lunes, 19 de noviembre de 2018, 02:26
Elmonarquico2015
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María Teresa de Francia, Madame Royale

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Maria Teresa de Francia1


La única hija superviviente de Luis XVI y María Antonieta tuvo una vida llena de constantes golpes y desgracias que acabarían marcando su carácter en el futuro. Arrancada de Versalles, testigo de la Revolución que destronó a sus padres, huérfana de ambos con 15 años y exiliada por 20 más, María Teresa, o Madame Royale como era llamada en Versalles, vivió una época de cambios bruscos y constantes luchas por el poder y sobrevivir. Murió lejos de su país del que pudo haber sido Reina y todavía a día de hoy se la recuerda como la Huérfana del Temple. ¿Quién fue esta mujer que de tenerlo todo lo perdió no una si no 2 veces por la misma manera?


Madame La Dauphine

María Teresa nació en Versalles el 19 de diciembre de 1778. Tras 8 años de matrimonio nacía el primer hijo de los Reyes, que pese a no ser un varón como deseaban, fue recibida con igual cariño. Su padre la amaba, y le consentía todos los caprichos del mundo; en cambio su madre, María Antonieta, fue más severa con ella. 


No quiso que su hija fuese educada de manera que acabase siendo una princesa arrogante y despótica, como lo eran las otras princesas Borbón. La reina invitaba frecuentemente a cenar con María Teresa a niños de las clases trabajadoras. En contraste con la imagen de excéntrica y despilfarradora que tenía María Antonieta, la reina no era insensible a la miseria de los pobres, siendo muy dada a las obras de caridad. De hecho en la Navidad de 1784 María Antonieta cogió varios de los mejores juguetes de María Teresa y se los dio a los niños pobres para las festividades de Año Nuevo. Al criar a su hija de esa forma María Antonieta quiso romper con la tradición francesa y educar a sus hijos como lo había hecho su madre, la Emperatriz María Teresa de Austria.


Revolución

La infancia de María Teresa fue feliz hasta 1789, año en que estalló la Revolución. Tres meses después Versalles era tomado por la muchedumbre de París y la Familia Real se trasladó al Palacio Real de las Tullerías. Aquello marcó el final de la infancia de la princesa.


Todo siguió de manera muy rápida. La fallida Fuga de Varennes de 1791, la jura obligada de la Constitución por su padre y el destronamiento de este al año siguiente. En 1792 Francia abolió la monarquía y María Teresa es confinada en la Torre del Temple con su familia. En diciembre del mismo año y a principios del siguiente, Luis XVI es juzgado y ejecutado en la guillotina. La muerte del Rey marcó profundamente a la princesa que estaba muy unida a su padre.


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                            María Teresa en 1785 con su madre y su hermano, Luis José



La Huérfana del Temple

Aún tendría que ver María Teresa como el resto de su familia sufría un trágico final. El 3 de julio de 1793 su hermano es separado de ella y su madre y confinado en una celda aparte, en donde moriría en 1795 a los 10 años. Poco después es separada de su madre que es trasladada al Tribunal Revolucionario, quedando Madame Royale al cuidado de su tía, Isabel. María Antonieta fue ejecutada el 16 de octubre de 1793 y Madame Isabel sufrió el mismo destino el 10 de mayo de 1794.


Durante más de un año María Teresa permaneció sola, aislada en su celda, y sin contacto con el mundo exterior. Su único contacto con el exterior era la comida que le daban a través de un ventanuco por la puerta. Nadie le comunicó lo sucedido a su familia. 


Existen rumores de que la princesa pudo sufrir maltratos e incluso abusos por parte de sus carceleros durante su cautiverio, lo que explicaría su incapacidad de ser madre en el futuro. No tenía a nadie, sabía que sus padres habían muerto, pese a no serle comunicada la fatal noticia, y nunca más volvió a ver a su hermano.


Garabateó en las paredes de su celda en la torre del Temple:"María Teresa es la criatura más infeliz del mundo, no puede obtener noticias de su madre ni juntarse con ella, aunque lo ha pedido mil veces", "¡Vive mi buena madre!. A la que adoro pero a la que no puedo escuchar su voz", "¡Oh padre! Mírame desde el Cielo, ¡la vida es tan cruel!", "¡Oh Dios mio, perdona a los que han hecho que perezca mi familia".


Solo, y tras la caída del Terror en 1794, María Teresa fue puesta en libertad, tras negociar Francia la entrega de prisioneros de guerra franceses por parte de Austria. Así pues en 1795 la única superviviente de la Familia Real abandonó Francia. Fue llevada a Viena donde vivió en la corte de su primo el emperador Francisco II. Pronto sin embargo abandonó Viena, y se trasladó a Rusia en donde vivía su tío, el Conde de Provenza, quien se había sido auto-proclamado Luis XVIII en el exilio.


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                                                                       María Teresa en 1795 




La Duquesa exiliada

A su llegada a Rusia María Teresa fue prometida a su primo Luis Antonio, Duque de Angulema e hijo de su tío Carlos, Conde de Artois. María Teresa aceptó, feliz de volver a formar parte de una familia, aunque el trauma del Temple no la abandonó y sufriría constantes pesadillas en los siguientes años. La boda se celebró en 1799 , y pese a que Luis Antonio no se parecía en nada a su atractivo padre, si no que era tímido, difícil y hasta impotente, María Teresa lo amó con ternura. No tuvieron hijos, pero se dice que adoptaron a 2 pequeños huérfanos que habían sido abandonados en una iglesia. No se sabe mucho de los pequeños afortunados pero al parecer eran gemelas y se llamaron Helöise y Sabrina. En 1804 María Teresa, igual que toda su familia, se negó a reconocer a Napoleón Bonaparte como Emperador de los Franceses, iniciándose así la lucha por la Restauración Borbónica. La familia se trasladó a Inglaterra.


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                                                        Luis Antonio, marido de María Teresa


1815 la vuelta a casa

Finalmente en 1815 y tras la caída de Napoleón, Luis XVIII recupera el trono y es restaurado por el Congreso de Viena como Rey de Francia. Aquello supuso el regreso de María Teresa a su país tras 20 años en el exilio. A su llegada fue recibida con grandes muestras de comprensión y cariño. Lo primero que hizo fue desenterrar los cuerpos de sus padres y enterrarlos en la Basílica de Saint-Dennis.


La familia Real se reinstaló en las Tullerías, palacio del que María Teresa no tenía buenos recuerdos, y de hecho al verlo se desmayó del horror, al recordar la toma de 1792. Tanto ella como su esposo pasarían largas temporadas residiendo fuera de París, en especial en Burdeos. En marzo de 1815 Napoleón volvió al poder durante 100 días. Mientras el resto de los Borbones huían, María Teresa reunió un ejército, dispuesta a resistir al corso y hacerle frente. Al final, y solo por parte de las súplicas de sus partidarios y evitar la destrucción de Burdeos, la Duquesa de Angulema partió al exilio. Napoleón admiró su valentía y llegando a afirmar que era el único hombre de la familia Borbón. Posteriormente se ganó el apodo de la Heroína de Burdeos. Napoleón fue vencido para siempre en Waterloo el 28 de junio de 1815, y ya definitivamente, la Familia Real retornó a Francia.


Una Reina de 20 minutos

Cuando Luis XVIII muere en 1824 sube al trono su hermano Carlos, suegro de María Teresa, como Carlos X, lo que la convierte a ella y su esposo en herederos de la corona. A diferencia de su hermano que aceptó la Carta de 1815, Carlos intenta restaurar el Absolutismo en Francia y reprime todo intento de liberalismo, lo que originará una grave crisis política, social y económica que explotará en 1830 con las llamadas Jornadas de Julio. Las revueltas que azotaron París entre el 27-30 de julio de aquel año pusieron fin a la Restauración. Finalmente Carlos abdica en su hijo Luis Antonio, pero este abdicará 20 minutos más tarde, de ahí que se considere que María Teresa fue Reina de Francia. La Revolución prosperó y el primo del rey, Luis Felipe de Orleans, hijo del duque de Orleans, quien votó a favor de guillotinar a Luis XVI, se convierte en el nuevo Rey al apoyar las revueltas.


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                                                                          María Teresa en 1827


La Revolución de 1830 trajo consigo una Constitución que reconocía de nuevo la soberanía nacional. El Rey ya no lo es de Francia por derecho divino, sino de los Franceses por voluntad de los mismos. Luis Felipe I de Orleans era el jefe del ejecutivo y compartía la iniciativa legislativa con las Cámaras. La Cámara de los Pares dejó de ser hereditaria y perdió importancia en favor de la Cámara de los diputados.


1830-1851 El exilio otra vez y muerte

De nuevo María Teresa se exilia de su país y ya no volverá a este. La Familia Real se instala en Edimburgo hasta 1833 para trasladarse esta vez a Praga, en donde Carlos X morirá de cólera en 1836. Ante esto, y solo por los legitimistas, Luis Antonio y María Teresa son reconocidos como Reyes de Francia en el exilio. El matrimonio se instala en Gorizia en donde Luis morirá en 1844. María Teresa entonces adquiere la mansión de Froshdorf, muy cerca de Viena. Los hijos de su primo asesinado, el duque de Berry, hijo de Carlos X, se fueron a vivir con ella, Luisa de Borbón y Enrique de Borbón, pretendiente al trono francés como Enrique V. En 1848, Francia se convirtió de nuevo en una república, después de que el reinado de Luis Felipe terminara en otra revolución. María Teresa vivió en Viena hasta el final de sus días y rodeada de recuerdos de su infancia, paseando, leyendo, cosiendo y rezando. Murió el 19 de octubre de 1851 a los 73 años, tres días después del 58º aniversario de la ejecución de su madre. La causa de la muerte fue neumonía. Actualmente, se encuentra enterrada en la cripta de la iglesia del monasterio franciscano de Kostanjevica (Nova Gorica, Eslovenia) junto a su esposo y suegro.


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               Mansión de Froshdorf, en donde vivió María Teresa el resto de su vida 


En su testamento perdonaba de corazón a quienes le habían hecho padecer en vida, pero cabe dudar que esta mujer olvidada, triste y solitaria, llena de resentimiento y con un obstinado gusto por lo antiguo, sobre todo en el vestir, encontrara consuelo a tanto mal que le había hecho padecer la vida.


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                                                                     Escudo de María Teresa




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Autor: Conde Bevilacqua Benedetti














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