domingo, 8 de diciembre de 2019, 01:00
Elmonarquico2015
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A TI, MUJER, QUE DEFIENDES Y NUTRES LOS VALORES DEL EJÉRCITO, FORMANDO PARTE DE UNA MISMA MISIÓN". Por Alfonso J. Jiménez

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En nuestros días, una parte significativa del sistema de valores como comunidad, se ha visto deformado o al menos, da la impresión de encontrarse en una encrucijada existencial. Más, si cabe, en una sociedad laxa desde el punto de vista ético e inexorable con sus propios derechos, en los que la mujer de hoy, tiene que hacer frente a un sinfín de retos y competencias entre las distintas alternativas de vida, en las que debe ser solvente, con la capacidad de decisión.

Toda vez, que, a esta altura de la historia, está más que justificado, que la mujer cuando se lo plantea, alcanza la aspiración deseada, afrontando cualesquiera de los impedimentos que se le presente.

Si bien, aunque concurren pluralidades de patrones familiares que en muchos casos han estado vigentes desde épocas lejanas, éstos, no estaban contemplados ni social ni jurídicamente. Claro está, que los modelos familiares reinantes, se conciben desde distintas vertientes.

Mientras tanto, la relación solidaria entre el Ejército y la sociedad española, se acrecienta por momentos, y, las variaciones sociales que oscilan, han influido de diversos modos en las Fuerzas Armadas, tanto en la hechura de su constitución, como en la reglamentación de las normas establecidas.

Por lo tanto, la culminación en favor de la igualdad y el respeto de los derechos individuales de una Institución impregnada vigorosamente de principios y valores, ha instado a profundos cambios en el ethos cultural.

Como resultado de estas transformaciones, se ha dispuesto con acierto y buen criterio, la reorientación en las estrategias de bienestar familiar, protegiéndose el equilibrio de estos grupos ante los requerimientos consabidos de una profesión inconfundible.

Evidentemente, estas familias al igual que el resto de hogares españoles, muestran rasgos tradicionales. Llevando consigo el cuidado de los hijos, la atención de personas mayores, la tarea de la educación, las decisiones parentales o la determinación en la elección de la promoción profesional, entre otros.

Aunque, también, han de afrontar singularidades en ocasiones complejas, como la relocalización ante un nuevo destino y la inmediata readaptación a ese entorno y medios, o tal vez, las ausencias dilatadas derivadas de las misiones humanitarias.

A ello habría que añadir, que la idiosincrasia de estas familias, le conduce a comprometerse de manera noble al ofrecimiento de una profesión entregada en cuerpo y alma, asumiendo propiamente dos lealtades.

Un primer sentimiento fusionado en el respeto y fidelidad a los principios morales derivados del arraigo castrense, y, por otro, el firme compromiso manifestado con el núcleo familiar.

Entre ambos, se multiplican los denominadores comunes de la dedicación en hechos consumados y los grandes esfuerzos cristalizados.

Entretanto, aunque en la sociedad actual persistan brechas de género pendientes de conquistar, el papel que le corresponde a la mujer, ha ido progresivamente adecuándose, para que pueda formar parte del mercado laboral.

Tanto en el gremio español como en el contorno de las Fuerzas Armadas españolas, la familia y la conciliación en los quehaceres diarios conjugados con esta ocupación, continúan otorgando a la mujer, el rol de cuidadora y de ama de casa, por encima del papel de trabajadora.

Evidencia que confirma, que aún permanecen los estereotipos más tradicionalmente patriarcales sobre la silueta de la unidad familiar.

Toda vez, que se advierte, cierta predisposición a lograr en el interior de las familias la legítima coparentalidad, inclusive, en el caso que ambos materialicen la actividad profesional al margen del hogar.

A pesar de todo, todavía queda muchísimo por avanzar en esta cuestión, aunque parece que son cada vez más los hombres que se incluyen a esta causa, sabiendo establecer el tiempo destinado al compromiso laboral y el momento dedicado a los asuntos familiares. Estableciéndose, del mismo modo, mayor dedicación en la educación de los hijos en igualdad y en el espacio compartido y privado.

En este contexto, la mujer, como primer elemento que diseña la sociedad y que adquiere un encargo esencial en el establecimiento, organización y cuidado de los valores de los individuos que la componen, anhela establecerse útilmente y llevar a término los proyectos de futuro. Con todo, el progreso tecnológico y social que discurre a marcha acelerada, confiere a la mujer la realización de diversas tareas. Entre ellas se podrían mencionar, la de esposa, madre, empleada o ama de casa y en los que cabría distinguirse, la de ser mujer, en mayúsculas.

Al ceñirme en el menester humano de la familia castrense, éstas, toman parte de manera asidua en actos característicos de la Institución, fortaleciéndose los procesos de socialización organizativa y de arraigo en la conservación de valores, como herencia recibida que mejor puede reproducir el espíritu militar de sus miembros.

Esta mujer, como la protagonista principal de este pasaje, ha de aceptar una forma de vida exclusiva, que irá haciendo suya, poco a poco.

Una esposa, que ha de hacer frente a los roles que le impone la escala o cargo de su marido, admitiendo con entereza la movilidad asociada a la profesión. Lo que le lleva a declinar ante oportunidades laborales y formativas, en numerosas ocasiones.

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No quedando al margen de este relato y que realza a la mujer en las vivencias con los hijos, el rol de ama de casa, compañera ejecutiva y de esposa complementaria.

Una mujer, que debe hacerse independiente consigo misma, hasta la adquisición simultánea de los caracteres de madre y sorprendentemente en periodos concretos, de padre, para, en definitiva, convertirse en la anfitriona íntegra del entorno familiar.

Pero para ello, deberá tener un corazón esforzado que se dilata ante las coyunturas de la vida, pero también, un corazón que se inunda de orgullo cada vez que se atisban los éxitos.

Un alma, como la de esta mujer, con latido resistente cuando la tarea se hace demasiado difícil, y, suficientemente espaciosa, para referir “te comprendo”, cuando no es cierto, o, “te quiero”, a pesar de todo.

Tomando como propias y exclusivas, las necesidades del hogar y de la familia, sin desvanecerse de este encaje del entorno de la milicia, el aspecto afectivo y emocional y la disponibilidad sin fisuras, en cuanto a la flexibilidad de los horarios, en los que persistentemente, ahí, siempre está.

De lo que se desprende, que la conciliación de la vida familiar y profesional de los miembros de las Fuerzas Armadas, no es sencilla a nivel colectivo y menos aún, para esta mujer, que debe ajustarse y donarse a unos rasgos claramente definidos y especiales, como los que concurren en esta digna profesión.

Entre ellos cabría hacer mención, el apresto permanente para la consumación del servicio de armas; la ejecución de misiones internacionales; las circunstancias específicas en el desarrollo del servicio o los horarios de trabajo establecidos en razón de la operatividad, y, de las que, sin duda, adquiere especial protagonismo, la labor incomparable que queda en lo oculto, de esta mujer.

Efectivamente, es ella y no es otra, esta mujer la que cada mañana o de madrugada custodia sigilosamente la marcha de su esposo hasta su retorno, viviendo a diario una vivencia rica en sentimientos o colmada de sabores agridulces.

Una mujer empeñada en hacerse cercana ante las determinaciones de la proyección profesional y presta en absorber aquellos triunfos. Sin dejar de lado, como si de ella misma se tratase, aquel jarabe amargo que quizás tuviese que probar, ante los fracasos sobrevenidos.

Por ventura, esta mujer, dejará escapar algún sollozo en la intimidad, acompañado de una lágrima que se despunta, en ese afán por hacer valer a sus hijos que comienzan a reencontrase con la cruda realidad de la sociedad que le apremia, pero, no por ello, desistirá en su empeño de constituirse en el refuerzo empedernido de amor y comprensión.

Una mujer que prosigue con entusiasmo en el adoctrinamiento de los principios morales que, en momentos cruciales y preferentes, transmite como modelo de familia tradicional. Donando lo mejor que posee, las destrezas de una vida íntegra, asentada en el respeto y la verdad.

Así, esta mujer como columna vertebral sobre la que se levantan varias vidas a los ojos de la Madre Patria y en el pensamiento sostenido de ese Soldado de los Ejércitos de España, cumple con finura los numerosos encargos que ella misma se impone.

A pesar de ello, esta mujer es un ser excelso, tan impetuosa y a la vez tan frágil y delicada, siendo amiga, hija, esposa, madre, trabajadora infatigable y emprendedora por antonomasia, que le llevan a ejercer diversos roles en la sociedad de hoy, y, muy especialmente, en las familias adscritas en la esfera castrense, abanderando la entidad doméstica como célula básica que obtiene sus primeros rasgos en el desarrollo e identidad.

Por todo ello, es preciso hacer visible a esta mujer, hoy inmortalizada, representando a todas aquellas mujeres que caminan con pasión, allí donde la manden, acompañando a ese Soldado que ejemplifica a todos los Soldados de los Ejércitos de España y a nuestro primer Soldado, Su Majestad el Rey Felipe VI.

Reconocimiento en estas líneas que hago manifiesto a mi amada esposa Alicia Inmaculada, como al resto de mujeres que cada mañana se retratan en cada uno de los pliegues de la Bandera de España, cuyos matices de esplendores y sombras se hacen sentir con tonos radiantes hasta revelarse, para encomendarse a una superficie desde que el sol la engalana, haciéndola resplandecer y el viento la desdobla meciéndola, poniéndose al servicio de esta gran mujer, para que este Soldado como otros tantos Soldados, pueda proseguir más allá, a pesar de flaquearles las fuerzas, en numerosas ocasiones.

Esposa, que en estas páginas merece la más alta recompensa por el alto precio tributado, posponiendo diariamente los quehaceres domésticos y profesionales, para que su compañero pudiera llevar a término el cumplimiento del deber.

Alma, como la de esta mujer, entregada en cuerpo y espíritu a las peculiaridades de una vida consagrada, en pos de unos ideales comunes, conjurados a servir a la Nación.

Compañera que, aunque no ha llevado ataviado el uniforme militar, se ha constituido en el engranaje de las Fuerzas Armadas, manteniendo vivos los valores del Ejército y formando parte de una misma misión.

Marchando con elegancia allí y acá, donde las directrices de la milicia le han empujado.

Mujer, que jamás ha cuestionado a dónde y cuándo, continuado confiada donde la Patria la ha enviado.

Ofreciéndose a España como modelo de mujer ejemplar, entre los numerosos instantes en los que le ha sido demandado este Soldado, como a otras tantas mujeres, también, otros Soldados de los Ejércitos de España, le fueron implorados.

Colaboradora digna de admiración que ha guardado con fortaleza innumerables ausencias, anhelando con refinamiento el regreso al calor fundido de los hijos. Alentándolos e iluminándolos mientras tanto, con sentimientos de una separación siempre dolorosa, pero aceptada con respeto y disciplina.

Intervalos a retaguardia de un largo caminar como los transitados por esta mujer, escoltado con la complicidad sigilosa y el anonimato prudente, persistiendo ese amor inmenso entregado con ardor y ese apoyo emocional e incondicional facilitado a su esposo, cumpliendo con la promesa de lealtad y de servicio a la Patria, en la que esta mujer, como otras tantas, siempre ha creído.

Argumento y entorno real en los que esta mujer, ha sabido concebir desde el primer instante con la puesta en práctica, una conducta coherente con los principios inseparables a esta forma de vida tan peculiar, aceptando dificultades, contrarrestando adversidades e incluso, admitiendo importantes renuncias.

Pero siendo justo ante Dios y ante los Soldados de todos los tiempos, esta mujer, incansable educadora de la primera escuela de la vida, han sido más los ejemplos magistrales manifestados, los que, a tal fin, le otorgan el verdadero carácter a esta forma tan sobresaliente de obrar.

Por eso, a ti, mujer, como a otras tantas mujeres, vayan estas sinceras palabras de modelo consumado con el amor infinito de madre y esposa, en ese ejercicio implícito de las virtudes inherentes a los Ejércitos de España, en las que te has constituido en derroche de apoyo mutuo, intuición, tolerancia e infinita paciencia para que este Soldado junto a otros tantos Soldados, pudiera recibir la más alta recompensa como ha sido servir y continuar sirviendo sin límites, en una profesión que pasó a convertirse en vocación.

Gracias, mujer y esposa mía, por ser el icono preponderante y virtuoso de este Soldado, con el que te comprometiste en marcar un estilo de vida consagrado al servicio de todos, abanderando con valentía la Defensa Nacional, el amor a la Patria y el nexo de unión entre el Ejército y la sociedad.

Firmado: Alfonso J. JIménez (Julio de 2019).


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