jueves, 23 de noviembre de 2017, 04:27
Elmonarquico2015
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España en la Florida: Vigencia del 12 de octubre

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Larra                     

Hablando en general, el espíritu de empresa de toda Europa
se concentró en una nación, España, que no era por cierto la más rica
o la más fuerte… A una nación le cupo la gloria de descubrir y explorar
la América, de cambiar las nociones geográficas del mundo y de acaparar
los conocimientos y los negocios por espacio de siglos… y esa nación fue España.

Charles F. Lumas
-Los exploradores españoles del siglo XVI, Universidad de California, 1926-

                           





Muchas personas, en Estados Unidos, España e hispanoamérica, ignoran que fueron españoles los primeros exploradores y pobladores europeos de Norteamérica, y generalmente ignoran que la primera ciudad de los Estados Unidos, San Agustín de la Florida, fue fundada por los españoles, más propiamente asturianos, que llegaron en la expedición de Pedro Menéndez de Avilés en 1565.


Otros, que conocen de forma superficial la historia, se preguntan cuál fue el resultado de la colonización y presencia de España en tierras de los Estados Unidos, descubiertas en 1513 por Juan Ponce de León y cedidas a la Unión norteamericana en virtud del tratado Adams-Onís en 1821.


En general, los que conocen San Agustín sólo piensan en un lugar turístico con algunas casas pintorescas y una fortaleza digna de verse: el Castillo de San Marcos, y piensan que la herencia española en la Florida se limita a una pequeña ciudad, algunas docenas de misiones, unos pocos miles de indios cristianizados de los que no quedó descendencia significativa, algunos fuertes de frontera, entre ellos uno defendido por negros libres, y los relatos de varios encontronazos con ingleses, algunas crónicas de piratas y corsarios, el imbatible Castillo de San Marcos… y nada más. A esto se reduce lo que saben las pocas personas que dicen conocer la presencia hispana en la Florida: una historia, manifiestan, que no tuvo impacto en el surgimiento y desarrollo de la gran nación norteamericana.


Pero la colonización española de la Florida tuvo múltiples significados.


Lo que significó para España


Para España, y al mismo tiempo para Cuba, la Provincia de la Florida era el escudo del norte, la primera y única línea de defensa terrestre del imperio, la única que tenía una frontera imprecisa, pero frontera al fin, con los vecinos de Georgia y las Carolinas, que la amenazaron por dos siglos.


También facilitó el contacto entre los españoles de Cuba y los ingleses de las Trece Colonias, para servir de puente para el comercio de Georgia y las Carolinas con La Habana y este intercambio de flujos financieros y productos alimenticios de las Trece Colonias a cambio de azúcar y mieles fabricadas en Cuba, llegó a ser decisivo para el despegue económico de la Isla desde finales del siglo XVIII, de forma que se convirtió no sólo en el Antemural de las Indias y la Llave del Golfo, porque también fue bautizada con el sobrenombre de Perla de las Antillas y de Perla Más Valiosa de la Corona de España.


Lo que significó para Cuba


Para Cuba, la estrategia global de defensa del sistema colonial español, del que eran piezas claves la Florida española en el Norte y la gran Isla en el sur, con el fin de garantizar la seguridad del Canal Viejo de Bahamas, fue asegurada mediante la creación del sistema de fortalezas de La Habana, que la convirtió en la plaza fuerte más protegida de toda América.


Tres Reyes Magos del Morro

La toma del Castillo de los Tres Santos Reyes del Morro y a continuación la de La Habana en 1762 por mayor armada británica que viajara alguna vez de Europa a América, a pesar del heroísmo de sus defensores que no pudo contrapesar la ineptitud del Capitán General Don Juan del Prado Portocarrero, determinó que una vez reincorporada la capital de Cuba al dominio español se construyeran sucesivamente el formidable Castillo de San Carlos de la Cabaña, que es la más grande edificación militar construida por España en América, al cubrir un área de 700 m de largo por 240 de ancho.


Tanto costó construir San Carlos de la Cabaña, que al llegar un informe de gastos en 1772 a manos de Su Majestad el gran rey Carlos III, éste se asomó al balcón y su mirada se perdió a lo lejos. Al verlo tan ensimismado y pensativo, le preguntaron qué sucedía y el monarca respondió:


--Es que la Cabaña me cuesta tanto que debo verla desde aquí…


Ese mismo año Carlos III promovió obras de mejora y ampliación en El Pardo, que encomendó a Francesco Sabatini, uno de los arquitectos del Palacio Real de Madrid. El costo iba a ser muy grande, y tal vez el rey se preocupaba por lo caras que resultaban las construcciones.


Tiene la forma de un polígono y está formado por baluartes, revellines, fosos, camino cubierto, cuarteles y almacenes. Su diseño responde al progreso de los sistemas defensivos durante el siglo XVIII, adaptados al desarrollo de la artillería. A partir de la construcción de la Cabaña, el Morro no podía ser atacado por tierra, como sucedió en 1762, y si alguna armada enemiga quería entrar en la bahía de La Habana, debía pasar entre los fuegos cruzados de cuatro fortalezas: el Morro y la Cabaña por el norte, y por el sur los castillos de San Salvador de la Punta y la Real Fuerza, unidos al fuego procedente de las murallas y baterías de la ciudad. Las embarcaciones que lograran pasar por el estrecho paso recibirían de frente las descargas de la artillería emplazada en el Castillo de Santo Domingo de Atarés, situado al fondo de la bahía.


Por otra parte, si intentaran un desembarco por Cojímar y Guabanacoa, en el litoral del este, recibirían el fuego del Torreón de Cojímar y las baterías de costa, por el oeste, en dirección a San Lázaro y el Monte Vedado, los cañonazos del Torreón de la Chorrera y las baterías, y por el sur, un intento de avance sería anulado por los 60 cañones emplazados en las murallas del Castillo del Príncipe de Asturias, Carlos de Borbón, el futuro rey Carlos IV de España.


En un rectángulo de 10 kilómetros cuadrados, 6 formidables Castillos y una fortaleza que montaban casi 1000 piezas de artillería de todos los calibres, aparte de 400 piezas emplazadas en las baterías de las costeras y las defensas de la ciudad.


La ciudad de San Cristóbal de La Habana no podía ser tomada(1).


Pero otras muchas cosas sucedieron en Cuba bajo la influencia y presencia de la Florida española. Entre otras, la creación de un gran mercado; el desarrollo mutuo a partir del comercio, el fomento de una riqueza increíble a partir de la producción azucarera, y más lejos en el futuro, el fomento de tres poderosas corrientes de pensamiento entre los criollos: el anexionismo, el independentismo y el autonomismo.


Las defensas de Cuba dan fe de la voluntad de España de mantener a toda costa su dominio en la Isla. Por suerte para la conformación de la nación cubana, su pertenencia a España por casi un siglo más que el resto de los dominios de americanos fue un factor de desarrollo industrial, agropecuario y económico al calor de las inversiones peninsulares y extranjeras, al mismo tiempo que un aspecto decisivo para la consolidación cultural y el surgimiento de un inmenso amor recíproco de Cuba a España, muy bien correspondido por el amor de España a Cuba, sentimiento que está por encima de las conveniencias económicas y que se mantuvo firme, por cubanos y españoles, sin que lograran disminuirlo 30 años de guerras independentistas producidas más por desenfoques políticos y administrativos que por la voluntad popular de cubanos y españoles.


Lo que significó para los Estados Unidos


¿Qué huella quedó entonces en los Estados Unidos?


Desde La Española, Puerto Rico y Cuba, en el primer cuarto del siglo XVI, salieron hombres osados que bojearon el golfo de México y las tierras continentales y por la puerta de la Florida comenzaron a adentrarse en el continente. Durante meses el explorador y capitán Juan Pardo, enviado por Menéndez de Avilés, reconoció los territorios situados al norte y al oeste de San Agustín informando sobre la tierra, los indios, los recursos naturales, los ríos… otros españoles en el litoral de la Florida, Georgia, las Carolinas, Virginia y Alabama, midieron las bahías, calcularon las mareas, registraron ríos y selvas, dibujaron mapas, situaron los bosques y los desiertos, las cadenas de montañas, las tierras fértiles y los cotos de caza, los valles y los lagos. Localizaron latitudes y longitudes y dibujaron islas, puertos, penínsulas, y golfos. Escribieron largas relaciones dando cuenta de sus hallazgos. Bautizaron la tierra y titularon sus accidentes. Buscaron metales, toparon con innumerables pueblos nuevos, con tribus indígenas en los más antiguos estratos de la civilización desde el neolítico. Aprendieron sus dialectos y comenzaron los contactos, los trueques y demás intercambios de todo tipo. Delante de los soldados y exploradores iban los misioneros franciscanos, movidos por su inagotable fervor evangélico. Comenzaron a instruir a los indios en materia de religión. Todos los que vinieron después tuvieron de su parte toda aquella obra inmensa de los primeros exploradores, soldados, oficiales reales, funcionarios, cartógrafos y misioneros. Utilizaron sus trabajos, navegaron por las rutas marcadas por los expertos marinos españoles, copiaron y usaron los mapas que ellos dibujaron, y se informaron con sus crónicas e informes.


Entrar en la Florida no era tarea fácil. Era como entrar en otro mundo. La tierra era desconocida, no había informes de clima, temperatura, tempestades, lluvias, mareas... la Florida era Terra Ignota. Sus habitantes tenían entre 6,000 y 10,000 años de retraso en comparación con el nivel de los españoles. Eran nómadas que aparecían y desaparecían, vivían al ritmo de la caza y de las estaciones, no conocían las ciudades ni el sedentarismo, sus aldeas eran recintos provisionales que abandonaban cuando se terminaban los recursos de los alrededores. Por otra parte, eran combatientes ubicuos y fieros que se reunían en muchedumbres, atacaban y desaparecían como tragados por los bosques y pantanos.


Pero los españoles establecieron fuertes y los misioneros realizaron un trabajo envidiable. En espacios inmensos donde tribus y pueblos hostiles guerrearon y se aniquilaron durante siglos, se impuso un solo gobierno y se implantó la Pax Hispana. Miles de indios fueron bautizados y convertidos al cristianismo en 124 misiones franciscanas, y hacia 1630 los frailes habían bautizado 60,000 indios conversos. Sólo en la Florida se erigieron más doctrinas y misiones que las fundadas en la Alta y Baja California (en total 51), Texas (26), Nuevo México (16) y Arizona (15) que tomadas en conjunto suman 108 centros entre misiones y doctrinas.


Pero hicieron muchas cosas más. En 1612 se imprimieron en Nueva España el Catecismo en 

Catecismo Timucuana

Lengua Castellana y Timucuana confeccionado por el franciscano fray Francisco de Pareja, así como el Diccionario de Lengua Castellana Timucuana, ese mismo año(2), que fueron los primeros libros de texto utilizados en los Estados Unidos. Quince años después, en 1627, fray Francisco llevó a la imprenta su Catecismo y examen para los que comulgan, en lengua castellana y timuquana(3). En 1588, fray Alonso Reinoso escribió el poema “La Florida” primera expresión poética en tierras de lo que hoy son los Estados Unidos y de toda Norteamérica, y en 1605 se imprimió en Lisboa “La Florida del Inca” escrita por el Inca Garcilaso de la Vega… la obras de Reinoso y del Inca se escribieron 32 y 15 años antes, respectivamente, de que llegaran a Norteamérica los Pilgrims en el Mayflower.


La Florida comenzó a dar un gran salto adelante. Uno de los más importantes elementos de ese salto fue el empleo del español como único lenguaje en un inmenso territorio de más de 300 mil kilómetros cuadrados en esa época. Con el español vinieron las leyes que normaban la vida del cuerpo, plasmadas en ese monumento jurídico que es la Recopilación de Leyes de los Reinos de Indias y la religión que proclamaba un nuevo y único pacto con Dios en toda la extensión de la Florida y del imperio. En espacios inmensos donde tribus y pueblos hostiles guerrearon y se aniquilaron durante siglos, se impuso un solo gobierno y se implantó la Pax Hispana. La vida de los indígenas dio un salto de al menos 3,000 años en el camino hacia la época moderna.


Como sucedía en todos los pueblos indios sometidos a España, en la Florida los indios conversos comenzaron a conocer la imprenta moderna a través de los libros impresos en México, y tanto en San Agustín como en los fuertes y misiones se comenzó a utilizar el calendario gregoriano, la brújula, el sextante, el cuadrante, el astrolabio, la ballestilla, las cartas de marear, los mapas y portulanos, la navegación a vela, el reloj, la arquitectura traducida en fortalezas, casas, iglesias y castillos, puertos, muelles, almacenes, arsenales, conventos, las técnicas de construcción de barcos, los astilleros, el uso de jardines… tampoco se conocían en la Florida las especies de ganado tan familiares en Europa y Asia. Los españoles trajeron con ellos caballos, cerdos, vacas, gallinas, ovejas y cabras. Entre las plantas más útiles, el trigo, el arroz, la vid, las almendras, ajos y cebollas, las frutas secas como conserva, el limón, la caña de azúcar y el azúcar, las leguminosas como judías, habas, garbanzos, lentejas y guisantes. También dieron a conocer el uso de la rueda, ignorado en el Nuevo Mundo, los objetos de hierro, la metalurgia de Toledo, las armas blancas y de fuego, la pólvora y la cerámica de Valencia en sus diversas manifestaciones. Los misioneros enseñaron a los indios el uso de prendas de ropa, telas de seda y de lana, porcelanas, marfiles, la lectura y la escritura, la aritmética y la gramática, la medicina europea, la botánica, la geografía...


Los oficios llegaron con los españoles. Pintores, carpinteros, maestros de obras, escultores, imagineros, cantantes, maestros, sacerdotes, oficiales reales, escribanos, contadores, médicos, cirujanos, abogados, jueces, administradores, canteros, agricultores, poetas, ganaderos, tejedores, fundidores, armeros, ceramistas, marineros...


En 1566 nació en San Agustín de la Florida Agustín de Argüelles, el primer hijo de europeos, que como es natural eran españoles, nacido en Norteamérica. Era hijo del Alcalde Mayor de la ciudad de San Agustín, primera de Norteamérica, donde funcionaban, todos en calidad de primeros, el Ayuntamiento, el hospital, la Iglesia, el convento, el fuerte, los muelles, las casas, los hábitos alimentarios, la civilización europea que daba sus primeros pasos, la religión cristiana… eran sus padres Don Agustín de Argüelles y Doña Leonor Morales(4)


En el Fuerte Mosé o Gracia Real de Santa Teresa de Mosé, mucho tiempo después, en 1738, surgió el primer establecimiento de negros libres en los Estados Unidos. Los esclavos negros de Georgia y las Carolinas escapaban a la Florida en busca de la posible libertad que brindaban los españoles y que les negaban sus amos ingleses…


Libros, leyes, religión, derechos humanos, educación, comienzos de la cultura urbana… el adjetivo primero, o primera, califica todas las realizaciones españolas en la Florida y en Norteamérica: hospital, iglesia, escuela, convento, ayuntamiento, eucaristía, fortaleza, libro, misión, catecismo, agricultura, ganadería, seminario, sacerdotes, leyes, cabildos, justicia, derechos, deberes, tradición, cultura, geografía, mapas, leyendas, relatos, crónicas, historia, informes, poesía.


Con la Guerra de Independencia de los Estados Unidos se hizo patente la ayuda española y cubana, indispensable para el nacimiento de esta gran nación.


España en la independencia de los Estados Unidos


Pasaron muchos años. A fines del siglo XVIII, parte del territorio actual de los Estados Unidos estaba habitado por colonos descendientes de ingleses que entraron en conflicto con la metrópolis y se levantaron en armas para lograr la independencia.


Los españoles de la Florida y los habitantes de Cuba, México y Puerto Rico, que entonces se consideraban también españoles, acudieron al llamado de Su Majestad Carlos III de España con el propósito de ayudar a los norteamericanos que luchaban por la independencia, dirigidos por George Washington.


En tierras de las Trece Colonias norteamericanas había casas comerciales de cubanos, mexicanos y españoles que realizaban grandes negocios en los Estados Unidos. El hispano cubano Juan Miralles y el cubano Eligio de la Puente formaron una red de agentes, un verdadero servicio secreto por el cual las tropas de Washington conocían los movimientos de los generales ingleses, sus armas y abastecimientos, daban fe de la solidez de las alianzas con las tribus indias, conocían las necesidades del Ejército Continental y las trasmitían a Cuba, España y México desde donde llegaban a Washington mosquetes, tiendas de campaña, pólvora, municiones, uniformes, comida, dinero, bayonetas...


"Su Majestad el Rey de España Carlos III entró en guerra contra Jorge III de Inglaterra el 16 de junio de 1779, dispuesto a ayudar económica y militarmente a los independentistas norteamericanos de las trece colonias. Antes de la declaración de guerra España ya ayudaba a los norteamericanos secretamente. En 1777 Benjamín Franklin, el representante americano en Francia, pidió la ayuda secreta de España a las colonias, de la que obtuvo 215 cañones de bronce; 4.000 tiendas; 13.000 granadas; 30.000 mosquetes, bayonetas, y uniformes; más de 50.000 balas de mosquete y 300.000 libras de pólvora. Franklin agradeció por carta al Conde de Aranda toda esta ayuda, de la que posteriormente recibió 12.000 mosquetes más enviados a Boston desde España. Además España dio casi dos millones de libras a los insurrectos".


Las naves del comodoro norteamericano Alexander Gullon eran reparadas y artilladas en el Real Astillero de La Habana, a cuenta de las cajas de la Isla y de España.


El gobernador de Luisiana, Bernardo de Gálvez, y su poderoso hermano, José de Gálvez, estaban al tanto de victorias, derrotas, estrategias y decisiones. 


Bernardo de Galvez

Bernardo de Gálvez trazó un plan estratégico genial, que constaba de varios aspectos:


Tomar el delta del Mississippi, para que los ingleses no pudieran moverse por el río y llevar refuerzos a sus tropas encerradas en el campo atrincherado de Yorktown; controlar el Mar de las Antillas, tomando las bases de abastecimiento y suministros que utilizaba la poderosa marina británica; conquistar Pensacola y los puestos fortificados de los ingleses en el delta del Mississippi y tierra adentro hacia el norte, a lo largo del río; fortalecer al Ejército Continental de Washington para facilitar su victoria.


Para Bernardo de Gálvez, acción y decisión formaban parte de una misma fórmula. En una serie de acciones relampagueantes venció a los ingleses en Manchac, Panmure de Natchez, los puertos Thompson y Smith, Baton Rouge, Fort Charlotte y Mobila, tomó sus fuertes, y los desalojó completamente, al tiempo que aseguraba los pactos de alianza con las tribus indias de la zona hostiles a los británicos.


Una vez tomado el delta del Mississippi y los fuertes, los ingleses de Yorktown no podían recibir refuerzos y tampoco atacar a Washington por la retaguardia.


Ahora había que tomar Pensacola, donde los ingleses mantenían una poderosa guarnición protegida por fortificaciones. Gálvez se reunió en La Habana con refuerzos llegados de España, los completó con tropas cubanas y con parte de sus veteranos. Una primera expedición fracasó, pero en poco tiempo estuvo lista la segunda. En ella embarcó el Regimiento de Fijos de La Habana, el batallón de pardos y morenos, y algunas tropas auxiliares junto con los regulares españoles.


La toma de Pensacola se realizó en dos meses, desde el 9 de abril al 10 de mayo de 1781. Los británicos tuvieron unas 500 bajas, y los hispano cubanos, alrededor de 200:


"El comandante británico, el general John Campbell y el Almirante Chester que era el Capitán General y Gobernador de West Florida, se entregaron junto con sus 1.113 hombres y todas sus banderas, artillería, pertrechos (123 cañones, 4 morteros y 6 obuses, además de balas, fusiles y demás material bélico) y la ciudad intacta gracias a un acuerdo previo entre los españoles y británicos para no llevar el combate a la ciudad. También se entregaron más de 300 norteamericanos de Georgia que apoyaban a las fuerzas británicas"(5).


Durante las operaciones fueron capturados cinco buques de guerra ingleses que trataron de apoyar a los defensores británicos de los fuertes.


Los franceses apoyaron la toma de Pensacola con ocho navíos de guerra y 725 hombres. El 19 de abril llegaron de La Habana 1,600 hombres de refuerzo al mando del Mariscal de Campo Juan Manuel Cagigal y Monserrate, nacido en Cuba. Después de la rendición de la ciudad, Gálvez dio a la flotilla francesa unos 100.000 pesos, cuando se aprovisionaban para partir. Esas naves francesas iban a participar en el bloqueo de Yorktown, donde la Armada española apoyaba eficazmente a la francesa, el 19 de octubre de 1781 el general británico Cornwallis se rendiría con todo su ejército y su flota.


Como es natural, la toma de Pensacola puso en control de los españoles el litoral del golfo de México y privó a los ingleses de su base más poderosa, a partir de la cual podían lanzar ataques a las tropas de Washington desde el sur.


Sólo quedaba la base naval de Nassau, en las Bahamas, en poder de los ingleses. Pero una fuerza procedente de La Habana, al mando del Mariscal Cagigal, formada por 2,000 hombres de los regimientos habaneros, preparó la escuadra, entró en el archipiélago y el 7 de mayo de 1782 se apoderó de la capital inglesa, Nassau. Los ingleses, tratando de compensar las victorias de Gálvez y Cagigal, lanzaron la escuadra del almirante Rodney contra La Habana, pero las tropas y los destacamentos de milicias, dirigidos por Cagigal, frustraron los intentos de desembarco.


Pero hubo, además, otras ayudas decisivas. A mediados del año 1781, y en vísperas de la batalla de Yorktown, el general Washington y su ejército de rebeldes, se encontraban en condiciones deplorables; las arcas que financiaban la guerra estaban vacías, los agricultores rehusaban suministrar más comestibles por falta de pago y lo mismo ocurría con los armamentos y la pólvora, mientras que a los marinos de la flota del Almirante De Grasse y a la infantería del General Rochambeau (franceses aliados a la causa de los rebeldes), no había dinero con qué pagarles tampoco. De Grasse, después de fracasar en sus gestiones para recoger dinero en Saint Domingue (hoy Haití), donde era dueño de plantaciones, fue a Cuba donde los comerciantes de La Habana y otros criollos reunieron y donaron 1'200,000 libras tornesas (una moneda de plata acuñada en la ciudad francesa de Tours, que se aceptaba internacionalmente), equivalentes a 300 millones de dólares de hoy...


El 3 de septiembre de 1783 terminó la Guerra de Independencia con la firma del Tratado de Versalles entre Estados Unidos e Inglaterra.


El 4 de julio de 2012 se celebra el 235 aniversario de la independencia de los Estados Unidos. Como es natural, ese día se recuerda con veneración a los hombres que llevaron adelante la heroica lucha por la libertad. Los nombres de Benjamin Franklin, George Washington, John Adams, Thomas Jefferson, John Jay, James Madison, Thomas Paine y Alexander Hamilton, están vinculados eternamente a ese día, igual que los que firmaron la Declaración de Independencia. Y también vienen a la memoria el Marqués de Lafayette, Rochambeau, Tuffin, de Grasse, el héroe polaco Tadeusz Kościuszko y el general prusiano von Steuben van a ser recordados por sus aportes a la independencia.


Hay otros nombres, sin embargo, que no van a ser mencionados o sólo se citarán de soslayo. Se trata de Bernardo de Gálvez, su hermano el ministro José de Gálvez, el Mariscal de Campo Juan Manuel Cagigal, nacido en Santiago de Cuba, o Francisco de Saavedra, soporte financiero de la independencia norteamericana... es una pena que no se hable del hispano cubano Juan Miralles, amigo personal de Washington, en cuya casa murió atendido por el médico personal del Padre Fundador, que colaboró de muchas formas con la independencia americana.


La lista sería interminable si agregáramos los nombres de los españoles, cubanos, puertorriqueños, blancos y negros, que cayeron en los combates del delta del Mississippi, en la toma de Pensacola o en la batalla por las Bahamas.


Y tal vez ¿por qué no? se debería recordar a los intrépidos exploradores, los que pasearon por primera vez la mirada por las extensas tierras, las reconocieron, examinaron, estudiaron y nombraron, a los misioneros que trajeron la Palabra de Dios, a los que plantaron las primeras cruces y levantaron ciudades y pueblos, trajeron libros y leyes, conceptos y pensamientos, humanismo y filosofía.


Ellos fueron también Padres Fundadores, y el Día de la Declaración de Independencia merece que se les recuerde y con ellos a todos los que con sus cuerpos y sus almas participaron para forjar la grandeza de los Estados Unidos, esta tierra de hombres libres, para que no sean los grandes ausentes en la fecha hermosa del 4 de julio.(6)


Algo más que agregar


Y mientras todo esto sucedía en el inmenso territorio de la Florida, allá muy lejos, en el oeste situado a miles de kilómetros de distancia, misioneros, colonos y soldados iban echando las mismas bases en los territorios que hoy ocupan los estados de Texas, Nuevo México, Arizona, Colorado, Arkansas, California, Luisiana, Alabama, Mississippi, Tennessee… los franciscanos llegaron a tierras de Oregón, las sobrepasaron, descubrieron la isla de Nootka más allá de Vancouver, cerca de la actual costa del Canadá que mira al Pacífico.


Se trata de un esfuerzo colosal, más que humano, realizado con inmenso amor, con infinita paciencia por una nación que no era de las más pobladas de Europa, una nación cuyos hijos llegaron a las fronteras más lejanas para llevar en alas de la historia, y no de leyendas negras o blancas, la fe en la Resurrección, la tradición occidental, el pensamiento cristiano y las primeras nociones sobre los derechos humanos, la justicia y la igualdad entre los hombres… y no es posible olvidar que todo esto ocurrió porque en 1513. Hace ya 500 años, un hombre intrépido, Don Juan Ponce de León, zarpó de Puerto Rico en una nao cargada de sueños y al descubrir la tierra de la Florida, abrió las puertas de Norteamérica para que un día existieran los Estados Unidos.



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Leyenda:


(1).- Larrúa Guedes, Salvador. Las defensas de La Habana y la estrategia global de España para el Nuevo Mundo. Trabajo monográfico, Miami, 2009


(2).- Fray Francisco de Pareja, Religioso de la Orden del seraphico Padre san Francisco, Guardián del Convento de la purísima Concepcion de Ntra. Señora de san Agustín, y Padre de la Custodia de santa Elena de la Florida. En México. En la Imprenta de la Vda. de Pedro Balli por C. Adriano César, MDCXII.


(3).- Fray Francisco de Pareja de la Orden del Seraphico Padre san Francisco. En México, Imprenta de Juan Ruiz en 1627.


(4).- Larrúa-Guedes, Salvador. Agustín de Argüelles, hijo de españoles, primer descendiente de europeos nacido en tierra de Estados Unidos. Artículo. Centro de Estudios de la Florida Colonial, Miami, Florida, 2013.


(5).- Larrúa Guedes, Salvador. La ayuda de España y Cuba a la independencia de los Estados Unidos. Herencia Cultural Cubana, Miami, 2008.


(6).- Larrúa Guedes, Salvador. Artículo. Los grandes ausentes del 4 de Julio. Revista Ideal No. 382, Miami, 2012



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Autor: Dr. Salvador Larrúa.Guedes

Académico Correspondiente en Estados Unidos de la Real Academia Hispanoamericana de Ciencias, Artes y Letras.

Secretario de la Academia de la Historia de Cuba.









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