lunes, 17 de diciembre de 2018, 12:08
Elmonarquico2015
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40 AÑOS DESPUÉS.

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Foto rafael llano

Corría el mes de Diciembre de 1977 cuando se culminaba un largo proceso de negociaciones y debates, dentro un ambiente generalizado de pacto y consenso, el resultado, esperado con ilusión por muchos, fue la aprobación de la Ley para la Reforma Política, con lo que se ponía punto y final a una etapa, que algunos se han empeñado en desenterrar. Torpe decisión.


Aquello abría la puerta a otro proceso que desembocó en la aprobación de la Constitución un año después, que requirió renuncias por parte de todos que pusieron de manifiesto la generosidad de los intervinientes, desde la derecha a la izquierda, equilibrados por El Centro. El puedo prometer y prometo culminaba con éxito. La reconciliación era un hecho. Atrás quedaban páginas de la historia que, a mi juicio, nunca debieron escribirse. El sufrimiento y la desunión en familias y amigos no tienen justificación posible. Todo aquello se superó con éxito, las trabas e inconvenientes se resolvieron con acierto, quedó demostrado que las renuncias, los sacrificios y el entendimiento son componentes más recomendables que el rencor y las divergencias. Habían llegado el consenso y el talante, como términos escasamente empleados hasta aquella fecha.


Han pasado cuarenta años, no exentos de dificultades, en los que España ha tenido una evolución impensable en todos los aspectos. Buena parte de los artífices de todo este proceso ya no están con nosotros, pero están presentes en el recuerdo de todos. Consiguieron limar asperezas, superar diferencias y potenciar concordancias. Tuvieron un gran mérito y nunca les sabremos agradecer su impagable labor.


Nuestra transición fue modélica, a juzgar por las opiniones vertidas sobre el caso, tanto desde dentro como desde fuera. España tiene credibilidad y prestigio, y eso se comprueba mejor cuando estás fuera. Doy fe de ello. 


En distintos países de Hispanoamérica que he visitado se nos respeta y considera. Cuando en el curso de una conversación sale este tema, las opiniones suelen ser convergentes y destacan el reconocimiento hacia los líderes del momento, Manuel Fraga, Adolfo Suárez, Felipe González o Santiago Carrillo son referentes en el posicionamiento y práctica de pasar la página buscando la ansiada y recomendable reconciliación.


Esta es una de las componentes más destacadas, a mi juicio, que arrastra la Constitución. También torpemente se ha querido revolver en la parte más traumática de nuestra historia, cuando ya se habían sosegado las aguas gracias a la ya manifestada generosidad de los políticos del momento.


A mi juicio esto es poco discutible, pero no debemos perder de vista que, en contra de lo que algunos se empeñan en distorsionar, aquella orquesta tuvo un gran director. A mi juicio S. M. El Rey, ya dejó claro en el discurso del 22 de Noviembre de 1975 que iba a ser "Rey de todos los españoles", y sinceramente creo que ha llevado a cabo su labor tomando esto como guía.

Si es de justicia reconocer a los Fraga, Suárez, González y Carrillo, junto a sus leales, el esfuerzo de convergencia que dio como resultado la Constitución que hoy tenemos, no es menos cierto que el discreto pero eficiente papel de Don Juan Carlos es una componente fundamental para terminar con aquella aberración de las dos Españas. Todos adquirieron sus compromisos y asumieron sus responsabilidades, corrieron sus riesgos pero al final tuvimos, y digo tuvimos, los frutos. Nunca les agradeceremos en su justa medida este trabajo.


Las personas de mi edad no podemos desprendernos de nuestras vivencias:

No vivimos la guerra civil. Yo no quiero oír hablar de ella. En nuestra casa no hay ningún libro que trate ese tema, ni de un color ni de otro. En mi familia, por lo que he escuchado, hay suficientes ejemplos como para entender de que lo mejor que se puede hacer es pasar la página, por muy doloroso que sea a nivel personal en muchos casos concretos. No se puede estar revolviendo permanentemente las miserias.


Vivimos el aislamiento internacional, la visita de Eisenhower, la llegada del hombre a la luna, el triunfo de la revolución castrista, la guerra de Viet Nam, la crisis de los misiles de Cuba, el asesinato de John Fitzgerald Kennedy y de su hermano Bob, la guerra de los 6 días, el Mayo francés, la Revolución de los claveles, la perestroika de Gorbachov, el bloqueo de Occidente por los países de la OPEP en el 1973, con imágenes dantescas de ciudades fantasma sin coches, sin transporte sin alumbrado (un caos), la caída del muro de Berlín y la desmembración de la URSS, y un sinfín de acontecimientos que harían la lista interminable.


Y en el año 1975 vivimos el fin del Franquismo con la muerte de Franco. A partir de ahí se suceden una serie de acontecimientos que han sido analizados con profusión en diferentes medios y en distintos momentos. Hay que tratar de comprender que un universitario de aquellos años nunca tuvo ocasión de respirar los aromas de la libertad, sencillamente porque ésta no existía en España. Por el contrario, las incipientes salidas al extranjero, por motivos de estudio o vacaciones te proporcionaban unas referencias envidiables de situaciones utópicas, y unos deseos incontenibles de llegar a ese estatus, que en el espacio no estaban tan lejos y en el tiempo no tenían referente porque se nos había parado el reloj.


Las personas de mi edad, que vivimos en directo toda la transición, y algunos tomamos parte activa en este proceso, en la medida de nuestras posibilidades, valoramos enormemente los pasos que se dieron y no podemos más que demostrar nuestro reconocimiento hacia todos, y digo reiteradamente todos, aquellos que con sus renuncias y sacrificios hicieron posible esta convivencia y la extraordinaria evolución habida en estos cuarenta años. Insisto hacia todos ellos mi más profunda consideración como miembros de esa orquesta virtual. Hacia su director, S.M. El Rey mi más absoluta fidelidad, en sintonía con una inmensa mayoría de compatriotas.


Rafael Llano de la Concha.

Comendador de la Hermandad Nacional Monárquica de España.










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