lunes, 17 de diciembre de 2018, 10:25
Elmonarquico2015
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La Emperatriz Zita, la fuerte

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Zita la fuerte

                      Carlos I/IV y Zita de Borbón-Parma, últimos emperadores de Austria


                                          


Conde Bevilacqua Bennedetti

Perteneciente a la rama Carlista de los Borbón-Parma y dotada de una gran agudeza e inteligencia, Zita de Borbón-Parma ha pasado a la historia no solo por ser la última Emperatriz de Austria-Hungría; si no por haberse convertido en el bastión que mantuvo en alto el Pabellón de la Familia Imperial cuando esta fue exiliada, privada de sus títulos y propiedades y velando por los derechos sucesorios de su hijo Otto al morir su padre.


A diferencia de la Emperatriz Sissí, que nunca amó la corte , que era soñadora, y cuyo reinado duró 44 años el de Zita apenas duró 2. Sin embargo siendo tan joven como Sissí cuando se casó, Zita fue la Primera Dama de la Corte durante muchos años, y al contrario que su predecesora, mostró un gran sentido del deber y responsabilidad para con la Corona, y fue un pilar de resistencia moral para los soldados a los que visitó en el frente y hospitales cuando ya era emperatriz y al imperio apenas le quedaban 2 años de vida.


La Archiduquesa

La última emperatriz nacería en Camaiore, Luca, Italia, el 9 de mayo de 1892. Era hija de Roberto I de Parma y de la Infanta María Antonia de Braganza, duquesa de Parma. El abuelo materno de Zita era el depuesto Rey de Portuga,l Miguel I, que había sido expulsado del trono en 1832. Parecía que el haber nacido en una familia de exiliados marcaría el futuro de Zita desde el principio.


Como hija de princesa y nieta de reyes Zita fue criada junto con sus 11 hermanos y desde pequeña sintió un profundo apego y devoción por la religión, hasta el punto en que pensó en hacerse monja, pero el destino le tenía reservado un papel mejor en la historia.


Zita se casó con el Archiduque Carlos, sobrino-nieto del Emperador Francisco José, en 1911. Esos años hasta 1914, fueron los más felices de Zita, quien amaba a su marido y a quien dio ocho hijos.


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                                                                       Boda de Carlos y Zita


1914 Europa tiembla

Con el asesinato de Francisco Fernando y su esposa en Sarajevo, el Imperio Austro-Húngaro le declaró la guerra a Serbia, y un mes después toda Europa se sumó al conflicto. Pero el atentado de Sarajevo no solo provocó una guerra, ahora Carlos y Zita eran los herederos al trono imperial.


Si bien en un principio y hasta 1916 el imperio estuvo ganando la guerra la situación cambió el 21 de noviembre de aquel año, cuando tras 68 de reinado, murió el emperador Francisco José a quien Zita, después de su esposo, siempre se mantuvo muy unida. Con solo 29 y 24 años Carlos y Zita eran ahora los nuevos monarcas de la decaída monarquía dual.


1916-1918 Su Majestad Imperial la Emperatriz

La coronación de Carlos y Zita tuvo lugar en la víspera de año nuevo, el 30 de diciembre de 1916, en Budapest. Debido a la guerra se suspendieron los bailes y recepciones que en tiempos de paz habían tenido lugar en la Corte y solo se dio un banquete en el Castillo de Buda, lo que puso de manifiesto el declive final del Imperio.


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Desde su subida al trono tanto Carlos como Zita trataron de sacar al Imperio de la guerra, pues sabían que no podría sobrevivir a menos que consiguieran una paz justa y un pacto con los aliados, pero estando Austria aliada con el Imperio Alemán aquello suponía un riesgo demasiado grave. La razón principal que les llevó a ello fue la situación económica del país, que no paraba de empeorar, con una alta inflación, descontento masivo entre los campesinos por las expropiaciones de guerra, y fuerte rechazo de los sindicatos obreros a la militarización de la industria. Al desvanecerse a fines de 1916 la posibilidad de que Rusia pudiera invadir Austria-Hungría, se hizo evidente que Alemania era la fuerza dominante de los Imperios Centrales en lo político y lo militar, provocando una nueva causa de descontento entre la población eslava del Imperio. El propio emperador deseaba la paz por la convicción personal de que la sangría humana del conflicto podría continuar durante mucho tiempo más. Zita jugó un papel primordial en los asuntos de estado pues presidía con su esposo las sesiones del consejo de ministros y creó un ministerio de obras y asuntos sociales y redujeron el estilo de vida de la corte para poder ayudar a las capas de la población más afectadas por la guerra. Algunos periódicos republicanos reconocieron la buena labor de la pareja imperial, llamándoles en sus portadas “Los Emperadores del pueblo’’, lo que provocó las burlas de la aristocracia.


La situación para 1917 era bastante grave. Habiendo tenido lugar la Revolución Rusa Carlos y Zita sabían que era cuestión de tiempo que su corona corriera la misma suerte que la de Nicolás II. El emperador entonces contactó en secreto con Francia para sacar al Imperio de la Guerra, a la vez que el país galo se comprometía a respetar la continuidad de Austria-Hungría como país centro-europeo. Pero aquellas conversaciones y pactos fueron descubiertas por Alemania. Carlos para evitar una invasión de su país por parte de Guillermo II tuvo que viajar hasta Alemania para contener la situación, aquel fallido intento perjudicó la imagen del monarca a nivel internacional. A lo largo del año 1917 y la primera mitad de 1918 , Carlos promulgó diversas normas destinadas a mitigar el descontento social de la clase obrera de su Imperio, suavizando las severas leyes marciales aprobadas al inicio de la guerra. No obstante, la contienda proseguía y por tanto las medidas tomadas por el emperador apenas eran paliativos de una grave situación interna.


Tras el hundimiento del frente búlgaro en septiembre de 1918, Carlos decidió llevar a cabo drásticas medidas reformistas para convencer a la Triple Entente que el Imperio Austro-húngaro debía salvarse, o al menos mantenerse como una federación de estados independientes. Con ayuda de sus asesores y del consejo de ministros, Carlos I definió un plan de federalización del país, que se hizo público en octubre de 1918. En él, el imperio se convertía en una Confederación donde sus miembros mantenían plena autonomía política, económica y militar, compartiendo únicamente la jefatura del Estado. Estos intentos llegaron demasiado tarde y los consejos nacionales que Carlos fomentó entre las distintas nacionalidades optaron por abandonar al gobierno de Viena, en vez de adaptar el plan del emperador.


El 11 de noviembre de 1918 llegó el final de la Guerra, la derrota del frente austro-húngaro y el final del Imperio. Al día siguiente Carlos y Zita abandonaron el palacio imperial y ese mismo día se proclamó la I República Austriaca. El nuevo gobierno promulgó la Ley Habsburgo en la cual si la antigua Familia Imperial reconocía al nuevo gobierno, podían permanecer en el país renunciando a sus derechos y títulos. Algunos lo hicieron, pero ni Carlos ni Zita aceptaron ni reconocieron a la República como nueva forma de estado. Inmediatamente se les mandó al exilio y sus propiedades fueron confiscadas.


1921 El Intento Húngaro

La Familia Imperial se alojó en Suiza junto al Lago Lerman en donde la emperatriz dio a luz a su sexto hijo en una villa. Pero ni Zita ni Carlos estaban dispuestos a vivir exiliados. Intentaron recuperar el trono de Hungría, en donde aún había suficientes partidarios de la dinastía, pero Hungría se separó oficialmente en 1919 de Austria y en 1920 tras un breve y terrorífico período comunista se constituyó en Reino. Pero quien gobernó, y así fue hasta 1944, fue el Almirante Horthy quien fue nombrado Regente. Horthy se negó a reconocer a Carlos como Rey de Hungría y las dos veces que el depuesto monarca pisó suelo húngaro para recuperar la corona fue expulsado.


1922 Madeira. Viudez y Regencia

Tras el fracaso húngaro Zita fue deportada a Madeira junto con su familia. Allí Carlos enfermó de neumonía y murió el 1 de abril de 1922 con 35 años. Zita, quien estaba embarazada de su última hija se hizo cargo de los funerales con el dinero que los monárquicos les mandaban. A la misa fúnebre acudieron familiares y curiosos de la isla que alabaron la entereza de la emperatriz durante el funeral y el entierro. Ahora el nuevo emperador, pero sin serlo, era el Archiduque Otto de tan solo 10 años, y su madre la Regente hasta que este fuera mayor de edad. El Rey Alfonso XIII entonces ofreció a la viuda y sus hijos asilo en España. Zita aceptó y el 29 de mayo de 1922 dio a luz a su última hija, Isabel, en el Palacio del Pardo. Viuda, con 8 hijos y con solo 30 años Zita se dedicó por entero a su educación y crianza. Nunca volvió a casarse y vistió de luto riguroso los siguientes 67 años que sobreviviría a su esposo.


1922-1931 Lequeitio y Bruselas

Durante 9 años Zita vivió en el palacio de Lequeitio, País Vasco, hasta que la proclamación de la II República les obligó a ella y sus hijos exiliarse de nuevo. Esta vez a Bélgica en donde sus hijos mayores empezaron la universidad. En todo ese tiempo Zita siguió luchando porque su hijo pudiera volver a Austria y gobernar algún día. En 1938 Otto mostró su rechazo a la anexión de Austria a Alemania por parte del Régimen nazi. Dos años después con la invasión alemana de Bélgica y el desprecio que Hitler tenía a los Habsburgo, Zita y su familia huyeron a Portugal y de allí a USA, para más tarde instalarse en Quebec.


1940-1945 ¡Por Austria!

Pese a que habían logrado escapar de las garras del dictador alemán la familia imperial decidió colaborar con los Aliados, pese a a lo malo de su situación económica.


Como fueron expulsados de todos los fondos europeos, su situación financiera era más exigua que nunca. Hubo un tiempo en el que Zita tuvo que preparar ensaladas y recetas de espinacas con dientes de león. Sin embargo todos sus hijos participaron en la guerra. Otto promocionó el papel de la dinastía Habsburgo en la Europa de la post-guerra con el Presidente Rosoevelt. Roberto fue el representante de los Habsburgo en Londres. Carlos Luis y Félix se unieron al ejercido de los EEUU donde sirvieron junto a varios austriacos criados en América del noble clan de los Mauerer. Rodolfo se introdujo ilegalmente en Austria durante los últimos días de la guerra para ayudar a organizar la resistencia. En 1945 Austria entró a formar parte del plan Marshall gracias a la intervención de Zita y Otto.


1952-1982 Regreso a Europa

Zita volvió a Europa en 1952 y se trasladó a Luxemburgo, en donde cuidó de su madre que murió en 1959 a los 96 años de edad. En esos años asistió a las bodas de sus hijos y al nacimiento de sus nietos quienes fueron su mayor alegría de vivir en esos años. A partir de 1959 se instaló en Suiza.


En 1982 y gracias a la intervención del Rey Juan Carlos I, el Gobierno levantó el exilio a la emperatriz, y esta y sus hijos pudieron volver a Austria.


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                                                                Zita en 1962 con sus 8 hijos


Zita fue recibida con gran júbilo en su país, el cual no había pisado en 64 años. Fue invitada a un programa de la TV austriaca en donde relató sus años de exilio, defendiendo la memoria de su esposo. Pese a regresar a Austria, decidió quedarse a vivir en Suiza.


1989 Adiós Majestad

A partir de su 90 cumpleaños la salud de Zita fue decayendo, y finalmente murió el 14 de marzo de 1989 a los 97 años de edad. Fue enterrada acorde a su rango de emperatriz, y se le ofreció un funeral de Estado. Actualmente se encuentra enterrada en la Cripta de los Capuchinos de Viena. El corazón de su esposo reposa con ella en una urna.


A día de hoy Austria debe a su antigua emperatriz y a su hijo, ya fallecido, el haber podido entrar a formar parte de la Unión Europea.




Conde Bevilacqua Benedetti

























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