lunes, 17 de diciembre de 2018, 11:45
Elmonarquico2015
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Prudencia

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“El valor es hijo de la prudencia, no de la temeridad”

(Pedro Calderón De La Barca)

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JuanA.Pellicer

Prudencia como base de felicidad


Se dice de la prudencia que es la virtud de actuar de manera justa y adecuada, empleando en nuestra forma de comunicación un lenguaje diáfano y fácilmente entendible, así como mostrando una actitudcimentada en el respeto a los sentimientos y las libertades. Podríamos añadir que la prudencia es el arte de actuar con la suficiente diligencia en evitación de daños a terceros, lo que nos lleva a ponderar la importancia del conocimiento respecto de nuestras acciones, no en vano “la prudencia es el más excelso de todos los bienes" que decía el filósofo. Seguramente sea ella, la prudencia, la que nos ayude a ser un poco mejores, caso evidentemente que ello sea uno de nuestros objetivos vitales.


La aproximación a esta buena práctica llamada prudencia llega consecuencia de la recepción de tu carta querido amigo Marcos, la cuál agradezco por cuanto me permite darme un baño en el proceloso océano de las simples reflexiones.


Dices que de un tiempo a esta parte vienes observando, “sientes” - llegas a afirmar-, que en algunos comportamientos, reacciones, modos y formas no sólo de comunicación, sino también de relación, detectas signos donde la temeridad, la insensatez, la osadía o el atrevimiento son la moneda de cambio en este cambalache desmadrado llamado convivencia.


Ambos, mi querido amigo, disponemos, entre otros muchos que nos podrían servir de referente y sustento emocional o conductual, de un antecedente literario donde encontrar algunas respuestas a las inquietudes, más aún, a las dudas que respecto a una (esta) realidad inevitablemente te (nos) surgen. Me estoy refiriendo a la llamada Generación del 98, corriente literaria hija del desencanto y la aparente decadencia de una sociedad. Estudiosos, críticos de aquí y allá abordando desde todas las perspectivasposibles las circunstancias, influencias, y repercusiones en la historia reciente de nuestra literatura, sus protagonistas, etc. Todos sin duda han sabido extraer la esencia de lo que esta corriente ha supuesto para las generaciones venideras.


Es por ello que sin querer emular a los citados, ni tan siquiera albergar ningún afán de sorpresa, si me gustaría entresacar lo que, además de las más valiosas conclusiones nunca sobradamente estudiadas, para mi tiene otro especial significado. Veamos.


Podríamos decir a modo de síntesis, que un grupo de escritores, motivados por una realidad mantienen una actitud semejante cuyo denominador común es precisamente la oposición a los problemas que a todos afectan. Podríamos decir también que, inquietos y comprometidos ante una realidad concreta (seguramente muy similar a la que dibujas con tus letras), se preocupan por encontrar lo que para ellos no es sino la verdadera esencia de la sociedad que les tocó vivir y por supuesto el sentido de la vida.


Dicen los estudiosos que para ello, para afrontar esta más que loable batalla sin cuartel, emplean tres armas ante las que resulta imposible enfrentarse: La Literatura, La Historia y la Naturaleza.


Llegan los padres de la generación del 98 a la asunción de un estilo basado en la sencillez de su lenguaje literario, en un intento seguramente no sólo porllegar sino también por hacerse entender, empleando para ello un vocabulario adecuado y acorde con lo que desean expresar, donde predominan las construcciones sintácticas simples y concisas huyendo de textos largos y susceptibles de ser mal interpretados, o sencillamente, no interpretados.


Hablamos de poetas y escritores a los que tanto les debemos. Poetas y escritores a los que hoy, desde dentro y fuera de nuestras fronteras, reconocemos el mérito y la grandeza tanto de su vida como de su obra.


En ellos, la prudencia mi querido amigo, también se hizo patente. Recuerda sino la anécdota de don Miguel de Unamuno cuando alguien en mitad de una conferencia le insinuó cómo pronunciar correctamente la palabra Shakespeare, a lo que el escritor y filósofo respondió continuando dando toda la conferencia en un perfecto e impecable inglés. Lo cual supuso un extraordinaria lección, además de inglés, sobre todo de prudencia.


O qué decir, hablando de prudencia, de este aforismo de Azorín, otros de los insignes de esta generación: “Si lo pensamos, veremos que muchos de los disgustos que nos sobrevienen lo son por palabras innecesarias”.


O este otro de Pio Baroja, donde también desde la prudencia parece advertirnos: “A una colectividad se le engaña siempre mejor que a un hombre”.


“Yo marcho solo con mis leones y la certeza de ser quien soy”.Con esta rotundidad y claridad nos lleva Valle Inclán a encontrar la fortaleza que hay en nuestro interior. Prudencia en la búsqueda, grandeza para vivirla –añadiría yo-.


Seguramente el mejor regalo que te puedo dejar hablando de prudencia lo sean estos versos de don Antonio Machado que seguramente tan familiares te suenan. Con ellos, o mejor dicho, perdido entre ellos comprenderemos que seguramente y como otro pensador dijo, “la prudencia es la base de la felicidad”.


Caminante se hace camino al andar


Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.



Juan A. PELLICER

(J. de Molay)










1 Comentarios

1

Excelente texto sobre la prudencia que nos hace reflexionar .Es para releer y compartir en cada ocasión disponible pues actuando con prudencia se evitarian tantas dificultades en las relaciones en que está imbuida la sociedad humana. Aplausos Juan, un texto de construcción impecable.

escrito por Susana Roberts 14/dic/18    11:45

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