jueves, 14 de diciembre de 2017, 18:05
Elmonarquico2015
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De cómo Dios cerró las puertas de los infiernos

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JoseA.Ortega

Tras una dura jornada de trabajo salvando almas y atenuando el sufrimiento humano, Dios descansaba bajo una higuera de Garaya; a lo lejos vio trepar por el monte, cansado y maltrecho al mismísimo Demonio, que se dirigía hacia Él. De inmediato los Ángeles de la Guarda que en ese momento descansaban junto al Divino se pusieron en alerta, pero con un gesto, Dios les ordenó seguir descansando y permitió que el Rey del Mal se acercara.


Cuando el Demonio llegó a la sombra de la higuera se humilló con el rabo entre las patas ante el Padre de la Creación y recuperando el aliento propuso a Dios un trato:


- "Desde que me confiaste la labor de tentar al Ser Humano no he tenido un momento de respiro; mi trabajo es duro y, en ocasiones, poco gratificante cuando tu Divina intervención malogra mis esfuerzos; por eso he pensado que a ambos nos vendría bien un descanso.


Si te parece bien, durante ese tiempo me gustaría que me concedieras la Gracia de bajar a la Tierra hecho hombre permitiéndome experimentar durante una vida entera las sensaciones humanas. Piensa  -Buen Dios- que yo dejaría en todo ese tiempo de tentar a los Elegidos de la Creación, evitándose así las situaciones que tanto nos agotan a ambos; a mí por tentarlos constantemente y sembrar el mal, y a tí y los tuyos, Buen Dios, por tener que andar constantemente paliando el mal causado, tratando de salvar a los pobres infelices de que condenen sus Almas a las llamas eternas.


Por cierto - continuó el Demonio - del Infierno no has de preocuparte, lo tengo bien gestionado, y mi ausencia por el tiempo de una vida humana no se hará notar; además, al no trabajar yo, no se recibirán nuevas Almas... con lo que puedo bajar tranquilo siempre que me aceptes el trato."


DiosDios, desconfiado por naturaleza de las cuestiones del Diablo, meditó por un instante la propuesta y, no encontrando segundas intenciones en lo solicitado, aceptó el trato.


Y el Demonio se hizo Hombre y habitó entre nosotros... Tuvo la oportunidad de nacer en una comunidad de un país cualquiera, en una familia de cualquier clase social y, como cualquier Humano, creció, jugó, estudió, amó trabajó... y en definitiva, el Diablo vivió toda una vida entera como un Humano más tal y como había pedido al Hacedor.


Cuando el Demonio falleció, de uno de los muchos males que aquejan la Humanidad, ascendió a los Cielos y no encontró a Dios. Lo buscó por el Paraíso y por todas las estancias del Reino. Cuando al fin, lo encontró bajo una encina de Garaya, descansando junto a los Ángeles de la Guarda tras una dura jornada salvando almas y atenuando el sufrimiento humano. El Padre de los Cielos meditaba sin su habitual sonrisa de Luz.


El Demonio, sollozando se humilló ante Él y le dijo:


- "¿Me has tenido engañado Mi Señor?; en todo el tiempo que llevo contigo desde que me creaste para tentar a tus primeros Humanos en el Paraíso, me he empeñado en hacer bien mi trabajo, me he esforzado por cumplir a rajatabla mi misión como Demonio, tentando al Ser Humano y sembrando el mal porque...no se hacer otra cosa. Pero habiendo convivido como Hombre entre los hombres, he sentido maldad sin mi intervención, he vivido guerras, imprudencias, odios, maltratos, discriminaciones, fraudes,... y todo ello sin que yo, el Diablo, tuviera nada que ver... Tú mismo, mi Buen Dios, estás aquí descansando de haber continuado de paliar, sin descanso, los males de los que ellos mismos son causantes... ¿lo sabías y no me dijiste nada?.


Dime pues Dios, ¿de qué valía mi trabajo?."


Y el Buen Dios, abrazó y consoló al Demonio que lloraba como un niño al que se le rompe su juguete favorito.


Deja de llorar Belcebú, no estoy muy seguro de lo que ha pasado; -contestó el Hacedor - algo 

debió fallar allá por el Génesis y puede que el Hombre no sea tan libre como yo creía; he decidido bajar personalmente a la Tierra, hacerme Hombre y probar en la piel Humana las sensaciones de Mi Creación; a ver si detecto el fallo.


Y Dios se hizo Hombre; tuvo la oportunidad de nacer en una comunidad de un país cualquiera, en una familia de cualquier clase social y, como cualquier Humano, creció, jugó, estudió, amó trabajó...y en definitiva, el Hombre-Dios vivía una vida normal en un Ser Humano; pero cuando tenía treinta años se dió cuenta que la Naturaleza Humana era mucho más frágil de lo que Él había insuflado en su Divino Aliento. Y revelándose como Dios predicó su Propia Palabra con su ejemplo; amó incondicionalmente, curó enfermos, resucitó muertos y enseñó a poner la otra mejilla... pero aún así fue crucificado, muerto y sepultado... No obstante al tercer días resucitó y subió a las Alturas.


Y allí estaba el Demonio esperándole moviendo la cola.


Dios se acercó a él y con el semblante serio le dijo: - Dime Satanás ¿cómo se te ocurrió tentarme a mí en el desierto?.


- "No mi Buen Dios - respondió el Diablo - jamás se me hubiera ocurrido; los Ángeles de la Guarda te pueden confirmar que estuve aquí estos treinta y tres años. En todo tiempo estuviste Tú solo con tu Naturaleza Humana.


Y entonces Dios, sintiéndose culpable por la imperfección de su Creación, cerró para siempre las Puertas del Infierno...




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Autor: José A. Ortega García

ExSecretario General de la HNME.
















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