jueves, 27 de junio de 2019, 05:59
Elmonarquico2015
Elmonarquico2015

Irán: La necesidad del Imperio

|



Img Iran


"La pesadumbre me destroza el corazón intensa, intacta, cuando recuerdo aquella mañana de enero de 1979. Un silencio angustiante había caído sobre Teherán, como si nuestra capital pasada a sangre y fuego desde hacía meses, contuviera de pronto el aliento. Aquel 16 de enero partíamos, abandonábamos el país, considerando que la momentánea retirada del rey contribuiría a calmar la insurrección. Partíamos, la decisión la habíamos tomado diez días antes. Oficialmente, emprendíamos el vuelo hacia unas semanas de descanso en el extranjero. Así había querido el rey presentar las cosas. ¿Lo creía?. El inmenso desamparo que yo leía, de vez en cuando en su mirada, me hacía pensar que no. Pero yo lo esperaba, con todas mis fuerzas, sin creerlo tampoco. Era imposible para mí que aquel hombre que acababa de entregar 38 años de su vida a su pueblo, no recuperara su confianza en un día cercano. Bajo su reinado, Irán había accedido al desarrollo, había quemado las etapas; en paz de nuevo, todos estarían obligados a aceptarlo. Yo lo esperaba, sí. Volverían a llamarle y le harían justicia".


Así comienza la Emperatriz Farah Diba, viuda del Shah de Persia, sus memorias, recreando aquel fatídico día en el que aún habiendo perdido todo, mantenía la esperanza de seguir en Irán, de completar la tarea que su esposo y ella habían empezado hacía 16 años. Modernizar un país que en el pasado había sido la cuna de grandes civilizaciones, había aportado avances científicos, artísticos y culturales al mundo occidental y cuya memoria había sido revivida bajo el reinado de los Pahlavi. Cual Ave Fénix que renace de sus cenizas.


Hoy, y 40 años después de aquello, el Fénix aún yace prisionero. Porque el fanatismo de Jomeini pudo destronar a una dinastía, cierto, pero no el alma de Irán, no los ideales que habían sobrevivido a tantos siglos de destrucción e invasiones. No, imposible de creer que haya muerto. Las almas e ideales son algo a prueba de balas y antorchas. Reviven siempre.


Por la historia de Irán, por lo que en el pasado ha sido, debe tener un presente y un futuro en donde el régimen islámico ya no sea más que arena del desierto que se lleva el viento, cual mala plaga que es vencida.


"Había nevado, el acerbo viento de las cumbres del Alborz, levantaba, aquí y allá, torbellinos cristalinos en el sol naciente. La noche había sido tranquila, extrañamente tranquila, de modo que el rey había podido dormir unas horas - ya era algo -. Debilitado por la enfermedad, secretamente minado por los acontecimientos, había adelgazado muchísimo en el último año. Y además en esas últimas semanas, y pese a la Ley Marcial, cada noche, algunos manifestantes habían trepado hasta los tejados, desafiando a los militares, y sus gritos de odio nos habían llegado hasta el palacio. Allah- o Akbar, Marg ba Shah ( Alá es el más grande, muerte al Shah) Yo habría dado cualquier cosa por proteger al rey de esos insultos".


"No teníamos ahora a los niños con nosotros. Las inesperadas visitas de mi pequeña Leila, la mirada tierna de Farahnaz hacia su padre, las bromas y risas de Alí-Reza, extravagancias afectuosamente toleradas por mi marido, habían abandonado el palacio. Yo había retrasado su partida hasta el último momento, presintiendo sin duda que sería el fin de una vida familiar que nos había colmado durante casi veinte años. Nuestro hijo mayor, Reza de 18 años, estaba en Estados Unidos, donde seguía una formación de piloto de caza. Desde allí nos telefoneaba a diario, lo que veía en la televisión americana le preocupaba enormemente"


Familia Imperial Irani

                                     La Familia Imperial en St Moritz en 1974 


El libro sigue relatando la última noche en palacio y la última mañana en la que los recuerdos felices se agolpan en la mente de la Emperatriz. Posteriormente anota que aquella mañana el Shah se había levantado muy temprano y se había encerrado en su despacho a trabajar hasta la hora de la partida, por lo que desayunaron por separado. Luego se dirigió a su despacho en donde uno de sus secretarios le dijo que tomara unas miniaturas que eran suyas.


"Las miniaturas son vuestras Majestad. Tomadlas.

- No, de ninguna manera quiero llevarme nada de esto. Todo tiene que quedarse aquí"


Solo se llevó algunos de sus libros favoritos, persas y franceses, que algunos autores le habían firmado o regalado jefes de estado. Y también unas botas que le gustaba usar para caminar en el campo. Lo mismo hizo con los álbumes familiares. Pero el resto se quedó allí, incluso sus vestidos iraníes y las cintas de casete con las primeras palabras de sus hijos. Hoy en día le gustaría recuperar esos recuerdos. No querían dar la sensación de haberse ido, de haber abandonado la que era su casa, su hogar. El día 12 de febrero el Palacio de Niavarán cayó y la guardia imperial depuso las armas.


Cuando a las diez llegó el momento apareció el Shah, y tanto uno como el otro que se encontraban en el recibidor del palacio se fueron despidiendo de la pareja. Hubo lágrimas. Algunos llevaban allí sirviendo desde los tiempos del padre del Emperador, Reza Shah, y otros habían acudido a la boda de la Emperatriz 20 años antes. Farah Diba recuerda que les dio a cada uno un beso, alguna de sus joyas y dinero, un abrazo. Promesas de que pronto volverían y se haría justicia. Hoy es bien distinto, es la típica situación en que la cabeza nos dice algo y el corazón lo contrario.


Entonces salieron. Hacía un frío glaciar, y en el jardín del palacio les esperaba el helicóptero que les llevaría al aeropuerto que pronto pasaría a llamarse Aeropuerto Imán Jomeini. Atrás dejaron Niavarán con el corazón encogido.


No me recrearé más en un momento de la historia que no solo condenó al exilio a más de un millón y medio de iraníes, sino que condenó a todo una nación al ostracismo. Pronto aquella revolución que se suponía que traería la democracia a Irán originó en escuadrones de la muerte, ejecuciones sumarias, ajustes de cuentas y el aplastamiento de toda oposición al gobierno de Jomeini. Las revoluciones de 2011 en el Mundo Árabe son parecidas a esta, y salvo en el caso de Túnez que lo hizo bien, para el resto ha sido un remedio peor que la enfermedad.


Debemos no solo culpar a Jomeini de este desastre, porque las revoluciones tienen siempre cierto tinte nacionalista, cierto tinte de patriotismo, pero quitémonos la venda de los ojos. Era puro fanatismo. Culpemos también al Panarabismo socialista que llevaba azotando la región de Oriente medio desde hacía veinte años. Esa ideología rechazaba cualquier convivencia cultural que no fuera árabe e islámica. A diferencia de esos países el Irán de los Pahlavi había rescatado la cultura persa que en tiempos de Ciro, Jerjes o Darío se había caracterizado por la adopción de las culturas y religiones de las zonas que habían sido conquistadas. Y en el famoso Cilindro de Ciro se recogían todos los derechos de los ciudadanos del Imperio. Irán fue el primer país que aportó una Carta de Derechos Humanos. ¿Por qué si no lo escogió el Shah como emblema de las festividades de los 2.500 años del Imperio en Persépolis? Deseaba emular a Ciro. 


Cilindro de Ciro

                             Cilindro de Ciro el Grande. Museo de Londres


Las memorias de la Emperatriz recogen en un momento el reconocimiento y la aceptación de los errores cometidos en el pasado, entre ellos la SAVAK. Pero si se habían cometido errores, habían sido solo pensando en el interés y bienestar general de Irán. Por eso es por lo que al marcharse ninguno agachó la cabeza. La mantuvieron en alto, con la convicción de haber trabajado sin descanso por un Irán mejor.


Cuarenta años dan para mucho que pensar, investigar, razonar y dialogar; incluso llegar a una conclusión. Bien he aquí la mía. Creo sinceramente que nada de lo que han contado los revolucionarios respecto a la Emperatriz, respecto a su entorno y a su familia, es cierto. Cuanto más leía respecto a ella y su esposo más los entendían. No malinterpreten esto último, el Shah era un autócrata, pero quería democratizar Irán, pero ¿Cómo se democratiza un país con 2.500 años de absolutismo, dónde además reinaban el sectarismo y el analfabetismo ? La propia Farah Diba lo reconocía así:


"Mi marido quería que la gente estuviera alfabetizada, que tuviera comida y un futuro. Y poco a poco, ir abriéndonos a un sistema democrático, porque eso no se consigue de la noche a la mañana en un país como Irán. A los que dicen que íbamos demasiado deprisa, yo les pregunto, ¿y cuál se supone que es la velocidad correcta?".


Bien es cierto que después de exiliar a Jomeini en 1963 el Shah dejó de prestar atención a los religiosos, y estos se aliaron con los comunistas en 1978 para hacer estallar al país en mil pedazos. Fue la maldita alianza del rojo y el negro como la llamaría luego el monarca. Aquello fue un error de cálculo imperdonable.


El sha

                                   El Sha y la Emperatriz abandonan Irán


Pero incluso ahora, y pese al horror que aún viven, no debemos juzgar a los iraníes. Muchos de ellos adoran nuestro estilo de vida; y por poner ejemplos diré que la poesía de Lorca es bien conocida entre ellos. Pese a estar censurada en Teherán esta es pasada por debajo de las manos de cada iraní. Muchos al ver la serie de Águila Roja se enamoraron de España y su historia, especialmente del Madrid de los Austrias y ahora estudian historia del arte en varias de nuestras universidades. Todo ello, unido a su vez, en una desenfrenada lucha por restaurar el país que un día estuvo a la cabeza de los más avanzados. Es el deseo de muchos iraníes, de unir Irán con el mundo occidental. Por su posición geográfica Irán es la puerta de Occidente a su vez que la de Oriente.


El mismo Shah soñaba con ello. Irán debía ser un puente que uniera algún día dos mundos. Por eso puso en marcha aquel programa reformista, tan censurado por sus detractores. 


Por ello es necesario el triunfo de las manifestaciones, protestas y huelgas que llevan azotando Irán desde hace 13 meses y las cuales, hasta la fecha, han causado 55 muertos y más de 4.972 arrestados. Porque hay un propósito. Libertad y avance. Y cuando el enemigo, el tirano, está siendo acorralado cada vez más, emplea toda su fuerza bruta sin ser consciente de que la está malgastando hasta quedarse sin recursos.


El sueño del Imperio, la necesidad del Imperio, sí. Pero no me refiero a un Imperio dinástico, basado en tronos, coronas o guerras o un Imperio de tierra u oro negro. Sino un Imperio de paz, apertura al mundo, de inteligencia y cultura y de igualdad legal para todos. Cada iraní con su idioma, religión y ascendencia puede de nuevo dar vida al fuego del Fénix. El pilar básico de esa restauración imperial ha de ser la historia de Irán y las dinastías que lo reinaron, los artistas que cantaron en sus jardines, las epopeyas que los escritores escribieron y los poetas recitaron. Seguir el ejemplo de Ciro, Darío, Jerjes, Alejandro Magno, Antíoco el Grande, Abbas el Grande o Mohammad Reza Pahlavi y asentar las bases de un futuro por y para todas las futuras generaciones del pueblo de Irán. Hay algo de lo que no me cabe duda y es que dentro de cada iraní hay un Emperador o una Emperatriz.



Djavid Iran

Djavid Dowlat-e Shâhanshâhi-ye Irân


¡Viva Irán!

¡Viva el Imperio Iraní!













Deja tu comentario

Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.