justificar errores, no reconocerlos e incluso atribuir la culpa al prójimo. Basta haber seguido las actividades de campaña de los distintos partidos para que cada uno extraiga sus propias conclusiones con más o menos acierto.


En el caso que nos ocupa y recordando el mitin que dieron en Palma, se perdieron votos a puñados de camino a los restaurantes del Portitxol. Menos mal que la distancia es corta. No importaba si se pagó a escote o no. Para muchos de sus posibles votantes, al comer langosta ya pecaron. Este hecho cruzó el charco. La coherencia es cualidad apreciada en toda persona pública llamada a ejercer un cargo de responsabilidad. En el caso de su líder, esa coherencia ha brillado por su ausencia durante la campaña: el día que no era comunista era socialdemócrata y al revés. Traicionado por su impulsividad y obsesivas ganas de llegar a gobernar, enseñaba el plumero, cuando no lo hacía su colega Monedero. Mezcló “ous amb cargols” cuando decidió engullir a IU, maniobra que por una parte restó y por otra sumó, lógicamente. Pero hizo dudar a muchos de sus simpatizantes sobre cuál es su línea política auténtica. A más bandazos, más dudas en su electorado.


Deberían de estar seriamente preocupados por la sustancial pérdida de votos, especialmente en las ciudades donde gobiernan, lo que prueba que su gestión ha sido deficiente.


Es una lástima que Pablo Iglesias lleve tan mal producto con lo buen político que es. Excelente orador, con poder de convicción, dotado de un gran carisma, inteligente y astuto estratega. Sus discursos pueden llegar a ser magistrales, quasi orgásmicos y generosamente bien regados de testosterona. Cuando empezaba Manolete su mítica carrera torera, se leía en una de las primeras crónicas “que lástima que matando tan bien, toree tan mal”. Que lástima que Pablo Iglesias toreando/politiqueando tan bien mate/remate en las urnas tan mal. Pero lo más lastimoso es su bagaje. El que enseña y el que esconde. El que amaga y se le nota. El que se le intuye y el que se le escapa. Ni que decir de todos los documentos videográficos del pasado, que flaco favor hacen a quien con una ambición que no conoce límites, se postula para dirigir una nación como es España. Y por si fuera poco, a unos días de las elecciones va y suelta la parrafada de que Zapatero ha sido el mejor presidente de la historia reciente de España. Como si el españolito de hoy sufriera de amnesia. Mal favor se ha hecho a sí mismo y a su partido.


Para no darle más vueltas al asunto, de por qué se vota a tal o cual, ya sea político o partido, y para poner un poco de claridad, en el complejo panorama electoral, no estaría mal recordar el chiste que, con tanta gracia mallorquina, cuenta “Mado Pareta”, cuando la maestra anuncia a sus alumnos que Pablo Iglesias visitará la escuela, y pregunta a Pepito que le va a decir al personaje, “pues jo li diré que a ca nostre tenim una moixeta i ha tengut cuatre moixets i tots cuatre son de Podemos”. Al día siguiente dice la maestra: Pepito, ¿que no querías decirle algo al Sr. Iglesias? “Sí, que en casa tenemos una gatita y ha tenido cuatro gatitos, y uno, es de Podemos”. A ver, a ver, le replica la maestra, no dijiste ayer los cuatro? “Sí, pero es que hay tres que ya han abierto los ojos”!


Si no se vende bien el cacharro a la primera, el 20D, peor se vende a la segunda.


La zigzagueante trayectoria, tanto de su líder como de su partido, atribuible en parte a la impaciencia de su líder de tocar poder moncloico a la desesperada y a todo trance, es lo que ha contribuido decisivamente al resultado de este batacazo que quita sonrisas e ilusiones. Puede que el líder se sienta ahora en un infierno. Y es que cuando se está tocando con las yemas de los dedos el mismísimo cielo y esperando entrar en él por la puerta grande, es necesario darse un batacazo para abrir los ojos de una puñetera vez. Quizás de ahí su última frase: “En la próxima podríamos ganar o darnos una hostia de proporciones bíblicas”. Curioso vocabulario evangélico religioso para quien ventea su ateísmo, sin ser expresamente preguntado por ello. Pero ahora ya no viene de una.



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Autor: Juan Gayá










1 Comentarios

1

Buen artículo Juan. Ha querido engañar a unos pocos justamente cabreados y lo ha conseguido una vez. Al aliarse con los comunistas hay quien le ha visto el plumero. Un abrazo.

escrito por Pepe 17/jul/16    19:31

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