sábado, 25 de mayo de 2019, 01:19
Elmonarquico2015
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La hidalguía, una institución entroncada en la historia de España

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Las Siete Partidas


El inicio de la Reconquista, tras la entrada de los árabes en la península ibérica, supuso el comienzo de una realidad que no surgió en ningún otro país de nuestro entorno europeo: la hidalguía. 


La conquista del reino visigodo de la península Ibérica, por dirigentes musulmanes del Califato Omeya, fue un proceso largo, que duró quince años, del 711 al 726, en el que se llegó a tomar la casi totalidad de la península ibérica y parte del sur de la actual Francia; si bien lo que era el territorio peninsular del reino visigodo estaba ya conquistado en el 720.


Cuando los árabes fueron penetrando en la península muchos nobles hispano romanos e hispano visigodos huyeron a las montañas del norte donde se hizo fuerte un pequeño reducto cristiano. Antes no existían los hidalgos en el reino visigodo. Es a partir de ahora cuando, al conquistar las tierras, durante el proceso reconquistador, los hidalgos, descendientes de aquellos hispanoromanos e hispanovisigodos que huyeron al norte, se van asentando en los territorios repoblados.


La doctrina tradicional afirma, pues, que los primitivos hidalgos eran los guerreros que hacían la guerra contra el infiel, que reconquistaron la península a los árabes y que en virtud de esta actitud guerrera fueron honrados por los reyes con numerosas franquezas y mercedes. Esta condición social llevaba aparejados ciertos deberes y privilegios. Era su obligación mantener caballo y armas, así como recibir periódicamente preparación militar, a fin de acudir a la guerra en el momento en el que el Rey le llamase.


Frente a ellos los hombres llanos, también llamados hombres buenos o pecheros, fueron aquellos hispano romanos e hispano visigodos que no quisieron dejar sus haciendas en la zona conquistada por los musulmanes, que cultivaban las tierras y cuidaban del ganado, contribuyendo con su trabajo personal y con los tributos y pechos al mantenimiento de las constantes guerras.


Las Partidas del Rey Alfonso X “El Sabio” definen claramente la hidalguía: “es la nobleza que le viene a los homes por linage”. Y el monarca añade: “e por esto sobre todas cosas cataron homes que fuesen de buen linaje, e porque se guardasen de facer cossa porque pudieren caer en vergüenza, e porque estos fueron escogidos de buenos lugares e con algo, que quiere decir en lenguaje de España, como bien: por eso les llamamos fijosdalgos que demuestra tanto como fijos de bien”.  El propio rey Sabio dice que los reyes “pueden dar honra de fijosdalgo a los que no lo fueran por linage” o lo que es lo mismo, los reyes pueden crear nobles pero no hacer hidalgos, porque no pueden alterar la calidad de las generaciones anteriores de la persona a la que quieren honrar. Una de las características de la hidalguía es su perpetuidad, ya que el hidalgo lo era desde su nacimiento hasta su muerte, sin que pudiera ser privado de ella por su soberano.


El hidalgo no podía renunciar a la hidalguía en ningún caso. Era innata a su persona. Lo que si podía ocurrir es que, habiendo llegado a tal nivel de pobreza, podía renunciar ante las autoridades locales a los privilegios exenciones y preeminencias.


Los Hidalgos estaban excusados de pagar pechos, es decir impuestos directos, no podían ser hechos prisioneros por deuda, ni recibir tormento. No se les tomaba por deudas la casa en que habitaban, ni armas ni caballos. Tenían cárcel separada de los que no lo eran y otros privilegios sociales como preeminencia en las iglesias.


En sus inicios, entonces, el título surgió como un reconocimiento. Pero a lo largo de los años, su uso se fue extendiendo en forma descontrolada, y los monarcas, a cambio de algún beneficio económico personal, nombraban hidalgos a cuantos les resultaba conveniente. Fue con la llegada de la Ilustración y los Borbones cuando comenzó una reforma en profundidad de la hacienda pública, que tuvo como una de sus consecuencias la limitación de este tipo de nombramientos, ya que por entonces más de medio millón de personas gozaba de exenciones tributarias basadas en este título.


A diferencia de la España meridional, en el norte el número de nobles era elevado y sus diferencias con el pueblo llano, escasas, habiendo sido en sí reformada su sociedad desde un principio por motivos históricos y demográficos como auténticas milicias para la manutención de las huestes reales. En Asturias los hidalgos llegaron a ser casi un 80 por cien de la población, y en el caso de Cantabria esta cifra fue aún mayor, alcanzando el 83 por cien en el siglo XVI y superando el 90 por cien en torno a 1740. En Álava, el Señorío de Vizcaya y en Guipúzcoa existía también el llamado derecho de hidalguía universal, en virtud del cual todos los vizcaínos y todos los guipuzcoanos nacían hidalgos.


Jaime Luis Ortiz de Loza














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