martes, 19 de septiembre de 2017, 13:46
Elmonarquico2015
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Guerras y conflictos coloniales de España en el norte de África

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Yo 1La Restauración borbónica de Alfonso XII puso de moda la cuestión marroquí poco antes que se produjera el reparto de África por parte de las potencias europeas, de esta manera España se unía a los países que giraban sus ojos hacia el continente africano con fines científicos y comerciales, las décadas de 1870 y 1880 están llenas de acontecimientos en ese sentido. En el año 1887 se funda en España la filial de la Asociación para la Exploración del África e inicia inmediatamente sus actividades hacia el sudoeste marroquí con la expedición de Joaquín Gatell y posteriormente otra hacia la región pre-sahariana.


En 1876 se crea en Madrid la Sociedad Geográfica que en el año 1883 organizaría el Congreso Español de Geografía Colonial y Mercantil, del que surgió la Sociedad Española de Africanistas y Colonialistas. En Cataluña, tras unos efímeros precedentes en el siglo XIX se crea la Sociedad de Geografía Comercial en 1909. El objetivo principal de esta corporación consistía en fomentar el comercio exterior de Cataluña.


Fueron los tiempos en los que se emprendieron expediciones a Guinea, Rio de Oro, ambas en 1884 y al Sahara, dos años después, con el fin de establecer factorías comerciales. Estas expediciones no siempre fueron bien recibidas por los indígenas y en ocasiones se produjeron asesinatos de españoles. Estos ataques motivaron que la opinión pública pidiera protección para estas instalaciones españolas. Cánovas apuntó en el Congreso: "[...] No hay factoría ni puede haberla que no empiece por estar armada [...] Yo estoy dispuesto, creyendo interpretar los sentimientos de la Cámara, y desde luego ajustándome a los propósitos elevados de Su Majestad el Rey, a redoblar la protección, si es posible, en los límites de la proyección misma". Con esta declaración Cánovas daba claramente a entender al mundo empresarial y político que el intervencionismo español sería una realidad para proteger los intereses nacionales.


El historiador español Abraham Reolid lo explica de esta manera: "[...] Ciertamente las intenciones de Cánovas eran buenas pero ni el ejército ni las instituciones estaban en condiciones para comenzar una aventura africana a gran escala [...] las palabras del político español no dejaban de ser un "brindis al sol", España había dejado de ser desde mucho tiempo atrás una potencia."


Junto a los políticos y los militares (que hicieron profundos estudios topográficos y geográficos 

de Marruecos) otras sociedades surgieron como: La Exploradora, Asociación Eúskara para la Exploración o Civilización del África Central, que hizo interesantes estudios sobre Guinea. También sería importante señalar la Asociación de Señoras de María Inmaculada, fundada por el arabista padre Lerchundi para conseguir fondos para las misiones en la zona de Marruecos y en la que ingresaron numerosas damas de la alta burguesía y aristocracia. El padre Lerchundi resultó muy útil para los intereses de España en la zona, manteniendo en todo momento contacto directo con el ministro de Estado.


El historiador Fred Coll apunta en su libro 'Colonialismo europeo': "Como en otras tantas ocasiones España entró en África de mano de la Iglesia, muy al contrario de lo que hicieron el resto de los países europeos, donde los misioneros llegaron una vez que el ejército se hubiera asentado en las tierras. España no hizo más que repetir lo que había hecho siglos antes en el continente americano..."


En este ambiente de exploraciones, como señala Bernabé López García, eminente profesor de Historia: "Joaquín Costa destacaría como una mente lúcida que marchaba a contra corriente, en lo que al tema norteafricano se refiere”. Costa, conectado con la corriente de pensamiento liberal, proponía la entrada ya en Marruecos: "La frontera natural de las naciones latinas por el Sur no es el Mediterráneo sino el Atlas y el Sahara". Pero era consciente de que esa entrada debía ser comercial, y para ello era necesario producir mucho, trabajar mucho, hacer una política muy intensiva antes de emprender la política extensiva, considerando que, todavía por mucho tiempo, la mejor de nuestras colonias será la Península." El propio Costa calificaría el aislamiento que España vivía con respecto a Marruecos como un "acto de demencia y una torpeza más insigne que la expulsión de los moriscos."


Viendo estas circunstancias a nadie debe sorprender que surgiera en España un "movimiento" de africanismo en la segunda mitad del siglo XIX. 


Este movimiento abogaba por una "penetración pacífica" basada en los intercambios comerciales, esta política impulsó nuevas expediciones por el continente africano a la que vez del nacimiento de numerosas firmas para fomentar el comercio hispano-marroquí: Compañía Comercial Hispano Africana (1885), Centros Comerciales Hispano-Marroquíes de varias ciudades etc. Estos intercambios comerciales se vieron potenciados a partir de 1909, y muy particularmente con el inicio de la Primera Guerra Mundial en el año 1914, conflicto en el que España, como veremos más adelante, se mantuvo neutral, siendo la economía española la más beneficiada de todo el conflicto bélico pues salió de su déficit permanente.


Es importante resaltar el papel de una de las empresas más importantes del colonialismo español, casi podríamos determinar que la más importante por sus aportaciones al Estado; la Compañía Trasatlántica, que ya operaba en la zona desde la guerra de África de 1859-60. En el año 1886, la compañía unía una serie de puertos, entre ellos el de Barcelona, con varios africanos, entre los cuales figuraban Tánger, Larache y Ceuta. Su dedicación a las actividades comerciales, al transporte colectivo de viajeros, a la conducción de la correspondencia oficial y a la prestación, en caso necesario, de servicios auxiliares de guerra (como el transporte de materiales y tropas) motivó que fuera subvencionada generosamente por el Estado. Los intereses de la Compañía en África fueron determinantes a la hora de la creación, en el mismo año de 1886, de la Cámara de Comercio Española en Tánger, cuyos miembros más influyentes, el vicepresidente Francisco Torras y Riera y Rodolfo Vidal, fueron representantes de firmas catalanas. Un año más tarde, la Compañía creó el Centro Comercial Español en la ciudad tangerina. Ambas instituciones contaron con varias sucursales en diferentes ciudades marroquíes, siendo uno de sus objetivos básicos el de dar a conocer la producción catalana.


Desde 1887 la Trasatlántica se asoció a la mayor parte de las iniciativas comerciales en dirección a Marruecos, incluida su participación en el Banco Hispano-Colonial. Contó con factoría y taller en la ciudad de Tánger y en 1891 creó la primera empresa tangerina de alumbrado público a través de la firma Vidal y Compañía. Cuando entró el siglo XX la compañía se hizo responsable del servicio de Cajas del Banco de España, también organizó diversas misiones comerciales, la creación de centros de enseñanza y la expansión misionera (incluso se llegó a encargar a Antoni Gaudí que planificase el edificio donde debería constituirse la sede de las misiones franciscanas en Tánger, proyecto que finalmente no llegó a realizarse), como medios para fomentar la influencia catalana, la compañía apoyó decididamente ante la corte marroquí el proyecto de construcción en Tánger de un barrio europeo, de una banca marroquí y de una fábrica textil. Igualmente, estuvo muy interesada en el desarrollo y construcción del ferrocarril, líneas Tánger-Fez y Ceuta-Tetuán, así como la colonización agrícola de la zona y, finalmente, en la construcción y aprovechamiento del puerto de la ciudad de Ceuta.


La Compañía Trasatlántica fue durante un tiempo el verdadero buque insignia de la economía 

española en Marruecos y el símbolo del poder que ella ejercía en esa zona. Su influencia fue tan decisiva que tras la construcción del puerto de Melilla y no antes, se decidió la construcción del ferrocarril hasta esa ciudad (el puerto de la ciudad de Melilla fue declarado de Interés General por Ley de 7 de mayo de 1902.)


Al mismo tiempo se trata de movilizar desde la península a cierta parte de los trabajadores hispanos para que acudan a Marruecos para trabajar o iniciar negocios. Un llamamiento rezaba de esta manera:"Lector amigo, si eres hombre con voluntad decidida, si posees algo de dinero y no tienes sólidos lazos que te aten a la península, permíteme que te aconseje la emigración a Tetuán, Arcila, Alcazarquivir, etc. Allí encontrarás riqueza si trabajas..."

  

Es imposible acometer este tema sin hacer una parada obligada en la explotación de los yacimientos mineros de Marruecos, para comenzar hay que remarcar claramente que la explotación de estos yacimientos no favoreció nada, o realmente en bien poco, el desarrollo industrial español en el área, cuando no fue, como veremos con posterioridad, una fuente de eternos problemas y de tensiones con los rifeños en la zona que los españoles controlaron. Si tuviéramos que destacar una empresa entre todas, sin duda la sería la elegida, pero aun así la citada compañía hizo bien poco en el área, apenas podemos destacar la construcción de algunos hornos de desulfuración y de unos rudimentarios lavaderos. Aunque la explotación de las minas fue rápida y ampliamente mecanizada, buena parte de la costosa maquinaria utilizada para tal efecto, por no decir toda, fue adquirida en el extranjero, cosa que propició que los beneficios para las arcas españolas no fueran tan sustanciosos como debieran y que parte del dinero conseguido tuviera, una vez más, que derivarse a otros países tecnológicamente más avanzados.


La misma historia podríamos contar cuando nos referimos al trazado de la red ferroviaria de la zona: sólo contribuyó con los poco más de 30 kilómetros de Melilla hasta San Juan de las Minas, a los que hay que sumar la línea más corta entre Nador y Zeluán. El pequeño desarrollo del ferrocarril en la zona oriental fue superado, aunque no espectacularmente, en el occidente del protectorado: la línea Tánger-Fez con 90 kilómetros, el trazado del ferrocarril Ceuta-Tetuán con 41 y la línea Larache-Alcazarquivir con 33, datos que a primera vista ya resultan ridículos para una "potencia" que pretendía establecerse en la zona para desarrollarla industrial y económicamente.


En palabras de Francisco Barber: "Los ferrocarriles del antiguo protectorado español en Marruecos vivieron un proceso similar al de las explotaciones mineras. Muchos proyectos y pocas realidades, que se concretaron en que sólo dos ferrocarriles llegaran a ser rentables, ambos de iniciativa privada: uno el proyectado por la Compañía del Norte Africano, explotado por SAM Setolazar y el otro el de la Compañía Española de Minas del Rif (Cemr)".


Desgraciadamente no podemos volver la cara a la verdad y tenemos que señalar que la actividad más importante desarrollada por España en Marruecos fue, una vez más, el comercio, ese fue el verdadero y más firme negocio del Protectorado español.Su importancia se basaba en que eran los abastecedores oficiales de los productos que el ejército colonial y el conjunto de la población civil española asentada en Marruecos necesitaban. El abastecimiento de las tropas llegaba a las cosas más variadas y extraordinarias que se nos puedan imaginar ya que nada de lo que se necesitaba se fabricaba en la zona; así que desde el vestuario de un soldado hasta el papel para las cartas con las que se escribía a los familiares, pasando por el betún para lustrar las botas de los oficiales debía traerse desde la península. Esto motivó la creación de nuevas empresas españolas -en su mayor parte empresas pequeñas y modestas-, que se dedicaban exclusivamente a conseguir contratos para abastecer al ejército, y de paso ofrecían sus servicios a los colonos hispanos que se asentaban en las ciudades de la zona.


CompaiaFerrocarril

En cuanto al comercio propiamente entendido como el de la metrópoli con su colonia -o protectorado en este caso- las relaciones comerciales no las podemos calificar de idílicas entre ambos países, y hay que reconocer que fue un intercambio desigual y aunque entre el decenio 1910-20 España invirtió en electrificación, dotación de agua y en infraestructuras portuarias, todas estas inversiones estaban destinadas a fortificar el capitalismo español en vez de dar mayor calidad de vida al pueblo marroquí. Cierto es que compañías como la de La Sociedad Española de Minas del Rif contribuyeron a modernizar territorios, normalmente cercanos a los yacimientos, pero no incidieron demasiado en la vida de la población indígena.


No se nos puede escapar que ese "marroquismo pacífico" español fue siendo sustituido, ante el robustecimiento del militarismo peninsular, por otro bien diferente, aquel que deseaba recuperar un Imperio que había perdido décadas atrás, después de la Guerra con los Estados Unidos de 1898. Poco a poco la penetración comercial se irá diluyendo y la escalada militar, partiendo de las bases hispanas de Ceuta y Melilla, será más evidente.


Abraham Reolid apunta: "Para el ejército español la zona de Marruecos nunca constituyó una posibilidad real y de carácter político de emplazar una zona de influencia comercial. Los militares tan solo buscaban el desquite a su honor mancillado tras la guerra de Cuba y Filipinas y comprendieron que África se les presentaba como la oportunidad de rehacer un imperio que había desaparecido de un plumazo. Esta era la verdadera inquietud de la casta castrense, muy lejos de lo que la ciudadanía consideraba, pues a todas luces el hombre de la calle español no estaba por aventuras coloniales por el norte de África y menos para que el ejército pudiera sacarse la espina americana.





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Autor: Esteban Cazaña Fernández

Licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona. 

Diplomado en Económicas.
Titulado en Fotografía.


1º Premio en Certamen Internacional Rey Felipe VI -Relato Corto-

















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