jueves, 14 de diciembre de 2017, 18:08
Elmonarquico2015
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Dada la actual situación política

Nombres propios ante la que se avecina

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S. M. Felipe VI

Felipe VI:  El Rey tiene muchísimo trabajo, un importantísimo papel que vertebrar en unos tiempos históricos. Imaginemos una competición de altísimo nivel, deportiva, muy deportiva, claro está. En su labor de árbitro, Su Majestad el Rey Felipe VI, también debe conseguir una gran imparcialidad, si bien, tiene que ser el vigía de las reglas. Es decir, el Rey no puede imponer sanciones, pero puede y debe señalar cuándo y dónde los actores se han saltado el reglamento, aun puede enseñarles tarjeta roja. Es el caso del no recibimiento a la presidenta del Parlament. Si en el Parlament catalán, los actores están infringiendo las normas y, además, de una manera descarada, el árbitro de la competición tiene que avisar del siempre lamentable hecho.


No hay duda, Su Majestad está ejerciendo. El árbitro, en esta liga tan importante para el futuro de todos, actores y espectadores, está demostrando una calidad incuestionable. Ya en Navidad avisó de cómo debía jugarse la competición. Veremos si los actores están a la altura del árbitro y del propio evento.


Mariano Rajoy:  Está demostrando que, además del más votado, es el político mejor preparado 

Mariano Rajoy

para liderar el próximo Ejecutivo. Sabe que los pactos son necesarios y está dispuesto a cambiar lo que haga falta, en beneficio de la inmensa mayoría de españoles. Don Mariano quiere un pacto entre los partidos constitucionalistas y lo pregona a los cuatro vientos. Dado que ese pacto beneficiaría a la inmensa mayoría de españoles, sobre todo, por las reformas de gran calado a las que el Gobierno resultante estaría obligado, es muy factible que acabe siendo una realidad. De entrada, don Mariano ha permitido graciosa y elegantemente que un socialista presida el Congreso. ¿Preludio de la relación entre los partidos constitucionalistas? Sería muy deseable, pero ya veremos…


Pedro Sánchez

Pedro Sánchez: No sé si está jugando bien sus cartas; parece actuar por impulsos, ofuscado en conseguir la presidencia del Gobierno. Tiene en contra a sus propios compañeros, que aprovechan la más mínima oportunidad para “calentarle” el liderazgo. Ahora bien, como es preceptivo en un político progresista, está intentando vertebrar un pacto con partidos de izquierda. Lo ha intentado con Podemos, pero va a ser que no, porque los intereses de don Pedro están enfrentados a los de don Pablo; al podemita le convienen nuevas elecciones y, además, no puede desistir del referédum catalán, puesto que si lo hiciera su coalición se desintegraría; por el contrario, al socialista no le convienen en absoluto nuevos comicios, ya que el PSOE tendría tiempo de celebrar su congreso y, con bastante probabilidad, don Pedro no sería reelegido o por lo menos sería muy discutido como candidato a La Moncloa.


Por otra parte, la aritmética, tan tozuda ella, asegura que no es posible un pacto de izquierdas, además, el Sr. Sánchez no está ciego, a cada día que pasa debe convencerse más de que, en estos precisos tiempos, unir la izquierda sería un auténtico desaguisado, no beneficioso para lograr soluciones a los problemas candentes, amén de que no podría conseguir reformas estructurales de gran calado social, algo preceptivo para un PSOE en horas muy bajas. Como quiera que el PSOE es un partido constitucionalista, al que la última opción que le conviene es ir a unas nuevas elecciones, puesto que, antes de ellas, debe necesariamente recuperar la ilusión de su electorado, a don Pedro se le presenta una oportunidad de oro y no es otra que lograr un gran pacto con el PP y C’s


Lo que no se entiende, ni siquiera lo entienden sus compañeros de partido, es que don Pedro haya sido el benefactor de que los partidos separatistas tengan grupo en el Senado. ¿Cortesía parlamentaria? Puede ser, pero, aunque lo fuera, no parece muy apropiado mostrarse cortés con quienes actúan al margen de la Ley. Así pues, el Sr. Sánchez se encuentra en un farragoso dilema, o permite la investidura del Sr. Rajoy, con lo cual podría conseguir posicionarse favorablemente entre los votantes del PSOE, o su futuro político se presentará muy negro.


Pablo Iglesias: Está en su salsa. Lía la madeja mientras sale en los papeles, si puede ser en 

Pablo Iglesias

portada, mejor que mejor, aunque sea a costa de ser absurdamente estrafalario, más que nada, porque no tiene nada que perder. O consigue pactar con un PSOE totalmente entregado a la causa podemita, o, de lo contrario, lo que más le conviene es ir a unas nuevas elecciones.


Por otro lado, utilizando un símil pugilístico, el Sr. Iglesias es un contrincante muy efectivo en la corta distancia, sabe sacar un discurso muy explosivo que, a menudo, hace mella en el mentón del adversario, sobre todo, si lo coge con la guardia baja; sin embargo, en la larga distancia, don Pablo pierde fuelle, merced a que su mensaje carece del fondo suficiente, es decir, se trata de una filosofía con significante vacío, que quiere lograr candidaturas y/o movimientos, en lugar de establecer alianzas, tal es la preceptiva que emana de su maestro, el teórico Ernesto Laclau.


A todo esto, don Pablo, un auténtico poder mediático, muy inteligente y muy preparado, se ha dado cuenta de que su estrategia está en tiempo y lugar equivocados. Ahora en España es tiempo de pactar. Así que, ¿cómo pactar una revolución, democrática, por supuesto, con unos partidos que buscan precisamente la estabilidad? Contradicción al canto. Además, don Pablo sabe perfectamente que para lograr una cuota de poder generosa y estable, que le permita llevar a cabo verdaderas reformas estructurales, el camino es darle forma y fondo a su mensaje, ambos muy desaliñados. O, lo que es lo mismo, convencer a la clase media española de que, realmente, tiene algo tangible que ofrecer, más allá de su desaliño revolucionario. Y, claro, ahí se le presenta otra gran contradicción.


Albert Rivera

Albert Rivera: Buen chico don Albert, y, lo más importante, cumple con las expectativas; está demostrando un buen talante. En su papel; se ofrece, favorece pactos, busca acercamientos, trata de parecer un estadista a la altura de las circunstancias. Le auguro un buen porvenir, si bien, debe foguearse y procurando conservar su aureola de político centrado y centrista, tipo D. Adolfo Suárez. Es valiente, a veces casi temerario, producto de su falta de experiencia, como cuando se atrevió a debatir en la Sexta, a cuatro bandas, de pie y sin guion prefijado. Eso le costó perder muchos votantes, así que, esperemos que haya aprendido la lección. A quién se le ocurre acudir precisamente a la Sexta, precisamente frente a D. Pablo Iglesias, precisamente sin guion y precisamente de pie, sin atril; es obvio que sus contrincantes conocen a la perfección los puntos débiles de don Albert. 


Ahora bien, tarjeta roja para su asesor de campaña, porque cuando un candidato va en cabeza, nunca debe exponerse gratuitamente a perder el liderato. Y también tarjeta roja para el asesor de imagen, puesto que don Albert Rivera siempre sale a escena enfundado en un traje que le viene pequeño y nunca sabe qué hacer con las manos. Solución: que se haga los trajes a medida y que practique mucho el movimiento y la quietud de los gestos de todo el cuerpo y, sobre todo, de brazos y manos. Por ejemplo, al mover tanto los brazos, deja al descubierto que hace mucho bíceps y que se compra los trajes en un supermercado.



Rafel Calle

Director de El Monárquico











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