martes, 27 de marzo de 2018, 09:35
Elmonarquico2015
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Hablando de don Mariano, está pasando las de Caín. Se sabe el político más preparado, pero también sabe que su carrera está enfilando la recta final

​La que se avecina, II

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Aunque es muy difícil acertar en las predicciones de lo que pasará el 26J, las encuestas que cada día salen a la luz vaticinan que el PSOE será la clave para que se pueda formar Gobierno, bien con el PP o con Unidos Podemos, toda vez que la unión con Ciudadanos no dará los escaños suficientes. Así pues, los socialistas tendrán que elegir entre un partido de derecha moderada o una coalición con populistas y radicales de izquierda.


Efectivamente, el PSOE se encontrará con una gran dilema y, desde luego, ninguna solución parece muy beneficiosa para sus intereses, sino más bien muy, pero que muy peligrosa para la propia supervivencia del partido.


Veamos, si el PSOE pactara abstenerse en la investidura de un candidato pepero, en beneficio de un Gobierno en minoría de PP-Ciudadanos, tendría que hilar muy fino para que Unidos Podemos no le dejara en fuera de juego. Es decir, debería apretar las clavijas al PP, sobre todo, en asuntos laborales y sociales, con objeto de no perder más votantes de izquierda moderada, que piden reivindicaciones del tipo reforma laboral, salario mínimo, derogar el copago, sanidad universal… Como es lógico, Mariano Rajoy ya no estaría para verlo, porque, además de que nadie le quiere, D. Mariano no puede derogar las reformas que ha llevado a cabo en sus cuatro años al frente del Ejecutivo.


Hablando de don Mariano, está pasando las de Caín. Se sabe el político más preparado, pero también sabe que su carrera está enfilando la recta final. El PP le obliga a que continúe como candidato, cuando el veterano político ya no tiene ganas de hacerlo. El PP le obliga a continuar en la brecha, porque las encuestas le dan como el partido más votado y, además, al alza, según los sondeos aumenta los escaños. Como es lógico y más en un partido conservador, si las perspectivas son igual o más favorables que en el 20D, los cambios no tienen mucho sentido. Otra cosa es que en España todo el mundo sepa que Mariano Rajoy no será el próximo presidente del Gobierno. Bien, pero en el PP piensan que hasta que no sea imprescindible no hay por qué cambiar de candidato. Mariano Rajoy garantiza que el PP será el partido más votado con una clara diferencia sobre todos los demás; sumemos a ello que servir en bandeja la cabeza del Sr. Rajoy será una baza importante para demostrar que el PP está dispuesto a hacer los sacrificios que hagan falta (cambiar a su líder) en pro de la gobernabilidad... y sabremos por qué a estas horas don Mariano aún no ha sido sustituido. 


Volviendo al PSOE, sigo pensando lo mismo que le escribí en una carta a Pedro Sánchez, el pasado 12 de enero, aquí mismo en El Monárquico; don Pedro debería abstenerse para que PP-Ciudadanos pudiera gobernar aplicando casi la totalidad del programa que PSOE-Ciudadanos pactaron hace unos meses. Con ello conseguiría estar siempre en candelero y, al mismo tiempo, dejar arrinconado o por lo menos restar protagonismo a Unidos Podemos. Además, con los escaños de PP, Ciudadanos y PSOE, por medio de pactos puntuales, se podrían acometer las reformas estructurales que precisan de tres cuartos del Parlamento, lo cual sería una excusa perfecta para contentar a los electores de los tres partidos.


Por otra parte, si el PSOE se decanta por formar una coalición con Unidos Podemos, tendrá que permitir que Pablo Iglesias sea el presidente, ya que el podemita encabezará el segundo partido más votado. Además, necesitarán los escaños de uno o dos partidos nacionalistas. Con todo, por si esa opción no fuera complicada, también entrarían en liza los comunistas, o sea, la izquierda radical. En fin, creo que si Pedro Sánchez se pronuncia por una coalición de tal calibre, su carrera política no habrá sido muy afortunada, pero sí muy efímera.






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