viernes, 20 de septiembre de 2019, 10:06
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AMIR ABBÁS HOVEYDÁ. EL ÚLTIMO GRAN PRIMER MINISTRO DE IRÁN. Por Conde de Bevilacqua

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Durante 12 largos años ocupó el cargo de I Ministro del Imperio de Su Majestad Mohammad Reza Pahlavi, y contribuyó al avance y bienestar de su nación. Salvajemente asesinado el 7 de abril de 1979 tras ser falsamente acusado y ajusticiado por un tribunal revolucionario islámico Amir Abbás Hoveydá sería solo uno de los muchos mártires e inocentes que la Revolución Islámica calló para siempre. Cuarenta años después ese silencio pervive, si bien es cierto que las voces se van alzando cada vez más alto a medida que la tensión dentro y fuera de Irán se acrecienta. 

Todos los cargos contra él fueron pura invención, porque el único y verdadero motivo por el cual Jomeini decidió mandar a asesinarlo es porque Hoveydá profesaba la fé Bahaí.

COMIENZOS

Amir Abbás Hoveydá nació el 18 de febrero de 1919 en Teherán, en una familia de clase alta y con orígenes aristocráticos y regios. Su padre era un importante miembro del gobierno Qajar y diplomático en el extranjero, por lo que la familia Hoveydá pasó largas temporadas fuera de Irán, viajando y viviendo en diferentes países. Amir tenía un hermano, Fereydoun, y su madre estaba emparentada con la familia real.  Residieron bastante tiempo en Beirut, en donde estudió en el Lyceum francés de la capital libanesa y donde tuvo como compañero a Shapour Baktiar, último I Ministro de la Era Pahalvi. Allí aprendió francés y desarrolló a partir de ese momento un amor por Francia que duraría toda la vida.

En 1938 la familia se trasladó a Londres y posteriormente a Bruselas, en donde Hoveydá se graduó en ciencias políticas en 1941. Al año siguiente y estando Europa en mitad de la II Guerra Mundial regresó a Irán.

A su regreso a Irán en 1942, Hoveydá descansó unos meses antes de alistarse como soldado en el ejército nacional iraní. Su plan en ese momento era utilizar su experiencia como conscripto para completar su currículum en el Departamento de Asuntos Exteriores, donde planeaba solicitar un trabajo. Debido a su educación superior, Hoveydá pudo haber pasado por alto el campo de entrenamiento y haber ingresado directamente en la Academia de Oficiales, pero él lo rechazó y decidió hacer el examen de ingreso. Enseguida empezó a ocupar puestos de importancia en el gobierno del nuevo Shah, Mohammad Reza Pahlavi, aunque en esos años y hasta 1945 el país estaría ocupado por las fuerzas aliadas de los británicos y rusos.

1958- SUBIENDO ESCALONES

Los años 50 fueron una década turbulenta en Irán. En 1951 Mossadegh fue elegido I Ministro y 2 años más tarde sus tiranteces con el Shah, al querer Mossadegh nacionalizar el petróleo y su postura tan cercana a la URSS, originaron la Operación AJAX que derrocó a Mossadegh e implantó el absolutismo en el país. A partir de ahí la situación fue poco a poco mejorando y en 1958 Hoveydá se convirtió en el Presidente de la Compañía Nacional de Petróleo Iraní. Cargo que ocuparía hasta 1964. Un año antes el Shah había empezado a modernizar el país bajo el programa de la Revolución Blanca.


1965-1977- EL MINISTERIO MÁS LARGO DE IRÁN

En 1965 el I Ministro Mansour sufre un atentado de un fanático de Jomeini, del cual sale ileso, pero presenta su renuncia. Ya en ese tiempo Hoveydá es un hombre respetable tanto en la corte como en el gobierno. Mostrando una gran astucia política y un programa reformista bien elaborado y presentado ante el Shah, Amir Abbás Hoveydá fue nombrado I Ministro de Irán el 26 de enero de 1965.

Su ministerio es hasta ahora el más largo de la historia de Irán. Apoyó las reformas pro-occidentales de la monarquía: Laicismo, voto femenino, libertad religiosa, rescate del pasado persa, educación gratuita pública etc.  En 1971 el país celebró los 2.500 años del Imperio Persa, por aquel entonces la situación en Irán era pacífica, y las reformas habían logrado sus principales propósitos. En 1975 Amir se convirtió en el Presidente del Partido Rashtakiz (Resurgimiento) el cual se constituyó como único partido del país, quedado los otros disueltos o unidos al nuevo, y manteniendo una lealtad inquebrantable al Shah.

Pero a partir de 1976-77 el descontento empieza a aumentar en el país. Ante las protestas de los desilusionados por la corrupción y el absolutismo de la dinastía, sumándose la represión de la SAVAK, el Shah se vio obligado a pedirle a Hoveydá que renunciara. A cambio le ofreció el cargo de Ministro de la Corte Imperial.

Muy pronto, aparte de al Shah, el odio de los revolucionarios se volvió también hacia Hoveydá. Muchos le aconsejaron abandonar el país, pero él se negó en rotundo. No tenía nada que ocultar ni nadar por lo que arrepentirse. Solo había servido a Irán.


1978-1979 EL FINAL

Entrando ya el año 1978 y hasta finales de este, las manifestaciones, protestas, huelgas y enfrentamientos de los revolucionarios con el gobierno solo aumentaron hasta empeorar. Finalmente, el 9 de septiembre de 1978 tras el Viernes Negro, en el que murieron 221 personas, Hoveydá renunció. Para desgracia del Shah, quien tenía en estima a su antiguo Ministro, este se vio obligado a arrestarlo por exigencias de los nuevos ministros y algunos revolucionarios, creyendo que así la situación cambiaría. El antiguo ministro permaneció bajo arresto y vigilancia en su domicilio.

El 16 de enero de 1979 el Shah huyó de Irán, y un mes más tarde con el regreso de Jomeini el último I Ministro, Shapour Baktiar (compañero de estudios de Hoveydá) dimitió y huyó a Francia. La suerte de Hoveydá como de otros antiguos miembros del gobierno imperial quedó en manos de los revolucionarios y los fundamentalistas. Fue encarcelado en la Prisión de Qasr, al norte de Teherán.

Tras un falso juicio, unido a unas falsas acusaciones y siendo presidido por un tribunal islámico, Amir Abbás Hoveydá fue condenado a muerte junto con otros miembros de la Corte Imperial. En ningún momento pidió clemencia ni mostró arrepentimiento alguno.

Fue fusilado el 7 de abril de 1979 y su cuerpo arrojado a una fosa común en un lugar desconocido. Las últimas averiguaciones aseguran que la fosa podría encontrarse en el cementerio de Behesht Zahra, en Teherán.

Con su muerte se cerró un período clave de la historia reciente de Irán, y la comunidad religiosa a la que pertenecía, Los bahaís, fueron y aún siguen siendo perseguidos y asesinados a día de hoy en la República Islámica de Irán.

Firmado: Conde Bevilacqua Benedetti


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