jueves, 19 de julio de 2018, 17:06
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Psicología/Trastornos

Cuando el cuerpo habla

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José García Peñalver

Hace apenas un siglo que la dicotomía cuerpo-mente quedó resuelta. Hoy en día, la relación mutua entra ambas, es una evidencia. Si bien es cierto que la intención de articular dicha dupla formó parte del pensamiento humano desde las civilizaciones más antiguas, no será hasta finales del siglo XIX que, a través de la medicina, quedará instituida como parte del saber científico. Y lo será, partiendo de la patología de moda del momento: la histeria. Aunque para ello fuera necesario “arrancarle”, en arduos debates, su “matriz” etimológica; en tanto en cuanto, hystera deriva del griego y significa útero. De las consecuencias de este salto cualitativo en la Historia del Conocimiento, aparecerá el mundo “psi”: psicoanálisis, psicología, psiquiatría.


La histeria, actualmente, dentro de la teoría psicoanalítica, forma parte de una estructura 

Histeria

clínica denominada neurosis. ¿Y qué entendemos por neurosis?. Pues, echando mano de una definición clásica, diremos que se trata de una afección psicógena cuyos síntomas vienen a ser la expresión simbólica de un conflicto psíquico; conflicto psíquico que tiene su origen en la historia infantil del sujeto. Síntomas que, como hemos visto al hablar del sentido de los mismos, en el escrito anterior, constituyen, a su vez, un compromiso; un “pacto” entre dos tendencias opuestas: el deseo y la defensa. Las otras dos posiciones clínicas de la estructura neurótica son la neurosis obsesiva y las fobias, de las que trataré en otra ocasión. ¿Qué ocurre en la histeria?. La histeria surge con motivo de la aparición de una situación anímicamente “incómoda”; de una posición de conflicto, entre el Yo (digamos, la parte consciente del sujeto), y una representación intolerable de índole sexual. Una vez que aparece dicho conflicto psíquico, se producirá una separación del afecto enlazado a esa representación molesta (pensamientos, ideas, etc.). Y, a partir de ahí, la cantidad de energía psíquica acumulada en dicho afecto se descargará a través del cuerpo mediante un mecanismo particular de formación de síntomas denominado conversión. Éste término lo introdujo Freud en psicopatología para referirse a semejante “salto de lo psíquico a la inervación somática”. Somatizamos, entonces, cuando nos “expresamos” a través del cuerpo, cuando el organismo es utilizado para una función de comunicación que le corresponde a la palabra.









        
        Los síntomas de la neurosis 
        vienen a ser la expresión
        simbólica de un conflicto
        psíquico, que tiene su origen
        en la historia infantil del sujeto   
 
    
En los síntomas histéricos hay simbolización en lo biológico del sujeto. Por así decirlo, las palabras están atrapadas en la fisiología. Es decir, tal conflicto neurótico es, simbólicamente desplazado al cuerpo en forma de parálisis, cegueras, contracturas, jaquecas, vómitos, inapetencias, anestesias, dolores diversos, impotencia, vaginismo, etc. Sí, un largo etcétera de trastornos funcionales que en forma de síntomas gastrointestinales, cardiovasculares, epidérmicos, respiratorios o genitales, por mencionar algunas áreas, pueden afectar prácticamente a la totalidad de órganos y sistemas corporales. Y es que, en definitiva, lo manifiesto, la puesta en escena: los síntomas histéricos , en este caso, tienen la suficiente plasticidad para poder ir variando según el momento histórico; es decir, se adaptan al tiempo. Por tal motivo, los síntomas histéricos correspondientes al cuadro clínico del gran ataque histérico del gran neurólogo Charcot (desmayos, espasmos, parálisis o gritos sobrecogedores) a penas si se dan ya. Sin embargo, la estructura que los determina continúa vigente. ¿Se entiende, quizás, ahora mejor, por qué síntoma no es sinónimo de enfermedad?. “El neurótico se refugia en la enfermedad para escapar a un conflicto (...), pero al lado de tales ventajas existen también graves daños. Resulta así, que el yo realiza un mal negocio dejándose asumir en la neurosis, pues paga demasiado cara la atenuación del conflicto y no consigue sino cambiar los sufrimientos que el mismo se inflingía por las sensaciones de dolor inherentes a los síntomas, sensaciones que traen consigo una mayor magnitud de displacer” (Freud- Teoría General de las Neurosis).



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Autor: José García Peñalver

Psicólogo-Psicoanalista






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