lunes, 9 de diciembre de 2019, 06:01
Elmonarquico2015
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Entrevista a Ignacio Jáuregui Lobera

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A continuación, compartimos con ustedes la entrevista a Don Ignacio Jáuregui Lobera. Nacido en Zaragoza, este médico psiquiatra y psicólogo desarrolla su profesión en el ámbito clínico y pericial, que compagina con su actividad docente en la Universidad Pablo de Olavide. Ha escrito más de cien artículos en revistas especializadas de medicina, psicología y nutrición, y publicado 17 libros técnicos en español, 2 en inglés, y diversos capítulos de libros en otras obras nacionales e internacionales. El pasado 6 de abril recibió el segundo galardón (ex aequo) del IV Certamen Internacional Felipe VI, por su obra “El amor en la guerra”.

Don Ignacio, gracias por compartir su tiempo con nosotros. Usted ha obtenido el segundo premio, ex aequo, de narrativa “Felipe VI” en esta edición. ¿De qué trata su obra?

Es una reflexión sobre dos grandes cuestiones. Por un lado, la existencia de amor en la guerra, en el sentido de que incluso en grandes masacres, como fue la acontecida en la I Guerra Mundial, cabe encontrar actos profundamente humanitarios, de profundo amor a los demás. En segundo lugar, enlazando con ello, el ejemplo de ayuda humanitaria que supuso la acción, el esfuerzo, llevado a cabo entonces por S.M. el Rey Don Alfonso XIII.

Dado el momento histórico tan convulso que nos ha tocado vivir en nuestro país, parece que recordar hechos como aquél resulta casi un bálsamo.

Naturalmente siempre resulta reconfortante observar que, en momentos críticos, convulsos, de conflagración, hay posibilidad para la bondad y el amor. En medio del mal aparece la mano de alguien que no se espera y ayuda. Resulta muy curioso, en el caso de esa mano generosa del entonces nuestro Rey, que otros acontecimientos borraron el generoso acto del monarca ayudando a miles de personas en aquella guerra. Lo borraron de tal modo que su salida de España es lo que parece haber quedado en la memoria ciudadana, esa que ahora llaman histórica. No sólo ayudó a miles de desvalidos de aquella guerra, sino que tuvo otros muchos gestos humanitarios. Como médico no puedo dejar de mencionar el viaje que, junto con el Dr. Marañón, hizo a la Hurdes a fin de estudiar y tratar de remediar el cretinismo endémico. En nuestro sociedad actual estos recuerdos, sin duda, reconfortan, hacen de bálsamo, consuelo, alivio.

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Hablando de la situación actual, ¿sigue usted con bastante atención la vida político?

Soy una persona actualmente más de radio que de otros medios. El hecho de ir y venir cada día al trabajo escuchando la radio no puede dejar a nadie desinteresado por cuanto ocurre en España. Pero la edad ayuda en muchas cosas. Cuando has visto el devenir de la vida política desde la llegada al trono de S. M. el Rey Don Juan Carlos I hasta ahora, te das cuenta del deterioro (no encuentro otra mejor palabra) progresivo de nuestra clase política (como suele decirse ahora de los políticos). La deriva parece ir en dirección contraria al interés de España y mucho más en la dirección de cada uno de nuestros políticos, de sus ansias y ambiciones de poder. Con las excepciones que correspondan, eso no está sujeto a debate, es una desgraciada realidad.

Por otra parte, da la impresión de que nuestros políticos quieren nuestro voto y nuestro dinero, invocando a un supuesto bienestar que se atrofia pronto tras cada elección. Es necesario recuperar el sentido de Estado y que conceptos como España, patria, bandera, himno, solidaridad, unidad, etc. sean rescatados de tanto egoísmo y afán de poder. El narcisismo ha calado en la vida política y difícilmente deja salir de uno mismo para trabajar, de verdad, en pos de todos.

2598755Parece que en política hay dos grandes posturas, la de quienes viven la misma con fervor (militancia o no) y la de quienes parecen estar al margen por razones diversas.

Quienes la viven con fervor también parecen haber cambiado el perfil. Imagino que muchos políticos de nuestra transición vivían con gran entusiasmo su trabajo político como herramienta para cambiar, mejorar, la sociedad. El fervor actual es distinto. Parece radicar en el ataque al enemigo (pues más parecen enemigos que adversarios), en su permanente descalificación, en la búsqueda de información comprometida para el otro y que pueda ser usada para derribarlo y, si es posible, dejarlo fuera de la vida política. Palabras como honor, honestidad, cumplimiento de la palabra dada, compromiso con España, etc. quedan como expresiones de un legajo antiguo. La reacción ante eso da paso al otro grupo, el de los que suelen decir que pasan de la política. Llega el desencanto. Es peligroso, pues de ese desencanto, a modo de caldo de cultivo, pueden surgir los iluminados de turno. Ahí están todos los llamados populismos.

Creo, sin alarmismo, que estamos en una situación crítica a nivel internacional. Mirando alrededor veremos que Europa estaba mucho más hilvanada que cosida y a la mínima se desgarra. América es un bullicio de intereses con líderes que asombran al mundo por su baja talla, al margen de su estatura. África entera emigra, tiene que comer, el hambre no tiene puertas. En Asia nunca hay paz y siempre hay amenaza. Rusia, China, mafias, tráfico de armas, etc. son vocablos que inquietan. Pero, volviendo a nuestra casa, los políticos siguen en su juego perverso de intereses, personales o de grupo. ¿Y España?

Al hablar de cambios de valores, cabe reflexionar sobre educación. ¿Influye la educación en todo lo comentado?

Confundimos mucho educación y enseñanza. Desde la familia, elemento básico de la sociedad, pilar de la educación, el niño pasaba a la escuela, en la que se le seguía educando al unísono con la familia, y comenzaba su enseñanza. Familia y maestros tenían una autoridad que permitía llevar a cabo el proceso educativo y pedagógico creando pautas, señalando límites y corrigiendo comportamientos desde los primeros años. Lo cual no debe idealizarse por cuanto todo eso se hacia con errores, naturalmente que sí. Pero los errores pueden corregirse. Con el tiempo, a mi modo de ver por políticas muy desacertadas, esa autoridad necesaria para educar y enseñar se ha ido diluyendo. Los niños ahora, también salvo excepciones, se educan sin autoridad, en casa y en la escuela. El niño carece de pautas y límites, y sus desacertadas conductas son difícilmente corregidas al haberse generado un sinfín de trabas para ello. El padre cuestiona al maestro, esté es muy poco apoyado por su directiva, etc. El resultado final en los niños es una bajísima tolerancia a la frustración, una imposibilidad de tolerar el no. Personas así serán luego fácilmente manejables por otros. Tan sólo diciéndoles a todo que sí se les gana, se les tiene. ¿Interesa a alguien este tipo de ciudadanos adocenados?

Recogiendo este último comentario, y para nuestros lectores sepan un poco de su faceta de escritor, que en muchos casos implica ser antes un gran lector, ¿qué libros nunca faltan en su escritorio?

Yo tengo la suerte, presumo de ello, de haber pasado por distintos colegios religiosos. Mi formación viene de los Escolapios, Hermanos de La Salle, Hermanos Corazonistas y finalmente, de los Dominicos. No salí mal parado como alguien pudiera pensar en los tiempos que corren. Creo que gracias a la formación básica que de todos ellos recibí he mantenido vivo el interés por el conocimiento, la curiosidad de saber. En cuanto a la pregunta, podría citar unos cuantos, pero señalaré, en general, libros de novela histórica, especialmente sobre la antigua Corona de Aragón, libros sobre historias de navegación y uno que especialmente me impactó en su día, Rebelión en la Granja de Orwell. Este lo repaso cada día tan sólo mirando a mi alrededor.

Finalmente, permítame que nos refiramos a la Hermandad Nacional Monárquica de España. ¿Qué sentimiento le suscita esta institución?

Cuando una lee en sus estatutos unos fines generales como la defensa y promoción de los valores y la cultura monárquica como vehículos de convivencia social, progreso económico y bienestar para todos los españoles; y unos fines específicos como promover y defender los valores que encarna el Rey, los valores monárquicos recogidos en la Constitución española, proyectar los grandes logros históricos de España y el orgullo de ser español, defender la Unidad territorial de España, y respetar y honrar los símbolos de la Nación y a los que dieron su vida por España, sólo cabe sentirse identificado y, sobre todo, cómodo. En los tiempos que corren, de los que ya hemos hablado, ciertos valores como los que encarna la HNME permiten tener la esperanza de que, pese a muchos intereses personales y territoriales, con una figura, la Monarquía Parlamentaria hoy representada por S. M. el Rey Don Felipe VI, España continuará su gloriosa historia, aprendiendo de sus errores y mejorando para el futuro de quienes nos sigan.

Muchas Gracias por sus alentadoras palabras y Enhorabuena por su Merecido Premio.

Gracias a ustedes por su cariño e interés.

Ana Estevan

Vicepresidenta Segunda

Secretaria Nacional de Educación y Cultura

Directora Adjunta del Periódico Digital “ El Monárquico “


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