martes, 19 de noviembre de 2019, 10:18
Elmonarquico2015
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LA CRÍA DEL CARACOL DE CARRERAS. Por Ramón Palmeral

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Ilustracion 14


     Soy lento como un caracol, pero creo que entrenando me puedo poner como un galgo, soy persistente en mis empeños, a pesar de que la vida se construya sobre un montón de pruebas y errores, porque los errores forman parte de la vida del hombre, porque somos humanos y, como he dicho en otro artículo anterior, los problemas son la sal de la vida.  No debemos frustrarnos cuando las cosas no salen como uno las tiene previstas, a esto se le llama tolerancia al error, si no lo aceptamos de inmediato se nos enquistan en una frustración.


    Sakte-TV, o tele lenta, es un invento de la cadena pública noruega en la que emiten en directo horas de pesca de salmón o de cómo se confeccionó de un jersey en una tricotosa, y triunfa en audiencia. ¿Qué sucede que estamos cansados de las imágenes de un segundo de duración y de la velocidad en que gira la vida actual del Smartphone?   Por lo tanto la cría del caracol de carreras sería una buena terapia para aquellos que van acelerados por la vida y no paran de quejarse de lo mal que le va todo. De los que lo quieren todo perfecto e inmediato, porque siempre, en el camino de la vida, te puedes encontrar un bache. Quizás porque no conocen todas sus zonas de éxito.

    La realidad de la vida económica de un país es algo invisible, un mundo de números, que no vemos, y no nos enteramos de los trapicheos de los que mandan cobrando comisiones por adjudicaciones de obras, y como compensación haciendo regalos o dando palcos en los grandes equipos de fútbol, porque, reconozcámoslo el estatus social tiene mucho imán sobre el dinero y los amigos pudientes. Porque el dinero es, queramos o no, el motor del mundo. «Sin dinero estamos muertos», decía un anciano que no tenía pensión y vivía de la caridad de sus hijos. Todos queremos estar con quienes creemos que nos pueden hacer favores. Todos quieren con los poderosos, famosos o políticos influyentes, hasta con el concejal de turno. Luego, cuando pierden el cargo, le miramos por encima del hombro. Porque somos débiles. Nuestra vida está llena de agujeros negros, de vanidades y de debilidades, de errores cotidianos que, unidos a la vanidad, son toda una fachada social o un frontón donde rebotan los propósitos. Si buscas  amistades, estas te vienen solas cuando ejerces un cargo importante o eres directivo, alcalde o diputado o senador o un concejal, o simplemente tienes poder de decidir. Pero no se puede dar a quien no te va a compensar.

      Yo tuve un cargo importante (el cargo me lo reservo) en un pueblo de más de 60.000 habitantes llamado Pon (supuesto) y sin yo buscarlo era el amo, todos querían conmigo, el alcalde se tomaba los vinos conmigo, los jueves, y el jefe de la Policía Local, también. Lo mismo pasaba con los directivos de importantes empresas, caciques y demás nata social que sobresalen por los pueblos. No se celebraba una fiesta en el pueblo sin que mi familia y yo fuéramos invitados. Así es la vida, la gente quiere con el que tiene o ejerce un cargo importante. Luego, si te he visto no me acuerdo, porque lo que mueve la sociedad es la influencia, el poder de decidir y ordenar, por eso los políticos no quieren perder sus cargos.

     Por lo tanto, esta vida hemos de tomarla con calma y con pies de hierro sobre el suelo, y mirar muy bien a cada lado del paso de cebra de la vida. El otro día me sorprendió en la TVE, la actividad de un hombre de 93 años de profesión hojalatero de un pueblo, y se encontraba en plenas facultades físicas y mentales. Las posibles causas de su longevidad, supongo que es la vivida apacible en un pueblo tranquilo, no contaminado por los humos de la industria y de los coches, además su afición era la de cultivar un huerto propio ecológico. Además, tenía un invernadero de caracoles, decía que su baba era muy buena para la piel. Quizás, el secreto de la longevidad esté en la lentitud y en comer sano, como las tortugas que pueden pasar de los 100 años. Miremos la lentitud de los caracoles. A los mejor, pensó que nunca adiestraría caracoles de carreras, porque rompen el equilibrio de la naturaleza, porque como el camaleón en la lentitud y el mimetismo resida su poder de caza y supervivencia durante millones de años.

    El caracol se convierte en esta historia en un símbolo de longevidad por medio de la lentitud similar a las tortugas. ¿Acaso es la lentitud un signo de longevidad?  El tai chi (ejercicios de movimientos lentos) es una actividad muy popular en los parques de las ciudades del Japón, donde se puede observar por las mañanas a miles de personas ejercitando sus movimientos lentos y fluidos, pero sobre todo armónico, porque en la armonía reside una de las bellezas de la música. Pero actualmente en mi barrio de la Florida hay grupos de personas que por las mañanas también hacen gimnasia al aire libre con un monitor o entrenador motivador, conocido actualmente por el anglicismo coach (el motivador 80 años).

    No obstante, el ser humano tiene una estructura ósea y muscular hecha para el movimiento, el trabajo, caminar y la carrera, por lo tanto, un poco de ejercicio nunca nos va a venir mal, pues sabido es que una vida sana requiere un complemento de ejercicio físico para motiva al metabolismo a completar sus ciclos. La natación es uno de los ejercicios más completo donde se mueven todos los músculos del cuerpo, hasta los del cerebro.  Tal vez el misterio de la longevidad la tenga el camaleón (lleva 60 millones de años sobre la Tierra, es como un lagarto fósil viviente) lo que es lento, pero su lengua es un látigo velocísimo, largo y pegajoso prensil. Lo que no alcanza su boca lo alcanza su lengua, como algunos humanos: lo que no consiguen con sus manos los consiguen con su lengua. Porque como decía don Francisco de Quevedo: “Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen”.

    En definitiva, y la conclusión a la que llego es que no hay que frustrarse ante los errores, y que no hay que entrenar a los caracoles para que sean galgos de carreras, porque cada cosa tiene gracia y su sentido, su idiosincrasia, sus cualidades que no debemos alterar, porque el aleteo de un mariposa puede alterar el orden mundial. Lo que sí es evidente es que hemos de cultivar nuestras zonas de éxito, unos conocen sus cualidades personales, y otros se mueren sin conocerlas por tu terquedad en admitir que cuanto más sabemos, menos sabemos.

Firmado: Ramón Palmeral autor de “Miguel Hernández. El poeta del pueblo” para El Monárquico

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