martes, 15 de octubre de 2019, 18:35
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V Centenario de la primera circunnavegación al mundo, la evidencia naval, comercial, científica, humana y humanística. Por Alfonso Jiménez Maroto

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Foto: © Diario ABC de Sevilla de fecha 08/VIII/2019

Imaginar el rechinar de la madera o las voces de los tripulantes en tareas de levar anclas, o las mismas velas castigadas por el viento y el agua batiéndose contra los cascos de las flotas, era algo así, como conjeturar el mayúsculo desafío que emprendían aquellos navegantes que transitaban en los cinco navíos, hace casi quinientos años y que trazaría la mayor proeza de la Historia.

Al mismo tiempo, estaría por revelarse la justificación empírica de la esfericidad de la Tierra, que desde entonces empezaría a ser realidad.

No antes, hubieron de soportar tediosas travesías, angostas jornadas y difusos periplos en aquellos mares colosales, en los que el hombre tomaría conciencia de estar preparado para abrir brecha ante los envites de la madre naturaleza; hoy, se antojaría como demasiado distante de la tecnología actual, ante aquel itinerario de casi tres años como el que hubieron de salvar aquellos marineros esforzados.

Señas de identidad, de lo que a posteriori se convertiría en el V Centenario del comienzo de la expedición marítima impulsada por la Corona de España, inicialmente conducida por el militar, explorador, marino y navegante portugués de linaje noble al servicio de este Imperio, don Fernando de Magallanes (1480-1521), con la intención de abrir paso a las islas de las Especias, hasta consumarse bajo la dirección del marino español don Juan Sebastián Elcano (1476-1526). Siendo un punto de inflexión, que marcó el estudio de un hito y que aun prosigue su recorrido en la investigación.

Sin duda, uno de los capítulos universales en los que España adquirió un protagonismo extraordinario, como nexo de la Vieja Europa con el resto de continentes.

Designado por S. M. el Rey don Carlos I de España (1516-1556), como “gobernador, adelantado y capitán general de la Armada” para averiguar el canal navegable de la Especiería, Magallanes partió de Sevilla el día 10 de agosto de 1519 con cinco naves y una dotación de doscientos sesenta y cinco hombres, de los cuales, el sesenta y cuatro por ciento eran hispanos y el resto pertenecían a otras nueve nacionalidades.

Esta iniciativa naval que necesitó de la constancia y el atrevimiento para imponerse a las múltiples adversidades, llevaría a la coronación de una gesta descomunal con la primera vuelta al mundo, completada con voluntad, valentía y maestría marinera de Elcano, que regresó a Sevilla el día 6 de septiembre de 1522, con una nao y una tripulación agotada y extenuada de dieciocho hombres.

Un viaje que les trasladó de Sanlúcar de Barrameda a la isla de Tenerife y a los litorales de Sierra Leona, Río de Janeiro, Río de la Plata, por aquel tiempo, conocido como Río de Solís, además, de la Patagonia, isla Grande de Tierra del Fuego y el Estrecho al que pronto se le confirió el nombre de Magallanes, a parte del Pacífico e islas Marianas, islas Filipinas, Sumatra e islas Molucas, cabo de Buena Esperanza e islas de Cabo Verde, hasta su retorno.

Una navegación más que portentosa de la Marina Española que hubo de salvar los océanos Atlántico, Pacífico e Índico y los continentes de Europa, América, Oceanía, Asia y África, hasta conjeturar un salto de gigante en el arranque a nivel global de las culturas, comunicaciones e intercambios de las latitudes, así como el crecimiento e influencia europea y más en particular, España.

Ahora bien, sin pretender ser lineal ni exhaustivo en los marcos físico y geopolítico, lo que aquí se evidencia son cinco centurias de la España del siglo XVI, con la semilla de la globalización y la obra efímera e ilustrada que dejó su huella náutica y mercantil.

Todo ello, como inicialmente se ha definido, en un tablero internacional de total prodigalidad en el brío de los hombres que, en las embarcaciones de este tiempo, afrontaban un verdadero reto a las etapas y circunstancias en pos de un anhelo compartido. Empeños hechos carne procedentes de la cartografía, que varios testigos harían constar en sus crónicas, hasta colmarlas de numerosas páginas con esos nombres ilustres y aquellos lugares memorables.

Pero, también, este acontecimiento tuvo lógicos rasgos de humanidad, cuya mentalidad hubo de amoldarse a los parámetros de quiénes esta acción con carencias dirigió, e incluso, hasta colmarlas de bienes irrefutables. Comprensiblemente, tras este giro por el Oeste hacia la Especiería, el mundo ya no sería el mismo.

Ya, desde este mismo lapso de tiempo, se origina un profundo cambio en el discernimiento de los hombres, con una clarividencia en constante ebullición, a la vez, que irrumpe en territorios donde de golpe aparecen otras culturas, hábitos, costumbres y una flora y fauna hasta ahora ignoradas.

Hecha esta sucinta descripción de lo acontecido, este pasaje pretende establecer una reflexión sobre la primera vuelta al mundo, tomando como punto de salida las Capitulaciones de Valladolid y los entornos en los que se materializó la incursión, que posteriormente despuntó en la senda de la primera globalización; así, como en las premisas, fundamentos, actores y efectos desencadenantes que tuvo tanto en las cartas geográficas como en la economía del momento.

Para enrolarnos en la mayor hazaña marítima de la Historia, es necesario aproximarnos al porqué y desde dónde levantan las velas este apasionante episodio. Me refiero al reinado de SS. MM. los Reyes Católicos, doña Isabel I de Castilla y don Fernando II de Aragón, soberanos de la Corona de Castilla (1474-1504) y de la Corona de Aragón (1479-1516) e, indudablemente, su política exterior de expansión territorial en la que brillaría la figura de Cristóbal Colón (1451-1506) y el Descubrimiento de América (1492).

Colón, navegante y cartógrafo genovés y definido como indagador inquebrantable a más no poder y gran entendido en los vientos alisios, entrevió un trayecto franqueando el Océano Atlántico hacia las Indias. Con lo cual, dedujo que había llegado a su meta. Un desvío que por primera vez se realizaba sentido Oeste-Occidente.

Lo cierto es, que este hombre de la mar, falleció sin averiguar que sus naves habían fondeado en una región intermedia entre los mundos, hasta aquel tiempo sin precisar. Hasta, que, por fin, tres décadas más tarde, el trazado de Colón se concluyó satisfactoriamente.

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Foto: © Diario de Información Autonómica el Faro de Ceuta’ de fecha 01/VI/2019.

Y así fue como sucedió, que S. M. el Rey don Carlos I de España y V de Alemania (1500-1558), nieto de los Reyes Católicos, recogió en 1519 el relevo de las pesquisas experimentales de las aguas atlánticas, accediendo a la tesis de Magallanes como un proyecto de Estado, que, por otro lado, reivindicaba llegar mediante el Oeste a las islas Molucas, también conocidas, como islas de las Especias.

Mismamente, para contextualizar e hilvanar las piezas de este puzle, en los indicios de lo que estaría por venir, la Europa del siglo XVI estaba sumida en disputas de religión con una Reforma y Contrarreforma, merodeando una convulsión científica que ponía en litigio los pilares básicos del pensamiento católico.

Simultáneamente, las dos grandes potencias de Europa, el Reino de Portugal y el Imperio Español, se disputaban el dominio del comercio marítimo de las Indias Occidentales.

En este contexto irresoluto, Carlos I enarbola la primera vuelta al mundo, con su firma junto a la de Magallanes en las Capitulaciones de Valladolid (22/III/1528), por las que el monarca ponía a su disposición una flota para indagar el acceso hacia el recientemente desenmascarado Mar del Sur o Mar de Balboa, que eran los nombres con los que se distinguía el Océano Pacífico en la época de las primeras exploraciones españolas en América, con la finalidad de atinar con la ruta de la Especiería.

Debido al Tratado de Tordesillas (7/VI/1494), los lusitanos dominaban la fachada oriental por la que podían desembocar a las Indias pasando por África; toda vez, que los españoles no podían entrar por esta trayectoria. Magallanes, conocedor de la existencia del Océano Pacífico por la labor encomiable de don Vasco Núñez de Balboa en 1513, creía estar convencido que encontraría esa ruta de las Indias circunvalando la ribera americana.

Era más que evidente, que Magallanes y Elcano estaban en condiciones de compaginar la experiencia marinera, el conocimiento geográfico y cartográfico, la voluntad política y los recursos económicos puestos por la Corona, para que finalmente se culminara este desafío secular.

El fuerte temperamento manifestado surcando las insólitas aguas y extensas tierras desconocidas, obtuvieron su fruto cuando se alcanzó el objetivo que en tiempos pasados se había marcado Colón. Ahora, era posible alcanzar por la botadura fluvial de poniente, la ambicionada isla de la Especiería.

Pero, a pesar de la misión que con este hallazgo la Casa Real daba por finalizada y el fallecimiento de Magallanes en la batalla de Mactán en 1521, Elcano optó por regresar por otros puntos que le trasladaría a una de las más grandes epopeyas, jamás vista.

Supersticiones y figuraciones en estas aguas recónditas o la escenificación de monstruos apocalípticos o, tal vez, intimidaciones en toda regla, debieron interferir en las mentes de los que creían que aquello trastornaría el orden natural de las cosas.

Una vida inconfundible que se abría a la inmensidad de los mares, con peculiaridades propias como las que seguidamente referiré y que, en el caso de esta expedición, tales debieron de ser las circunstancias en la navegación. Si bien, los barcos eran consistentes y maniobreros, al ser de pequeña dimensión y de madera, sufrían la pujanza de los diversos elementos contra los que debía de luchar, especialmente, los provenientes de las olas colosales.

Básicamente, dos eran los tipos preferentes de embarcaciones entre las más utilizadas, primero, la nao, de mayor tamaño y por tanto con más velamen, esencialmente de carga; y, segundo, la carabela, más ligera, alta y larga con tres mástiles sobre una sola cubierta y elevado castillo de popa, que más bien se empleaba para cargas menores, aparte, de las partidas para exploraciones y en la transferencia de noticias.

Otro aspecto de especial calado, tiene que ver con la forma de subsistir en las largas empresas. Al hacinamiento se le unía el desfallecimiento, el hambre y la deshidratación como tónica habitual de los amplios e interminables desplazamientos oceánicos. A lo que por añadidura habría que agregar, los espacios minúsculos en los que cohabitaban hombres y animales. Mientras, en las bodegas eran inevitables las plagas de insectos y de roedores que, por doquier aumentaban.

La sed era comparativamente proporcional con la carestía de agua dulce, amplificada con la deglución de alimentos en salazón, como la fórmula más común de preservación en la época. La dieta estaba sustentada principalmente de productos desecados, como legumbres, arroces y salazones o de larga conservación, como pan recocido, ajos y aceite.

A este sumario de dificultades no iban a ser menos la extenuación y el derroche desmedido en las fuerzas, que en la mar hacían mella, siendo insostenibles las duras faenas de navegación y la falta de alimentos frescos. En su conjunto, todo, llegaba a convertirse en un círculo turbulento y agónico que en ocasiones confluía con la aparición de enfermedades e infecciones como el escorbuto, provocada por la avitaminosis.

La deposición de defecaciones se hacía en la popa, de esta forma los tripulantes hacían sus necesidades, más o menos, ayudados de sencillas tablas agujereadas que estaban habilitadas y suspendidas sobre el mar, sin riesgo de caer al agua; al igual, que las basuras y restos, eran arrojadas.

Otro matiz de encaje en esta narración es la cartografía, que, como ciencia encargada de examinar las medidas y datos de zonas para representarlas descriptivamente en diferentes dimensiones lineales y en niveles más reducidos, en los últimos años había prosperado.

De ahí, que las situaciones de las costas en los mares más concurridos, estuviesen determinadas con bastante exactitud, pero ello no enmendaba, que lo escasamente conocido terminase siendo inexacto.

Es decir, se constata cierta precisión en la orientación, pero como era natural, los errores podían ser más que significativos, dependiendo de la nubosidad de los cielos, ya que las nubes imposibilitaban realizar cualquier tipo de observación a través de las estrellas. Con lo cual, las divagaciones en las mediciones eran inevitables, más la potencia y tendencia de las corrientes marinas que solamente se podía definir con mayor acierto cerca de las orillas, estaban garantizadas.

Con lo visto, las repercusiones más inmediatas de la primera vuelta al mundo, pueden catalogarse como el florecimiento de toda una sucesión de expediciones preliminares como las puntualizadas en este texto, configurándose con la apertura de una red de intercambios intercontinentales en los sectores biológicos, agropecuarios, culturales y económicos. Los cuales, englobaron la plasmación de distribuciones mercantes entre los continentes y la unificación de los mismos, en un régimen económico común.

Esta causa que involucró a las sociedades del momento, paradójicamente concibió un solo mundo y la oportunidad de interpretar como primicia, una historia cosmopolita.

Quizás, fue el signo promotor o, más bien, la llave maestra para que actualmente podamos sacar a colación la primera globalización o mundialización en las relaciones de interdependencia entre actividades, actores, estructuras y procesos de distintas partes del planeta. Sobresaliendo la reducción de las distancias y del tiempo en las interacciones.

Una globalización que sirvió para que S. M el Rey don Felipe II (1527-1598), instituyera su soberanía sobre las islas Filipinas e inmediatamente expandiese el dominio por Extremo Oriente.

Además, denotó el intercambio económico y el tráfico de géneros, como el oro y la plata de América; especias del Sudeste Asiático como la pimienta, jengibre, clavo y nuez moscada; las sedas y porcelanas de China y productos alimenticios desconocidos como el tomate y la patata, para los estados europeos.

Del mismo modo, representó la movilidad de importantes masas a otros parajes, que, a su vez, hizo caer la balanza en la sociabilidad de europeos, africanos e indígenas americanos, con el supeditado auge de colectivos racialmente mixtos y del encuentro biológico y cultural de varias etnias, dando lugar al nacimiento de fenotipos.

Consecuentemente, con este periplo de hace cinco siglos, para los historiadores se abren numerosas connotaciones, porque la primera circunnavegación ocasionó cambios sustanciales en esferas como el transporte marítimo, la comercialización o el intercambio de capitales, cuyos resultados han redundado hasta nuestros días. El intento de buscar una vía para situarse en el Mar del Sur y de allí plantarse en las islas de las Especias, allanaría una primera aproximación a China.

No en vano, el viaje que llevaron a cabo los hombres liderados primero por Magallanes y, después, por Elcano, las perspectivas variaron con el reconocimiento inédito de tierras y océanos, dándose por acogida una pugna en la posesión de nuevos escenarios territoriales. Véase al respecto, el caso de Portugal y el Reino de Castilla o de Holanda e Inglaterra.

Sin embargo, a día de hoy, prevalece el debate académico si Magallanes dispuso de alguna indicación anticipada, o, más bien, sobre la objetividad en el paso de un océano a otro. Sea como fuere, el sendero de estas vías oceánicas los llevó a ingresar en lo que pronto se reconocería, como el Estrecho de Magallanes.

La nulidad más destacada era la dimensión de la esfera terrestre, por lo que se cuestionaba si las aguas del Océano Índico, eran exactamente las que salpicaban al Nuevo Mundo, América.

Por muy increíble que parezca, este relato está basado en hechos reales que discriminaron un antes y un después en la forma de percibir el mundo antiguo al moderno. Un itinerario que muestra la capacidad de resiliencia del ser humano y su enorme interés por descubrir y conocer lo que le rodea, hasta tal punto, de incidir en la revolución del conocimiento.

A estos hechos memorables de la Historia de España, que cuenta indiscutiblemente con una marcada transversalidad en su naturaleza y contenidos, no le pueden faltar las memorias resultantes de estos viajes y el eco de las reseñas geográficas y etnográficas, que han hermanado pueblos de muy diversa idiosincrasia, inspirando al hombre a ser el hacedor de un mundo más racional y equilibrado, dando el primer ejemplo de la globalización en el sentido que hoy aplicamos.

Firmado: Alfonso J. Jiménez Maroto.

Publicado por el Diario de Información Autonómica el Faro de Ceuta, de fecha 01/VI/2019.

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