miércoles, 19 de febrero de 2020, 23:18
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Las enseñanzas de la Antigüedad: un valor para nuestros días

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Escribas egipcios. Relieve de mastaba  (1)

                   Foto: Escribas egipcios. Relieve de mastaba

Ya en la Antigüedad la enseñanza y la educación constituían una base fundamental de la sociedad. Los egipcios fueron muy conscientes de la importancia de la formación, hasta el punto en la que se podía prosperar en el escalafón social a través de la cultura. Los faraones, debían saber leer y escribir, y tener una profunda instrucción, si no se convertían en títeres en manos de los sacerdotes.


Entre las obras maestras de la literatura egipcia se encuentran las llamadas “Enseñanzas”. Citamos las “Enseñanzas de Ptahhotep, Eseñanzas de Kamgemni, la Sátira de los Oficios, Las Instrucciones de Ani…


Estos entrañables escritos nos ofrecen los valores de una sociedad. En los textos un padre o un tutor, acompaña al joven a la escuela en la que va a recibir una formación. Le anima siempre a aprovechar el tiempo o la oportunidad de estudiar, y le expone las desventajas que supone no educarse.


En las enseñanzas destacamos los valores sociales que primaban entre los habitantes del Nilo: amar la familia, cuidar a los hijos, ser buen ciudadano, tener buenas costumbres en la mesa, aprender del sabio y del ignorante- se aconseja al sabio que no sea orgulloso de su saber-,  respetar los bienes ajenos, o incluso se alude  que la persona que escucha es amada por Dios. Hay consejos incluso para los artistas, “El arte no tiene límites y el artista no conoce la perfección”, frase que elegí para encabezar mi tesis doctoral.


En las Instrucciones o Enseñanzas el padre o tutor se presenta, a menudo,  acompañando al niño o al joven en su viaje desde el hogar hacia la “Escuela de la Vida”, denominada “Per-Anj”. Era el centro que acogía a los muchachos para formarlos.

 

Escultura de Imhotep. Museo del Louvre

© Museo del Louvre. Imhotep


Los templos albergaban en sus dependencias a los pequeños de la sociedad para estudiar desde la edad de los cinco años.  Normalmente ingresaban los hijos de altos funcionarios o clases pudientes, pero podía darse el caso que varios miembros afines a una misma familia reunieran con esfuerzo los recursos necesarios para llevar a un chico al colegio.


En los “Per-anj” se aprendía fundamentalmente a escribir, leer, gramática, arte, escritura, la base y los valores de la sociedad faraónica, matemáticas o religión. Concluían su educación en torno a los 14 años, momento que podían ya ejercer un trabajo en la administración. El cuerpo de funcionarios era numeroso. Aquellos más aptos seguían estudios superiores después de la adolescencia, por la especialización   de las artes o de la administración. Algunos llegaron a alcanzar una gran sabiduría: los griegos los llamaron “hierogrammatas”; eran los que aglutinaban todas las áreas del saber. Una personalidad destacada fue Imhotep, que vivió entre el 2690-2010 a. C. aproximadamente. Fue  arquitecto, poeta, médico, astrónomo y sumo sacerdote de Heliópolis durante la III Dinastía, en tiempos del gran soberano Zóser. Proyectó el complejo funerario de Saqqarah y la pirámide escalonada. En época griega fue venerado como un dios.


Otro hombre que vivió este ambiente es el patriarca bíblico Moisés. Su formación fue la de un príncipe, versado en la enseñanza militar y religiosa egipcia. En los pasajes del Éxodo lleva al pueblo hebreo con la sabiduría de un príncipe faraónico.


Esta erudición de los pueblos antiguos,  en los que los valores de la familia, la educación, el respeto a las instituciones, la atención a los más frágiles de la sociedad como los niños y ancianos, debe de ser un punto de referencia para nuestros días, máxime, cuando Egipto es un pueblo tan admirado por Occidente.


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