domingo, 8 de diciembre de 2019, 16:26
Elmonarquico2015
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LOS PROBLEMAS SON LA SAL DE LA VIDA. Por Ramón Palmeral

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    Con el título de este apartado no me refiero a la sal como elemento químico salino, de sabor salado y que escuece en nuestros labios como una herida, sino con el sentido de gracia o encanto; es decir, la parte alegre y divertida de la vida, en la que hay que tener una pizca de sal, lo que significa: tener salero. Sin problemas la vida sería muy aburrida, no nos excitaría el ingenio. Exceptuando problemas de salud, todos los demás son problemas solucionables si hay voluntad, evidentemente. Un problema mal encauzado se puede convertir en una preocupación que nos inmovilice y nos provoque depresiones, quizás porque no hemos sabido darle la vuelta y ponerlo en positivo, es decir, la palabra problema la hemos de sustituir por una oportunidad de rectificar y, después, es menos problema, o un problemilla. Lo que nunca podemos permitir es que se desaten los instintos de una forma animal; es decir, reducir su impacto que puede provocar ansiedad (ya estudiada).

¿Por qué hemos de minimizarlos? Porque nuestra mente dejará de procesarlo como un miedo, temor o una angustia, y la convertirá a un advenimiento que puede tener otro tipo de soluciones: resolución de la ecuación o derivada de la vida. Hemos de pensar: «Yo no soy el único en el mundo que tiene problemas o preocupaciones». Todos los tienen, y los tenemos en mayor o menor medida. Y otras veces, nosotros mismos los provocamos al preocuparnos en exceso. Algunas empresas ponen un buzón de sugerencias para quejas anónimas para sus empleados o clientes, de esta forma se enteran de lo que va mal o no gusta en su negocio. Así, los problemas, los errores, los descontentos o los fallos se convierten en oportunidades para mejorarlos. En lugar de enfadarse u ocultar los problemas, tienen en sus manos una herramienta de solución de otros problemas. Por tal motivo, los problemas pasan de oportunidad a posibles éxitos, al mejorar el error y la competitividad.

Los problemas que más pueden preocuparnos: el empleo o el futuro de nuestros hijos. A mí me despidieron de unas oficinas en Málaga, cuando tenía veinte años, hoy día comprendo que me hicieron el mayor favor de mi vida laboral, porque salí de un empleo de administrativo, sin oportunidades, para encontrar otro trabajo mejor, que me facilitó a viajar por toda España y me ha enriquecido profesional y económicamente, sin duda alguna.

 Es duro encontrarse despedido de una empresa. Recuerdo al actor George Clooney en la película Amor sin escalas de 2009, cuyo trabajo consistía en viajar por el país, para comunicar el despido a empleados de compañías. Le decía, para contentarlos, que, el despido a lo mejor era la oportunidad de su vida para hacer lo que siempre estaban deseando hacer, aprovechando el subsidio de la indemnización de despido para ser autónomo. La idea era buena para unos, pero para otros, no, para los mayores, cambiar de oficio no era tan fácil.

Lo comentado no es más que un ejemplo para entender que un despido no es la última ventana de un videojuego, sino que la vida continúa y hay más ventanas y más oportunidades. Las oportunidades existen en nuestra sociedad, están ahí, a nuestro alcance. Los bereberes del desierto de Sahara o los inuit de Alaska o Groenlandia sobreviven en lugares inhóspitos y se les ve felices, adaptados. Quizá hemos de adaptarnos a la imperfección, porque la perfección no existe, ni en la música.

A la hora de buscar un trabajo lo primero es creer en uno mismo, y saber qué puedes ofrecer tú de valor al empresario que piensa contratarte. Por el contrario, si decides ser autónomo, ¿qué sabes hacer? ¿En qué te has preparado? ¿Cuáles son tus estudios, tus idiomas...? Joaquín Lorente uno de los mejores publicistas del mundo dice que si no encuentras trabajo te lo inventas. ¿Cómo se inventa uno un trabajo? Sabiendo qué necesita la gente de tu barrio, de tu pueblo, de tu ciudad. Es lógico que haya competencia pero tu negocio será el mejor, el más económico o el más rápido. ¿Y cómo se mejora? Se mejora con inteligencia y talento, aunque yo añadiría más con muchas ganas de trabajar en algo nuevo. Pero para lograr objetivos hay que prepararse, estudiar, hacer cursos de Internet. Porque lo que se piensa hay que transformarlo en realidad.

 Volviendo al tema de los problemas. Hay que entender que la vida está construida sobre problemas y conflictos, y que un edificio se levanta solucionando muchos problemas desde los cimientos. Los problemas son la sal de la vida, la gracia, porque la felicidad constante no existe, porque no somos ángeles, somos química, seres humanos con sus cualidades y defectos. Pero la esperanza es lo último que se debe perder, ya lo dijo el gran poeta Miguel Hernández: ¡Dejadme la esperanza!

    Ha amanecido,  y a mi ventana se ha acercado la luz para visitarme, la luz solar, el  nuevo día que es siempre una nueva oportunidad. No podemos esperar a que las cosas se solucionen solas, hemos de que decidir y actuar.

Firmado: Ramón Palmeral, para El Monárquico


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