viernes, 20 de octubre de 2017, 21:53
Elmonarquico2015
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Discurso del Presidente Nacional de la HNME don Francisco Rodríguez Aguado, en el Acto Institucional de la Lealtad Monárquica

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Tras dar la bienvenida a los galardonados y demás autoridades tanto eclesiásticas, como académicas, civiles y militares y demás representantes de Cofradías de Albacete y Asociaciones, el Presidente de la HNME, Excmo. Sr. D. Francisco Rodríguez Aguado, leyó su discurso al finalizar los actos procederse a escuchar el Himno Nacional de España.



Ahora me gustaría proponerles ... recordar, empezó diciendo el Presidente de la Junta Nacional su discurso.












" Me consta que todos y cada uno de ustedes recuerdan la fecha de hoy y por supuesto recuerdan las sensaciones previas a la que sería la fecha de mañana, un 19 de junio.


Aquel 19 de junio del año 2014 sería imborrable para muchas personas, yo personalmente, tengo en mi ser muchos recuerdos y emociones imposibles de olvidar, pues hay años que suponen una inflexión en nuestras vidas, algo inesperado, algo en lo que uno siempre ha tenido puesta su Fe... Aparece dando fin a una forma de entender la existencia y supone el inicio de una nueva senda.


Aparece aquello que da sentido a toda una vida y uno descubre que sólo a quien le ha sido otorgado el don de la valentía y el coraje será a quien se le conceda el disfrute del mayor premio al que uno puede aspirar en el tiempo que se le concede en la tierra. Cada uno de ustedes sabrá cual es el suyo propio y personal... Y el esfuerzo y sacrificio que ha conllevado su logro o su pérdida. 


El 19 de junio del año 2014 asistíamos emocionados a un momento histórico, triste pues suponía la abdicación de nuestro bienquerido monarca Don Juan Carlos I y a la vez feliz, pues se producía lo que nosotros como monárquicos aspiraremos a ver y a proteger, la sucesión, y con ella la renovación.


En definitiva una transición necesaria pues no es ni más ni menos que la misma vida abriéndose paso y la Monarquía, más que nunca está viva y plena de fuerza y vitalidad. 


Prueba de ello somos todos los que hoy nos hemos reunido aquí y todos aquellos hombres y mujeres que conforman nuestra Hermandad, cada día más demandada, cada día más reconocida y cada día más presente en estamentos impensables hace unas décadas.


El esfuerzo y el sacrificio conlleva logros y a veces, a pesar del empeño, pérdida; en este caso una fuerza y un impulso extraordinario supuso el importante logro que hoy da sus frutos y que yo, por mi cargo y en nombre de todos ustedes recojo cada vez que la Hermandad acude a actos en que se hace presente la voluntad de cada uno de nuestros miembros. 


Sin embargo, éste es un trabajo conjunto, constante, laborioso, esforzado y en ocasiones tremendamente sacrificado. Como en el teatro, frente al público aparece el resultado final en forma de vistosa y brillante puesta en escena. Pero para que ella acontezca ha sido necesario el esfuerzo de muchas personas, un extraordinario trabajo y una dedicación constante, una fe inquebrantable en la causa que portan en su corazón a modo de bandera y una capacidad de acción capaz de superar los impedimentos, obstáculos o cualquier circunstancia que eclipse aquello en lo que han depositado su entusiasmo, su esperanza y su empeño, dedicándole tiempo, medios, mucha ilusión y parte de su vida. (Mi más profundo agradecimiento a D. Antonio Martinez Alcalde, Presidente Provincial de Albacete y a D. Rafael Marcos, responsable de Protocolo de la HNME)


No es fácil hoy en día ser Monárquico, las circunstancias sociales, políticas y económicas afectan a diferentes y variadas instituciones arraigadas en nuestra historia.


La Monarquía no se libra del tiempo en el que vivimos, y por eso la labor de estos hombres es más que meritoria, gloriosa diría yo. Es fácil manejar el barco cuando las aguas están calmadas, pero es de reconocido mérito hacerlo en aguas turbulentas. 


Esa es la razón de que esta noche, en presencia de todos ustedes, se rinda homenaje a quienes a lo largo de este año han trabajado y luchado porque este barco del que todos nosotros somos pasajeros pero también tripulación, con la responsabilidad de defender y promover la Monarquía, se otorgue el merecido reconocimiento a su habilidad, dedicación y tesón para maniobrar este navío contra todo viento y marea, a favor y en contra.


Les proponía recordar al principio de este discurso y les invito a escuchar rememorando de nuevo la fecha en torno a la cual hoy nos reunimos aquí, un 19 de junio de 2014. Yo asistía emocionado por varios motivos muy importantes en aquel entonces de mi vida a este magnífico discurso de Don Felipe VI ya investido rey. Sus palabras serán motivo de que al finalizar esta velada, la palabra Hermandad sea más que un vocablo. Sea la expresión y manifestación de un compromiso que ha arraigado profundamente en su corazón.


Decía don Felipe VI en aquel emotivo discurso:

"...Inicio mi reinado con una profunda emoción por el honor que supone asumir la Corona, consciente de la responsabilidad que comporta y con la mayor esperanza en el futuro de España. Una nación forjada a lo largo de siglos de Historia por el trabajo compartido de millones de personas de todos los lugares de nuestro territorio y sin cuya participación no puede entenderse el curso de la Humanidad. ..."

"...Pero sobre todo, Señorías, hoy es un día en el que me gustaría que miráramos hacia adelante, hacia el futuro; hacia la España renovada que debemos seguir construyendo todos juntos al comenzar este nuevo reinado. Una gran nación, Señorías, en la que creo, a la que quiero y a la que admiro; y a cuyo destino me he sentido unido toda mi vida, como Príncipe Heredero y -hoy ya- como Rey de España...."

"....No tengan dudas, Señorías, de que sabré hacer honor al juramento que acabo de pronunciar; y de que, en el desempeño de mis responsabilidades, encontrarán en mí a un Jefe del Estado leal y dispuesto a escuchar, a comprender, a advertir y a aconsejar; y también a defender siempre los intereses generales.


Y permítanme añadir, que a la celebración de este acto de tanta trascendencia histórica, pero también de normalidad constitucional, se une mi convicción personal de que la Monarquía Parlamentaria puede y debe seguir prestando un servicio fundamental a España.


La independencia de la Corona, su neutralidad política y su vocación integradora ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad de nuestro sistema político, facilitar el equilibrio con los demás órganos constitucionales y territoriales, favorecer el ordenado funcionamiento del Estado y ser cauce para la cohesión entre los españoles. Todos ellos, valores políticos esenciales para la convivencia, para la organización y desarrollo de nuestra vida colectiva.

La Corona debe buscar la cercanía con los ciudadanos, saber ganarse continuamente su aprecio, su respeto y su confianza; y para ello, velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente, como corresponde a su función institucional y a su responsabilidad social. Porque, sólo de esa manera, se hará acreedora de la autoridad moral necesaria para el ejercicio de sus funciones. Hoy, más que nunca, los ciudadanos demandan con toda razón que los principios morales y éticos inspiren -y la ejemplaridad presida- nuestra vida pública. Y el Rey, a la cabeza del Estado, tiene que ser no sólo un referente sino también un servidor de esa justa y legítima exigencia de los ciudadanos.


Éstas son, Señorías, mis convicciones sobre la Corona que, desde hoy, encarno: una Monarquía renovada para un tiempo nuevo. Y afronto mi tarea con energía, con ilusión y con el espíritu abierto y renovador que inspira a los hombres y mujeres de mi generación. Pero sobre todo, Señorías, hoy es un día en el que me gustaría que miráramos hacia adelante, hacia el futuro; hacia la España renovada que debemos seguir construyendo todos juntos al comenzar este nuevo reinado...."


El discurso de proclamación como rey que Don Felipe emitió, merece ser leído en su totalidad. Yo he intentado extraer aquello que la realidad se ha encargado de demostrar:


Monarquía y Hermandad transitan paralelas.


El magnífico discurso, derroche de inteligencia, sensatez y visión de futuro se corresponde con la figura de Don Felipe VI a quien la Historia ha otorgado la corona en el siglo XXI, tal vez porque la Historia en su sabiduría infinita ya tenía muy claro que ser rey en estos tiempos requiere ser poseedor de una percepción especial y sutil, respetuosa, responsable, tolerante, de ánimo conciliador pero firme.


No hay resquicio ni disparidad en ningún aspecto (y ya acabo).


El objetivo de la Hermandad es el declarado en las palabras de nuestro Rey. Y ese objetivo encomiable, noble y elevado es el del que hacen gala tres personas (D. Marcial Marín, D. Francisco Grau y D. Antonio Galván) que por su labor, dedicación, lealtad y esfuerzo en aras de la Monarquía y de nuestra corona han sido merecedores de la GRAN CRUZ de la Orden de la Lealtad Monárquica.


Mi más sincera enhorabuena a todos ellos.


Muchas gracias."






















2 Comentarios

1

V.E.R.D.E.

escrito por Roser Muntada 20/sep/16    11:19
2

Emotivo y sincero. Sabias palabras.

escrito por jorge 26/jun/16    00:43

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