lunes, 19 de noviembre de 2018, 02:26
Elmonarquico2015
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Nosotros, en el autorretrato de Manet

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Edouard Manet

Autorretrato con paleta, de Edouard Manet, (óleo sobre lienzo -1878), colección Steven A. Cohen colección Greenwich, Connecticut. Procede de la escuela del Realismo, que dominó el arte francés de finales del Siglo XIX, y sus obras rompieron las convenciones. Esta pintura se vendió en 27 millones de Euros en una puja de arte moderno impresionista de la casa de subastas Sotheby’s.

 


 

Zizi

La mente elige lo que quiere ver . Por eso estamos en medio de una selección brutal a la que nos someten los escotomas ajenos y a la que nosotros refutamos con igual método.


Estoy delante del Autorretrato con paleta de Edouard Manet…¿Qué selecciona mi mente, extenuada navegante de utopías?... Sus labios… Es una pincelada rotunda que declina hacia el lado menos lumínico. Pero son sus labios…


Toda la imagen parece resurgida de un charco donde la lluvia dejó espejos barridos por la brisa. Desafía su mirada a entrar a un nuevo rumbo pictórico, en el cual el espectador deberá,- inexorablemente-, ser parte de la pintura, inclusión que se alimenta una y otra vez de la sensibilidad adormecida en el Clasicismo de óptima belleza.


Miro detenidamente con mi instrumental óptico cada pincelada y recibo la percepción de que estoy mirando partículas de una materia organizada en un estadio superior y más complejo, en cuya resolución deberá trabajar mi cerebro .


Veo un zigzag magistral que responde a la solapa de su saco, y entonces entro a la dimensión del sepia y me hundo en su mirada como se hunden las raíces en la tierra, para saciar su sed. Encuentro entonces en su mirada el mensaje oculto e indescifrable de su mandato pictórico.


En el pincel descansa toda la energía creadora y en la paleta resumen las ideas algunas señales de vida.


Descubro que su labio inferior es contundente en una mínima pincelada de bermellón y sus párpados inferiores copian el tono directo al centro visual más llamativo. Algunos degradés castaños se adormecen en nacientes blancos plomos y el intenso negro de su sombrero es una oquedad donde ha muerto la luz.


Nada hay detrás de él. La nada cromática en estado puro. Poco a poco me alejo de este autorretrato y a medida que lo hago, mi cerebro organiza su imagen como los átomos se agrupan en estructuras más complejas.


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Bello ejercicio, sin dudas.


No acuda al oculista: vaya al Museo de los Impresionistas.


No vaya a su consulta con el terapeuta: mire y entienda la divina abstracción que hacen los surrealistas.


No analice la realidad en vano: ya lo hicieron los cubistas.


Por último, reármese usted mismo. Póngase en este autorretrato, bien cerca y luego, aléjese.


Cuidado!...No choque con su yo….




Zizi Kessler. Buenos Aires. Argentina. 













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