viernes, 20 de septiembre de 2019, 09:41
Elmonarquico2015
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LA MONARQUÍA EN LA LITERATURA ESPAÑOLA 1. Por Consuelo Jiménez de Cisneros y Baudin

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Noche de mu00e1scaras

Grandes obras de la literatura española en todos los géneros (teatro, novela, poesía…) han usado como referente la monarquía desde muchas y variadas perspectivas. En esta sección vamos a ir repasando algunas de esas obras, con el único criterio de que tengan interés histórico y calidad literaria, lo que sucede en autores como Buero Vallejo, Ramón J. Sender, Almudena de Arteaga…

Iniciamos esta sección con la novela de una escritora menos conocida, pero muy interesante: Teresa Álvarez Olías, que dedica su libro Noche de máscaras (aparecido en 2016) al reinado de Felipe V.

Se trata de un libro escrito con conocimiento y con pasión. Cuenta unos sucesos enmarcados en uno de los periodos menos conocidos de nuestra historia, como es el siglo XVIII. La personalidad y la problemática del rey Felipe V, primer Borbón de nuestra monarquía española, se entrelaza con las intrigas palaciegas y los avatares íntimos de otros personajes que recorren toda la escala social, desde los grandes nobles y validos del rey hasta los más humildes vasallos.

La novela está bien escrita, con exactitud y elegancia. Combina acertadamente todos los ingredientes del género: la intriga, el sentimentalismo, el humor, la tensión dramática… El título se debe a que, en el comienzo de la novela, Felipe V y su esposa Isabel preparan el banquete y baile de máscaras en el Casón del Buen Retiro. Toda la corte y la familia real asisten al festejo. A la vez, en una casa popular madrileña, tiene lugar un fatídico encuentro, que va a complicar cierta trama basada en la supuesta rivalidad entre el rey y el príncipe heredero.

El título de la novela reaparece como título del capítulo 9, central en la trama. La novela se estructura en 13 capítulos. Los títulos de los capítulos se inspiran en los nombres de los personajes que aparecen simplemente como nombres propios, sin cargo ni acompañamiento alguno, seguramente para evocar que se va a hablar de la persona, más que del personaje. Por ejemplo: los tres primeros capítulos se titulan así: “Felipe”, “Isabel”, “Fernando”. Siendo Felipe el rey, Isabel su esposa la reina y Fernando el heredero hijo de una esposa anterior y por tanto no querido por Isabel. También aparecen otros títulos que atraen nuestra atención, como “Sospechas”, “El banquete”, “El amor”… y por supuesto “El baile de máscaras”, ya mencionado.

Los capítulos van precedidos de citas filosóficas, científicas, literarias… que cada lector, según sus referencias, sabrá relacionar en mayor o menor medida con los contenidos del capítulo. El primero por ejemplo empieza con la famosa frase de Séneca “Solo sé que no se nada”, también atribuida a Sócrates, y con una definición del Teorema de Torricelli. Si avanzamos en la lectura encontramos interesantísimas referencias a la física y la botánica de la época, a los libros de Newton y Linneo que el rey acaba de recibir como novedades y que está interesado en conocer.

La narración está redactada en el pasado perfecto simple propio de la narrativa tradicional: “Felipe entró en su cámara del palacio del Buen Retiro con paso trémulo”. Esta sola frase que abre el libro ya nos connota la inseguridad del rey, un hombre extremadamente problemático, tal como siguen desvelando los últimos análisis históricos. Punto interesante de esta novela es que nos permite conocer los pequeños detalles del día a día de la vida del rey, desde la ropa que viste a la comida que come o los muebles y objetos que le acompañan. Incluso rituales como el afeitado cotidiano con su barbero particular. O la receta de la bebida preferida del rey: una mezcla de canela, yemas de huevo, vino de Borgoña, clavo, azúcar y nuez moscada. Es como si nos asomáramos por una ventana a su vida, o como si estuviéramos viendo una película. De hecho, es una novela muy cinematográfica.

Madrid, en sus diversos espacios, es el escenario principal de la historia, y la madrileña Teresa no tiene empacho en reconocer que es una ciudad sucia -en lo cual no hemos mejorado demasiado- y que Sevilla y París resultan más atractivas, al menos para Felipe V.

Me agrada observar que la primera conversación entre Felipe V y su ministro versa sobre el llamado Nuevo Mundo, la América española. Dado el daño inconmensurable que la leyenda negra nos ha hecho a los españoles, es reconfortante leer en esta novela con qué insistencia el rey recuerda que la esclavitud está prohibida en sus territorios, mientras que en las colonias inglesas y francesas estaba permitida y los “cultos” anglosajones la siguieron practicando dentro de la legalidad hasta finales del siglo XIX.

También me agrada que la autora no tenga inconveniente en señalar que Felipe V pasó de un desinterés total a una atracción por el mundo taurino, al que se acostumbró por el trato con españoles aficionados. Igualmente Fernando, el heredero, admira las reses bravos en sus paseos por el campo. Hoy en día parece que no sea políticamente correcto ni siquiera aludir a esta fiesta que, nos guste o no, forma parte de nuestra historia cultural y artística y fue cantada por los poetas y retratada por los pintores, desde Goya a Picaso y Dalí.

En conclusión, una novela interesante, ilustrativa y amena que recomiendo a los lectores de El Monárquico en la seguridad de que no se sentirán defraudados.

Firmado: Consuelo Jiménez de Cisneros y Baudin (13-VIII-2019).



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