martes, 15 de octubre de 2019, 17:59
Elmonarquico2015
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Black & White do Brasil

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Blak




Zizi

Estoy en viaje de Joao Pessoa a Maceió. Voy por la ruta que atraviesa el corazón de la genuina Brasil. Cerca de Recife, el tránsito se densifica abruptamente y todo pasa de la paz a la guerra por el espacio, en un abrir y cerrar de ojos: los autos se cruzan de uno a otro carril sin pensar en los de atrás y una larga fila de infractores sin prejuicios, avanza por laterales levantando polvo y piedrecillas a su paso, entre montículos de basurales mientras comprendo que uno conduce un auto de la misma forma con que se conduce en la vida. 


Algunos peatones aparecidos en la bruma de la tierra, me hablan de que eso es rutinario. 


Entre las filas triples de autos, por estrechos pasadizos, incesante peregrinación de hombres y mujeres de diversas edades ofrecen productos frescos a la aletargada fila de carros. Esto también es Brasil, el motor impulsor económico de América Latina.


Salgo de Recife y aparecen hermosas lomadas de vegetación densa y tropical. Una fina llovizna se ríe de mi cámara fotográfica y Xéixu pasa ante mis ojos como una lágrima negra enrejada en la profunda pobreza del Brasil interior. Freixeiras asoma entonces recordándome que hay copias estructurales de los pequeños pueblos italianos.


Praia da Ponta Verde, Maceió. La mañana estalla temprano, cuando aún el sueño paga su deuda al día.. No hay mucha gente en la playa y una inmensa avanzada de algas verdes y marrones prohíben el disfrute de la fina arena. La mar duerme en una bajamar rotunda. Estas playas, publicitadas como las más bellas del Cono Sur americano, me hablan de otra cosa. Algunos caminan como yo, por una costanera prolija y muy extensa, donde dibujan sombras fugaces castigadas palmeras echadas hacia un mismo lado, domadas por el viento. Un señor me ofrece encantadora vestimenta playera al precio de Galerías Lafayette de París mientras una inmensa grúa corta la avenida principal en su tarea de colgar carteles navideños, totalmente ajena a un tránsito feroz por estas horas.


Los cocos me miran indiferentes a la espera que sorba su blanco elixir y en el piso, varios hombres duermen aún sobre colchones bajo endebles aleros donde se venden frutos frescos, delante de cadenas de hoteles cinco estrellas.


Mediodía. Un sofisticado Rodizio me recibe en un ambiente donde la variedad y la calidad empatan con los precios. El sushi se ofrece en ordenadas hileras, cerca del salmón, camarones y otras variedades de frutos del mar, quesos locales y franceses: apenas degusto un bocado y comienza la rueda de camareros con sus variedades inagotables de carnes de la región. Todos ellos giran por las mesas, ofreciendo a los comensales delicias del paladar. A la salida, un joven apurado cruza la costanera y me dice que ha estado cuidando sigilosamente el carro, por lo que pago su mentira con una propina.


Es de noche . Casi el nuevo día. En el balcón del hotel, la luna me hace guiños enredada en la bruma marina. Un intenso y constante ruido de plásticos arrojados violentamente a la calle roba mi atención. Dos hombres de raza negra abren a destajo grandes bolsas de residuos, seleccionan botellas de plástico y las arrojan displicentemente a la desierta calle que en pocos minutos queda tapada por una inmensa torre , al son de un castañeteo agudo y constante. Los veo como delante de una gran pantalla que es la vida. Ahora, no cesan de sacar latas que son arrojadas sobre la acera.


De pronto, ingresa a contramano un elegante auto alemán que hace señas de luces y toca el claxon sin parar, ante lo cual, ambos hombres le arrojan brutalmente botellas y latas como una lluvia de proyectiles. El auto retrocede y desaparece, ahora por la mano correcta. Regreso a mi dormitorio y cierro los ojos, mientras da vuelta en mi cerebro el reverso de la pulcritud , la elegancia y el bienestar en la faz de la pobreza y de la violencia en su más genuina expresión.


En la cálida tarde del nuevo día, la piscina del elegante hotel compite con la playa, ofreciendo comodidades diversas como sauna y gimnasio entre otras bondades. Un grupo de brasileños arriban con una botella de champagne que beben directamente de la misma, sumergidos en los vaivenes de las aguas transparentes. Avasallan el espacio con música ensordecedora y festejan la vida a su estilo. Van y vienen los camareros en su discreto trabajo. De pronto, el cielo envía un inesperado chubasco y el lugar es un desierto en cinco segundos. El cambio me asombra: los festejantes huyen de la efímera lluvia sumergidos en su cultura de acomodarse a los cambios rápidamente para no pensar demasiado.


Me quedo sola y en un instante, reaparece el sol insolente e irrepetible en su estilo tropical. Una camarera con rasgos nativos , se acerca y me pregunta:


- VC ¿necesita algo?.


- Sí, escribir…le respondo suavemente.


Y en su rostro de dulce luna, siento que Brasil me sonríe…



ESCRITO EN MACEIÓ, BRASIL 23 DE NOVIEMBRE 2018



Zizi Kessler. 










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2 Comentarios

1

En la presente entrega, nos encontramos con una escritora de fuste, que tiene profundas raíces también en el 'periodismo' verdadero, pues en su excelsa nota nos describe por un lado, costumbres e idiosincrasia del país hermano,y sus habitantes, y por el otro nos regala un análisis de las luces y sombras de este gigante de América, donde tal vez subyacen todavía aquellas palabras con que el escritor Uruguayo 'Eduardo Galeano' tituló su legendaria obra... "Las venas abiertas de América Latina". A través de la pluma y el talento de Zizi Kessler, hemos podido vivenciar su relato como si hubiéramos sido protagonistas del mismo, con aquella inmensa luna del Brasil... La ilustración que acompaña a la nota, pinta y expresa magistralmente el "Black & White" de nuestros hermanos y su país, por lo que huelgan las palabras. Es que ella es, sin dudas, también una cronista de lujo. Gustavo Mariano Conti

escrito por Gustavo Mariano Conti 27/nov/18    00:47
2

Excelente nota, que con muy buena redacción detalla en forma amena y atrapante, todas las situaciones que se pueden encontrar en un viaje, cuando se observan las cosas como a través del objetivo de una cámara.

escrito por Ricardo Pagliaro 26/nov/18    16:33

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