lunes, 27 de mayo de 2019, 07:57
Elmonarquico2015
Elmonarquico2015

La Monarquía Parlamentaria en el futuro de España

|


Los tiempos en que vivimos, marcados por el horizonte inmediato de la consulta electoral del 20 de diciembre, aparecen llenos de propuestas y alternativas. Se habla de un tiempo nuevo, de reformar la Carta Magna, de replantearse la realidad territorial de España, de la propia forma de estado.


Todo ello entra dentro de las propuestas y aspiraciones legítimas que en democracia los ciudadanos podemos plantearnos.


Sin embargo, algunas voces, minoritarias, se alzan reclamando el fin de la monarquía y la instauración de un régimen republicano, como si el cambio de forma de estado garantizara la solución a los problemas nacionales. El viejo y mítico mantra de la caída de la monarquía como si la nuestra lo fuera del antiguo régimen o no la deseara la gran mayoría de los españoles.


Desde nuestra perspectiva de demócratas y monárquicos, tenemos la firme convicción de que la Monarquía Parlamentaria es la mejor forma de estado posible para la España del hoy y del mañana. Y deseamos explicar las razones que nos mueven a realizar tal afirmación.


En los sistemas democráticos actuales, los parlamentos han ido perdiendo preeminencia a favor del Poder Ejecutivo, que no es más que un apéndice funcional de las coaliciones o partidos triunfantes en las distintas consultas electorales. Esta realidad puede poner en riesgo el equilibrio de esos mismos sistemas, generando una cierta imprecisión y confusión en la pureza de la división de los poderes del estado.


Es aquí donde la Corona se erige en moderadora y conductora del arbitraje entre las instituciones para facilitar, no para protagonizar, el juego democrático; pues el pueblo es el soberano. Una función moderadora que ha de ejercerse con prudencia y otra arbitral que debe desempeñarse con escrupulosa lealtad constitucional.


La Monarquía Parlamentaria tiene una vital capacidad de adaptación a los tiempos y de integración de las diferentes fuerzas sociales, facilitando los cambios.


Para que la Monarquía Parlamentaria funcione, el Rey ha de tener una serie de cualidades fundamentales propias: sabiduría, ejemplaridad y prudencia, a las que debe sumar el apoyo popular. Sin éste nada tendría sentido, por ello el monarca se somete a un invisible pero existente plebiscito cotidiano sobre su figura.


Si esto se consigue tenemos el mejor de los sistemas posibles, pues un monarca como Felipe VI nos aporta: estabilidad, capacidad de mediación, representación, independencia, mantenimiento de la tradición, continuidad histórica, prestigio, influencia, jefatura, neutralidad y unidad.


La Corona, es símbolo de unidad, estabilidad y permanencia de España; ya que une a todos los ciudadanos, sin distinción de ningún tipo, en una patria común.


El Rey es proclamado en el Parlamento, lo que significa el reconocimiento por parte de los representantes de la Nación, de la legitimidad histórica del monarca, quien ha prestado juramento de fidelidad a la Constitución.


El Rey es la garantía de la continuidad histórica y del progreso de la Nación y la salvaguardia de la democracia, de quien es el primer servidor.


El Rey no adopta criterios personales, sino que mantiene una posición de absoluta imparcialidad y neutralidad y tiene, sin embargo, la oportunidad de presentar sus puntos de vista al presidente del gobierno en sus audiencias y mediar en función de las necesidades.

El Rey no es rehén de la voluntad política partidista. No debe la corona a un partido, como sí debe su cargo a una fuerza política un presidente de república.


El Rey es independiente y tiene un papel unificador, acepta la voluntad de la Nación en las elecciones y el ejercicio de sus funciones constitucionales.


Mucho debemos a la actuación personal de Don Juan Carlos I a lo largo de su reinado, a su capacidad de mediación, a su valor como primer embajador de nuestra Patria en todo el mundo. Y esos logros y capacidades deben potenciarse en el reinado de Felipe VI.

La Monarquía Parlamentaria es un gran activo para el futuro. Su eliminación no supone ventaja alguna en verdad trascendente. Al contrario, su sustitución por una fórmula republicana conduciría las banderías de partido a la jefatura del estado, añadiendo de forma gratuita más tensión a nuestra vida política.


La Monarquía Parlamentaria es de todos y para todos. Se nutre de la fuerza de los ciudadanos de toda clase y condición, y es compatible con todos ellos.


El pueblo español es austero y generoso, dispuesto al sacrificio, pero también poseedor de un alto sentido de la justicia. Si se le sirve con honor, cercanía y entrega, no hay mejor auxilio y fortaleza para un Rey. 


Su Majestad don Felipe VI cuenta con una espléndida preparación intelectual y práctica, quizá la mejor que jamás heredero al trono español tuvo nunca y que está empleando con acierto en su desempeño como monarca parlamentario de un pueblo libre y democrático.


La Monarquía Parlamentaria ofrece la total garantía de que el Rey estará siempre: Por encima de los partidos y por debajo de la ley. ¿Qué otra forma de estado puede garantizar tal afirmación?.


Los monárquicos no defendemos la monarquía hoy como si de una pieza de museo se tratase, envuelta en las nieblas de una gloriosa historia. Defendemos la mejor forma de estado posible para la España del siglo XXI, que tiene además de las virtudes anteriormente descritas, la de unirnos a todos, con nuestros antepasados, en una larga cadena histórica de trabajo, esperanza, libertad, progreso y amor a la Patria.



__________________________


Daniel Jesús García Riol


Presidente Delegado de la HNME en Castilla-La Mancha

Doctor en Historia, Master en Métodos y Técnicas Avanzadas de Investigación Histórica, Artística y Geográfica.-

Licenciado en Geografía e Historia por la UCM.-

Máster en Derecho Nobiliario y Premial, Heráldica y Genealogía por la UNED.-











Deja tu comentario

1 Comentarios

1

Por desgracia las voces que reclaman la idílica republica en España no son tan minoritarias como quisiéramos nosotros. En los partidos de izquierda no de ahora sino ya de un principio una lavado de cerebro republicano muy persistente presentando a la monarquía de Don Juan Carlos como la imposición de un dictador fascista - va retro Satanás - que se había alzado en contra del legitimo gobierno de la Segunda República implantada tras unas elecciones municipales en las que el republicanismo sólo triunfó en las grandes ciudades del Estado. Pero esto último la izquierda y los partidarios de cambiar ahora la forma de gobierno se guardan de decirlo o lo interpretan a su conveniencia.

escrito por Joan-Estades-de-Moncaira 13/dic/15    13:57

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.