lunes, 9 de diciembre de 2019, 14:23
Elmonarquico2015
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PARECE QUE FUE AYER, POR RAFAEL LLANO DE LA CONCHA

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Cuando hace cinco años S.M. El Rey D. Juan Carlos I de Borbón tomaba la decisión de abdicar en favor de su hijo, el hasta entonces S.A.R. D. Felipe de Borbón, Príncipe de Asturias, pasaba a ocupar, de acuerdo con el orden dinástico, la Jefatura del Estado, los españoles vivimos un nuevo episodio de la historia más reciente que la mayor parte de nosotros sabíamos de su existencia por referencias escritas, pero no habíamos tenido la ocasión de ser testigos directos de la abdicación de un Rey.

Habíamos asistido a la restauración de la Monarquía que traumáticamente había interrumpido su existencia. Asistimos a la muerte de S.A.R. D. Juan de Borbón (Juan III) que hubiera sido de no haberse torcido la historia. Fuimos testigos de numerosos acontecimientos, pero no habíamos vivido una abdicación.

El episodio, al ser inédito, trajo consigo una razonable expectación. D. Juan Carlos había dejado una profunda huella, combinación de espontaneidad y rigor, autoridad y campechanía, respeto generalizado y consideración internacional.

No pasó mucho tiempo para que el Rey Felipe tuviera que dirigirse a los españoles ante gravísimos hechos acontecidos que de prosperar habrían puesto en riesgo la convivencia y la estabilidad. 2017 parecía querer poner a prueba al Rey, como 1981 lo había hecho con su padre el Rey Juan Carlos.

Lo cierto es que, vivido el episodio de 1981, nunca pensé que volvería a vivir algo semejante. Pero la historia se escribe en pasado, y el futuro está por escribirse. Si en 1981 D. Juan Carlos transmitió tranquilidad apoyada en justas dosis de autoridad, en 2017 D. Felipe pasó por un trance semejante al vivido por su padre sin militares de por medio, con firmeza y éxito. Lo vidrioso de la situación derivó en un respaldo incondicional del Rey a la Constitución y a la ley, cuestiones incontrovertibles que volvieron a transmitir tranquilidad y sosiego.

La historia es larga y el tiempo pasa muy rápidamente. Parece que fue ayer, pero ya han pasado cinco años. En este tiempo D. Felipe ha ido ganándose el respeto de los españoles y la consideración en el exterior, en donde la figura del Rey goza de un gran prestigio.

Incertidumbres políticas, vaivenes económicos, transformaciones sociales, tensiones internacionales son componentes de un complejo cóctel con el que día a día se encuentra el Rey.

Sólo la formación y la prudencia pueden garantizar el éxito de un reinado. A mi juicio en estos cinco años, parece que fue ayer, la personalidad del Rey se ha ido asentando entre nosotros, madurando y proyectando seguridad, no rehuyendo de las dificultades, asistiendo incluso a actos en donde por parte de los anfitriones no se le trata con el debido respeto. No digo pleitesía, digo respeto. En este tipo de acontecimientos mantengo la tesis de que el ridículo lo hacen los otros. El Rey está en su sitio.

Todo nació hace cinco años, y parece que fue ayer.

Creo que la historia es una muy buena fuente de consulta. Dicen, con gran acierto, que los pueblos que no respetan la historia corren el riesgo de repetirla. La cuestión es que en general se repiten aquellos capítulos más nefastos de la misma.

El desarrollo y la modernidad son compatibles con las tradiciones. Éstas, fraguadas en el pasado, son la esencia misma de pueblos y civilizaciones. Naciones con un desarrollo pujante, pero carentes de referentes históricos sólidos admiran y respetan a quienes tenemos el privilegio de disponer de ellos. En estos países se tiene un gran respeto al Rey de España.

La historia no se interrumpe, aunque hace cinco años empezamos a escribir otro capítulo con un sosiego digno de mención y sin mayores estridencias.

Parece que fue ayer.

            Rafael Llano de la Concha.

            Comendador de la Hermandad Nacional Monárquica de España.




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