domingo, 8 de diciembre de 2019, 16:42
Elmonarquico2015
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EUROPA CONTRA LOS NACIONALISMOS, Por Conde Bevilacqua

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Todos recordamos la Era del Romanticismo surgida a raíz de las Revoluciones de 1848 que cambiaron el sistema de gobierno en Europa y que marcarían los siguientes 70 años.

En esa ola de revoluciones surgieron varias ideas. Liberalismo, la Conciencia del Yo, el anhelo por los tiempos pasados de la Antigüedad Clásica y la búsqueda del amor propio o el amor romántico, pero ante todo surgió una nueva corriente de ideas políticas que aunque se iniciaron principalmente en un marco de utopía romántica y de restauración de la gloria, luego degeneraron en una de las peores ideologías, que junto al comunismo, ha cometido crímenes execrables e inhumanos.  Los nacionalismos.

Las dos Guerras Mundiales estallaron en parte por la influencia que el nacionalismo jugó en las capas más desfavorecidas de la sociedad de finales del siglo XIX y principios del XX. ¿Cómo pretende una nación presumir de origen superior en cultura o raza cuándo en realidad eso origina los odios y sentimientos más repulsivos que la mente humana puede albergar? En ese momento el ser humano se olvida de sí mismo y se convierte en títere del totalitarismo nacionalista.

Cuando un país avanza no es gracias al nacionalismo que separa más que unir a sus gentes, que predica la ignorancia y la destrucción de lo extranjero dentro de sus fronteras, acusándole de ser el culpable de sus males; Si un país avanza es gracias a la colaboración de factores internos y externos. No podemos construir una casa sin las bases de su edificación, pues esta caería abajo.  Un país es igual, pero sin ser unos solos, sino todos.

Recuerden que las Revoluciones de 1848 originaron el principio del Nacionalismo. La patria, ante todo. A raíz de aquello empezarían las guerras de Unificación en Alemania e Italia que culminaron en 1861 y 1871 con la creación del Reino de Italia y el II Imperio Alemán, y que lejos de sellar una convivencia eterna, dejaron una paz mal sellada, constantemente amenazada por la idea de una guerra europea que estallaría en 1914.   La idea de la Nación que supera y subyuga al mundo entero no es vieja, ahí tenemos el Imperio Romano, pero parece que, aunque pasen 2.000 o 100 años el hombre no aprende.

Cuando estalló la II Guerra Mundial el origen de ese conflicto fue exactamente lo mismo que en 1914, pero esta vez llevado a extremos inhumanos.  El fascismo italiano y el nazismo alemán, repugnantes ambas doctrinas, ganaron el poder porque se presentaron como los herederos de la salvación de la patria y de todos los males que la aquejaban, creyéndose los herederos del Imperio Romano y el Imperio Alemán, pero bien sabemos que siempre es peor el remedio que la enfermedad.

En 1922 pese a la mala situación económica (y eso que Italia ganó la I Guerra Mundial) la sociedad italiana era culta y cosmopolita. Lo de fuera era bueno para lo de dentro. Pero la llegada de Mussolini barrió eso para convertirlo en una sociedad hermética, racista y con hambres de imperialismo. En 1933 pasaba lo mismo con la sociedad alemana, que pese a la grave crisis económica que vivía la República de Weimar, era una sociedad tolerante y Berlín una ciudad de fiestas constantes y distintas corrientes artísticas. La victoria de los nazis en las elecciones de ese año fue solo el comienzo de aquella cruel destrucción de la tolerancia y las ganas de venganza por la derrota de Alemania en 1918.

Los siguientes 23 y 12 años en ambos países fueron cruelmente el reflejo de la verdadera cara de los nacionalismos.  Las invasiones de Somalia, Albania, Montenegro Túnez y Etiopía entre 1925-1939 muestran la cara del nacionalismo fascista italiano, lo mismo a decir de las invasiones de Austria, Checoslovaquia, Los Sudestes y Polonia entre 1934-1939 por parte de Alemania, la cara del nacionalsocialismo alemán.  Repulsivos ambos.

Y ahora, corremos en estos tiempos presentes un riesgo de repetir la historia en todo el continente europeo, España incluida. Ante todo, España debe seguir siendo España y Europa debe seguir siendo Europa y el legado de la Unión Europea debe pervivir, pervivir y resistir el auge de los nacionalismos. Miren lo que ha pasado en Hungría y Holanda en donde la extrema derecha se ha hecho con el poder y niegan ayuda al exterior y a las gentes que vienen en busca de un futuro mejor.  Las elecciones de mayo en Europa no pueden marcar una vuelta a los tiempos de 1922-33 porque entonces el ser humano perderá de nuevo su alma y de nuevo el odio ocupará el lugar donde antaño estaba la razón. Y lo mismo aquí ha pasado en Cataluña con el gobierno chovinista de Puigdemont y Torra.

No solo la extrema derecha presenta un peligro para el continente, también lo es la extrema izquierda, y aquí igual en España. Por lo tanto, es esencial que en las elecciones del 28 de abril no ganen ni PODEMOS ni VOX, porque entonces reviviremos los conflictos de la Guerra Civil y el populismo se alzará. El odio destruiría por ambos extremos el legado de 1978. Y la Corona, porque recuerden que pasó en 1923 y 1931. Que no se repitan tampoco.  No, la Corona también debe salvarse y evitar los dardos de los extremismos de ambos bandos.

Recuerden todo esto, porque la historia marca el pasado, sí, pero también el presente y el futuro. De nosotros depende el escribirlo con letras de oro o letras de sangre.

Termino pidiendo que recuerden esta frase de Su Santidad el Papa Juan Pablo II sobre los nacionalismos.

´´Nos encontramos ante un nuevo paganismo: la divinización de la nación. La historia ha demostrado que desde el nacionalismo se pasa rápidamente al totalitarismo y que, cuando los Estados ya no son iguales, las personas terminan por no serlo tampoco. De esta manera, se anula la solidaridad natural entre los pueblos, se pervierte el sentido de las proporciones y se desprecia el principio de la unidad del género humano`` (JUAN PABLO II)

Firmado: Conde Bevilacqua Benedetti (3-IV-2019)


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