martes, 15 de octubre de 2019, 18:25
Elmonarquico2015
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​VENCER LA ANGUSTIA, por Ramón Palmeral

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Ilustracion.8

Toda angustia, toda infelicidad existe solamente en tu mente, dentro de ti, ¿cómo llegó?, llegó por falta de entrenamiento por no saber qué era, ni cómo se curaba.

Tienes ansiedad, o pánico cuando tu mente interpreta que hay un peligro o un miedo, y, tu cerebro se prepara para combatirlo. Es decir, se asusta tu mente, tu pensamiento, que es quien rige los sentimientos, por lo tanto  lo sientes  como  algo real, que en la mayoría de las veces no trascendente o existe, solamente en tus previsiones del control de ti mismo. Piensas, por ejemplo que un examen que te va a salir mal, que en una dependencia oficial no te van a escuchar, que la avería del coche es algo terrible e irreparable, cuando en realidad es fácil su arreglo e incluso su coste. Te preocupas de una cita con un desconocido al que vas a ver por primera vez, o con ir al médico por si te da malas noticias sobre tus análisis. Y luego resulta que no es grave, que te has asustado tú solo, por provocar cierta inseguridad en ti mismo. No luches contra los pensamientos negativos o desagradables, déjalos fluir, déjalos pasar, que cuando no le prestas atención, verás cómo, ellos mismos (tus pensamientos negativos) se aburren y se van. Ellos acuden porque saben que te están haciendo daño, y tú los atraes con tus miedos o precauciones excesivas. Uno no debe caer en la trampa de luchar contra los pensamientos desagradables o temerosos, por eso se repiten porque son desagradables y tu receptividad está muy sensible. Son como las fobias, la única solución es exponerse a ellas, paulatinamente, con paciencia y desaparecen como llegaron porque no las temes. El temor atrae a angustia.

No hay que alterarse ni estremecerse ante un momento de angustias, ansiedad o taquicardia que te pueda dar. Nada es terrible en esta vida excepto la muerte. Hemos de aprender a tolerar el dolor, la incomodidad, ya comprender que no es algo terrible, que todo dolor pasa, te lo puedo asegurar. Debemos aprender que existen tiempos de vacas gordas y otros de vacas flacas, la felicidad constante no es posible, por ello, a través de nuestras zonas de éxito, debes saber reaccionar ante situaciones de ansiedad o de pánico, de angustia, de temores infundados, y tenerlos previstos como parte posible de la vida. ¿Y si me quedo dentro del ascensor? ¿Qué hago? Hay que tenerlo previsto. Llamas con el móvil o pulsas el botón de emergencia del ascensor. En el ascensor entra aire no te vas a asfixiar. ¿Qué hago ante la emergencia de que alguien se desmaye y se caiga de bruces al suelo? Tranquilamente llamas al 112.

En situaciones de incertidumbre, ¿qué va a pasar en una reunión de trabajo?, ¿qué va a pasar en la reunión con el jefe?, debes siempre piensa: «El león no es tan fiero de como nos lo pintan». A veces el jefe tiene más problemas que tú. O simplemente te ha llamado para pedirte un favor de tu departamento. Nada es terrible. No hagamos un Everest de todas las montañas. Es cierto que uno cree que el jefe es fiero por naturaleza como un toro bravo, y luego resulta que no es tan bravo, e incluso algunos toros comen de tu mano y otros tiene grandes debilidades y sus complejos correspondientes. Porque uno piensa innecesariamente en la peor  de las situaciones posibles. Y luego no es tan terrible como creíamos. Y siempre es así, y los miedos no decaen, no queda más remedio que acudir a un psiquiatra porque quizás necesites que te prescriba un ansiolítico.

Ante una situación de riesgo, respira profundamente, porque si el cerebro se queda sin oxígeno los pensamientos se convierten en mares turbios llenos de quimeras, menos claros y profundos. Quimeras que únicamente se alojan en tu imaginación.    Hay pensamientos que nos traicionan dejando de lado a los seres que más queremos, pero en el fondo no los deseas, crees que pueden hacerle un mal inconscientemente.  Una vez leí un artículo de un psicólogo que dijo que no se puede hacer mal a nadie, inconscientemente, si en el fondo no se desea. Por ello, un proyecto es desearlo y otro ejecutarlo, existe un gran abismo por medio que se llama voluntad de acción. 

Has de vencer la angustia porque en este mundo si te duermes te devoran. Siempre habrá alguien que quiera ocupar tu puesto de trabajo, fuera están los depredadores al acecho, porque siempre habrá alguien que piensa que tu trabajo se puede hacer mejor o es deseado porque es bueno. Todo es mejorable. En mi primer empleo lo pasaba muy mal, simplemente porque no tenía ni idea de lo que era un consignatario de buques y aduanas, y aprendí de oídas, sin que nadie me explicara nada, y así me iba de error en error. Tenía angustia. No me gustaba el trabajo porque no lo entendía. La culpa no era mía sino del jefe que no me dio unas clases de formación profesional.

Salvo que tu caso sea depresivo, abúlico, lleno de angustia, o sea un caso clínico que necesite un aporte de sustancias químicas, tras visitar a un psiquiatra, todo lo demás es cuestión mental leve y superable, cuestión de reeducación y nueva mentalización o consejos de aquellos profesionales o amigos maduros que saben más que tú en tu oficio.

En momentos de miedos, angustias y preocupaciones en mi trabajo, yo deseaba cambiar de trabajo o que me tocara la lotería para evadirme. Soñaba que volaba como un pájaro: evasión. Hasta que mi padre me dijo: «Hijo, todos los trabajos tienen hueso». Los trabajos ni son buenos ni son malos, somos nosotros los que le encontramos pegas: huesos a todos.  Yo tenía el aliciente de los ascensos para cambiar de destino, y así cambiaba de aires, llegué a tener dieciséis destinos diferentes por toda España. Pero lo que uno aprende con los años es que uno no puede huir de sí mismo, de tus pensamientos. Ir a la playa puede relajarte el ánimo por la luz y el oxígeno del mar, pero si tienes una preocupación seguirá en tu mente, porque lo paraísos no están en los lugares paradisíacos sino en ti mismo y en la felicidad que tú seas capa de procurarte a través de la mente.

El remedio para vencer la angustia consiste en pensar que los molinos no son gigantes, y que hemos de confiar en nosotros mismos y en nuestras capacidades. Yo he visto nadar en el mar abierto como un delfín a una persona desde Santa Pola a la Isla Tabarca, solo,  estos hombres o mujeres se miden a sí mismos en cada travesía, y  tiene una seguridad y una  fortaleza asombrosa.  

 Firmado: Ramón Palmeral autor de Tus zonas de éxito, para El Monárquico.




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