martes, 19 de febrero de 2019, 14:57
Elmonarquico2015
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"Almuerzo sobre la hierba", pone en jaque a la moral Victoriana

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Almuerzo en la hierba                “Le déjeuner sur l’herbe”. Édouard Manet. 1863. Musée d’ Orsay


Émile Zola, en 1867 decía que ”los pintores y especialmente Édouard Manet, no comparten la obsesión de las masas por el tema: para ellos, el tema es sólo un pretexto para pintar, mientras que para las masas, sólo existe el tema” Esta observación nos acerca a la lógica de que para un pintor, la obra que verá el espectador está sometida al acto de pintar. Quizás ocurra lo mismo con los creadores de mundos artísticos tales como la literatura y la música: la creación es el acto más sublime, parodiando al gran caos que pervive en el más inasible de los conceptos del Universo como Infinito.


Édouard Manet pensó en la luz que subyace en los contrastes de vestimenta versus nudismo, cuando pintó “Almuerzo en la hierba”, pero más específicamente en la ruptura de cánones victorianos que atravesaron con su estilete moral la conducta humana. Nada más arduo para burlarse de una anquilosada herida que abrirla a destajo rompiendo estructuras por nuevos modos reales de decir la vida y menos ocultos en el Arte pictórico..


Así se comprende que este cuadro fuera realizado y expuesto por primera vez en el “Salón des Refuses” en 1863, luego de ser rechazado en el Salón Oficial. Sin dudas, fue un lienzo absolutamente incómodo de ver, pues una joven desnuda junto a otros jóvenes vestidos, provocó controvertidas opiniones, incluso desde la óptica cromática, más allá de la compositiva. Su estilo realista no deja de asombrarnos en el Siglo XXI, ya gastado en andariveles de contrastes que se estratifican en la vida cotidiana de cada persona.


Se dice que la idea de esta famosa escena se le ocurrió a Manet, durante una excursión a Argenteuil, lugar por el cual pasa el Sena. La mujer desnuda enfrenta la mirada del espectador , sentada probablemente sobre sus propias vestimentas que acaba de sacarse. Dos modelos posaron para esta imagen: la esposa de Manet, Suzanne Leenhoff y la modelo favorita del pintor Victoria Meurent. Los dos hombres son Gustave,- el hermano de Manet-, y su futuro cuñado, el escultor holandés Ferdinand Leenhoff. Están vestidos con elegancia y como verdaderos dandis e ignoran a la mujer. Esta actitud bohemia y displicente tiene la doble lectura regida por un lado por la naturalidad espléndida del desnudo femenino que transcurre en un ámbito de pasar absolutamente real , natural y por el otro, la pacífica irrealidad escénica, donde lucha la cordial bohemia de dos dandis a quienes se les impone un desnudo femenino que ignoran.


Es probable que el pintor haya querido destruir el mito del erotismo femenino manifestándolo por medio de la indiferencia elegante y acercarnos más a la aceptación del desnudo natural, concepto hermanado con la más pura idiosincrasia de la filosofía naturalista de Zola.


Por otro lado, el uso de la perspectiva aérea en clave moderna, hacen que esta pintura se encuentre entre las obras maestras del Siglo XIX. La mujer del fondo es una modelo frecuente entre los pintores amigos de Manet, de nombre Alexandrine- Gabrielle Meley, que se convertiría más tarde en la esposa de Émile Zola. Algunos detalles puntuales dan la pauta de que la obra no fue pintada en el exterior, sino dentro de un estudio, ya que el fondo aparece resuelto toscamente y no tiene profundidad. Toda la escena es una gran producción imaginada por el pintor quien probablemente usó el recurso de una luz artificial para dar predominio al desnudo femenino y oscureció el resto de la escena, haciendo uso de innovadora técnica fotográfica.


El artista cuyos recursos sirven para la renovación de ideas en pos de un mundo distinto, es un hacedor. Tal el caso de Manet, en esta obra.




Zizi Kessler. Mar del Plata. Argentina.









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