lunes, 9 de diciembre de 2019, 15:42
Elmonarquico2015
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LA FELICIDAD ES RELATIVA, por Ramón Palmeral

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Ilustracion 16


      «No es más feliz, el que más tiene, sino el que menos necesita», dice el refrán castellano. Este antiguo refrán  se refiere a los asuntos materiales de las necesidades humanas, para contrarrestarla con la ambición excesiva, porque indudablemente no se tiene uno que matar a trabajar para conseguir tener cosas materiales, y por otro lado vas dejando a un lado los asuntos familiares, hasta que te presentan un divorcio sin retorno a la normalidad.

   Por ello, he insertado como título del artículo lo de «La felicidad es relativa», porque tener mucho dinero no es sinónimo de felicidad, porque la felicidad plena, la satisfacción completa no existe, no es posible, ser siempre feliz y estar satisfecho con todo. Sino que la realidad es que sí existen momentos o días felices, aunque lo normal es vivir en felicidad, se añora mucho cuando se pierde. Uno ha de conocer sus zonas de éxito, de la que tanto he hablado en mi libro, publicado en Amazon.

   En el campo de la felicidad espiritual o anímica, o felicidad mística, tampoco es posible, no hay caminos hacia la felicidad absoluta. Y muchos se dicen, pues si no soy feliz, no estoy ni contento ni a gusto. Y ello lleva a la infelicidad.  Y este estado de infelicidad es la media de los seres humanos. Y nunca jamás encontrarás la felicidad absoluta física, mental o familiar porque no existe.

    En esta sociedad de consumo nos venden la felicidad como las religiones venden el cielo, es que están vendiéndonos algo que no existe. Por consiguiente, hemos de aceptar y aceptarnos a nosotros mismos como somos, y de esta forma potenciarás una de tus zonas de éxito. Lo normal de la vida son los problemas, lo dije en mi librito Pensamientos líkidos, que si no entiendes que los problemas es lo normal de la vida, es que vives en otro mundo.

    Otro posible camino hacia la felicidad es la de actuar siempre en conciencia.

    Dice el escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti, que «La conciencia es su única religión». Partiendo de esta frase, que no sirva como premisa para desarrollar un silogismo, podemos decir que las religiones son, en realidad, conciencias en las que nos educan, porque ninguna religión te dirá que mates, robes o cometas delitos, son los falsos profetas quienes, quizás, te induzcan a pecar. Eso decía mi padre «Con la conciencia tranquila duermo con un pie en Málaga y otro en Graná». Y no mentía porque de joven dormía en una cabaña de la sierra de Almijara, por cuyas cumbres pasaba la línea imaginaria del límite de estas dos provincias. Aclarada esta duda geográfica, mi padre había aprendido de sus padres y familia que actuar bien en conciencia era éticamente correcto, y que Dios ya se encargaba de hacer o deshacer los asuntos en los que el hombre no puede intervenir, como puede ser la suerte o el azar.

     Esta es una idea, que es correcta hasta cierto punto, y se refiere más al mundo preindustrial de la vida agrícola y ganadera al estilo de  Horacio de  dichoso aquel «beatus ille». Pero cuando tienes que trabajar en una empresa, en el mundo del comercio, en la vida militar o en la política, hay de actuar con arreglo a lo que te manda el partido en su disciplina de voto. Recientemente, en España, el  líder de la oposición Pedro Sánchez del PSOE, quiso actuar en conciencia, y dejó a España sin gobierno, hasta que el propio partido le obligó tomar una determinación.

     Es decir, que como norma, es lícito y, casi éticamente moral cumplir con la conciencia; sin embargo, existen circunstancias inherentes al oficio en que uno ha de actuar según las órdenes. En cambio, el honor o los principios pertenecen al ámbito privado de las personas en su república individual de actuación; pero no se puede llevar al límite de la convivencia general, porque, a veces, hemos de mentir ante situaciones extremas por el bien de la comunidad, o para no generar pánicos. Esto lo vemos en los asuntos de enfermedad en relación con los médicos, muchas veces, ellos saben lo que te pasa, pero no te lo dicen a las claras para no alarmarte, hasta que ya te lo dicen in extremis.

      Dicho esto, actuar en conciencia y que Dios ponga el resto, no es racional, no es posible si vives en la realidad, esto sería actuar con negligencia e irresponsabilidad. Resulta muy cómodo echar las culpas a una divinidad. La frase mística sería: «Voy a actuar en conciencia y que luego Dios resuelva». Que la mayoría crea un supuesto, no quiere decir que este sea verdad. En la antigüedad todos creían que la Tierra era plana, hasta que se descubrió que es esférica.  ¿Qué sucedió? Que todos estaban equivocados. Lo mismo sucede con otras creencias que hoy se dan como ciertas.

       Parece como si encontrar la felicidad, el karma o la satisfacción de nuestros deseos fuera el único propósito de nuestra vida. A veces los paraísos están en nuestro interior, y siempre llevaremos, a donde vayamos, nuestros problemas y preocupaciones consigo, porque todo es cuestión mental, hemos de dominar la mente, conducirla hacia estados positivos; ante la mentalidad positiva, los problemas son menos preocupantes. Hay que acostumbrar a nuestra mente a repetir 20 veces el mantra de «Todo saldrá bien», hasta que nuestra mente lo acepte como un hábito. La mente se cree todo lo que le decimos, porque es poliédrica, ingenua, influenciable y muy susceptible. Por ello, hemos de educar nuestra mente hacia el optimismo y el positivismo, ir de negativo por la vida solo nos traerá más problemas. Ya he repetido en muchas de mis conferencias que sentimos lo que pensamos, por ello hemos de pensar de forma que nos sintamos bien. Debemos encarar los problemas a medida que se presentan, no adelantarnos a ello, que son una verdadera enfermedad en algunas personas.

    Diferenciemos los conceptos del yo, la mente, el cerebro y los pensamientos positivos, que explicaré más adelante.

Fdo.- Por Ramón Palmeral para El Monárquico




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