domingo, 22 de octubre de 2017, 17:42
Elmonarquico2015
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MercuroCromo (el color del infinito)

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Este poema de Blanca Sandino, cofundadora de la revista Alaire, está considerado una de las mejores obras de la historia de la poesía digital y, en su día, el jurado de la Editorial Alaire lo calificó con un 9’90 sobre 10. Blanca escribió este poema, cuatro días antes de fallecer, cuando ya era consciente de lo irreversible de su partida, a los 63 años, en Cádiz, el 23 de mayo de 2009. La obra de Blanca Sandino está publicada en su totalidad y por el momento en exclusiva, en los foros de la revista Alaire.


- Rafel Calle -






                                      BlancaSandinoyRafelCalleenlapresentacindeunaantologaenlaqueambosparticiparon.
Blanca Sandino y Rafel Calle en la presentación
de 
una antología en la que participaron.




MercuroCromo (el color del infinito)

---------------------------------------------------Dedicado  


I  

Como una herida mal cicatrizada vives en mí.  

Como una herida mal cicatrizada.  

Como una herida.  

MercuroCromo (el color del infinito)  


II  

Me preguntaste cuál era el problema  y me detuve. 

¿Cómo podía explicar que había doblado  el paisaje 

como una hoja de papel, 

y que desteñido por la lluvia  

se había convertido en un borrón 

lleno de mariposas muertas? Te sentirías culpable. 


III  

Tu ausencia curva mis brazos  

como el silencioso azul de Marzo 

como mis criaturas del rocío  

como mis pasos en la niebla 

como mis pasos niños  

como tus pasos cuando te alejas. 


IV  

En alguna parte de ese círculo que soy  

y recorre mi sangre (a veces con desgana)  

se ocultan presagios oscuros como el carbón de hulla.  

Trémolos y, cuando me pronuncias,  

-trémolo-  

carbón al rojo vivo.


  V  

Cierro los ojos al roce (tierno desamparo)  

de tu recuerdo en mi alma. Él apaga, estoy segura, 

los ecos de tu voz cuando me duermo.  

Gris, pienso, gris. Juan Gris, para inmortalizar  

este momento, y siento mi alma volviéndose pincel.  

Pincel enseñado por tus manos 

para pintar infinitos azulmente infinitos.  

Mis Infinitos,  

mis azulmente infinitos.  


VI  

¿Sabes?, en algún lugar entre el cielo y la tierra  

nuestras almas continúan conversaciones interrumpidas.  

¿Qué es la distancia  

sino una palabra?  


VII  

Las aceras, bajo las casas, se sueñan paseadas:  

suéñate alma mía, suéñate.  


VIII  

Lo sé, me lo has dicho con frecuencia: no cambio. 

Dices que nunca dejaré de ser una niña 

agarrada a sus juegues, a sus nimiedades.  

Por eso sigo guardando en mis bolsillos 

objetos sin valor: arena, cristales de colores, conchas, 

palabras cuyos significados desconozco,  

y también un «tequiero» para cuando se te pase el enfado;  

no puedo darte la razón en todo:  

no es una nimiedad, te lo aseguro, sentirse viva.  

Sentirse viva entre tus brazos. 


IX  

Cuando los párpados caen sobre los ojos  

descorren aquel tiempo en que nada era  

y el hombre, como un dios,  

recrea la luz en medio de su sueño.  

Se hace la luz.  

Algo me dice que debería cambiar las dudas por certezas.  


X  

La venda se me antoja paisaje nevado.  

Sobre él hay una lucha encarnizada.  

Finalmente el sol lo tiñe de rojo. 

No, no es mágica mi sangre. ¿O sí? 


XI 

Aparta de mí, me digo, me recuerdas a Judas:  

siempre mojando tu pan en mi plato  

para después traicionarme cuando escribo.  

Intuición.  


XII  

Darme la vuelta a mi mundo  

por recalar en aquellos mis puertos preferidos.  

De la noche, a la marea baja, 

al alba de mí en ti,  

sólo un paso: atracar. «Atracar de puntas y con muerto».  


XIII 

La imagen se difumina 

deja de ser exactamente tú.  

Entonces me arropo con mi única certeza:  

tu voz sobre las otras. 

Cenit.  


XIV  

¿No existe inubicado? Pues así es como me siento 

vestida con mi desganada piel  

de hacer lo acostumbrado. 


XV 

Ya sé por qué escribo. 

Si no existieses,  

te crearía, 

y tú serías mi protagonista principal.  


XVI

Sobre un mundo en cenizas, amor,  

me enseñaron tus ojos a

elevarme hasta el conjuro del ser y la palabra. 

MercuroCromo (el color del infinito). 


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Autora: Blanca Sandino

Poeta










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