martes, 23 de octubre de 2018, 02:51
Elmonarquico2015
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Procesión del 9 de octubre

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Juan Benito Rodríguez

Con un cielo que amenazó lluvia durante todo el día y que en algunos momentos por breves minutos nos regaló con unas gotas que refrescaron el ambiente festivo, comenzó el día grande de la Patria Valenciana, de nuestro Reino de Valencia, día de San Dionisio de París, en el que los valencianos celebramos la entrada triunfal del Rey Jaime I, llamado “el Conquistador” (1208-1276) en Valencia, tras la capitulación del último rey de la taifa mora de Balansiya Zayyánibn Mardanish (¿?-1270).


En este día se realiza tradicionalmente la “Procesión del Nueve de Octubre” que es el acto central de este día festivo y conmemorativo.


Desde bien pronto en la mañana, los distintos grupos asociacionistas y del ámbito político, se reúnen en los aledaños de la Plaza del Ayuntamiento de Valencia, que es el punto desde el cual comienza la esperada procesión.


Cuando se va acercando la hora de inicio de la procesión, todos los grupos de una y otra índoles, se sitúan en el lugar marcado por el Excelentísimo Ayuntamiento de Valencia para procesionar, pero con una gran tendencia a arrimarse lo más posible a la puerta principal del Ayuntamiento, pues en lo alto del balcón que preside la fachada del mismo, en un bello estilo neoclásico, ya están todos los preparativos para que por él baje la Real Señera de Valencia.


Este es un ritual que siempre se ha realizado, pues la bandera de Valencia, la Real Señera, es la única bandera en el mundo que tiene honores reales, ya que el Rey Pedro IV de Aragón (1319-1387), llamado “el Ceremonioso”, en reconocimiento a la resistencia de Valencia contra el Rey Pedro I de Castilla (1334-1369) llamado, “el Cruel” durante la Guerra de los dos Pedros (1356-1365), le concedió a la Ciudad de Valencia el derecho a utilizar sobre sus armas la Corona Real, y esta enseña heráldica fue evolucionando hasta adoptar la forma de una bandera, con una corona sobre las barras característica de los reyes de la Corona de Aragón.


De esta manera, la Real Señera valenciana, es una bandera que no se inclina nunca ante nadie, sólo se inclina ante Dios, por ello sale del Ayuntamiento por el balcón, para no inclinarse en los recovecos de los pasillos y escaleras del mismo.


Bajada Senyera Coronada 9 de octubre

                               Bajada de la Senyera Coronada // Foto Archivo: PPCV


Esto hace que los valencianos y todos los asistentes a tan emotivo acto se desaten en aplausos mientras suena el himno de Valencia compuesto por el Maestro Serrano (1873-1941) y Maximiliano Thous (1875-1947).


Tras esto, la Real Señera se posiciona en su lugar y la procesión inicia su recorrido, que, partiendo, como ya he citado, de la Plaza del Ayuntamiento, continúa por la Calle de San Vicente, hasta llegar a la Plaza de la Reina, tomando luego la emblemática Calle de la Paz hasta llegar al Jardín del Parterre, donde se hace una ofrenda floral compuesta por unas coronas de laurel ante la estatua ecuestre del primer Rey de Valencia, Jaime I, el cual juró sus fueros en 1261.


El recorrido de la procesión transcurrió sin incidencias y bajo la mirada atenta de miles de personas que a ambos lados de las calles y plazas que acogen el recorrido de la misma, estaban ávidos de ver pasar a cuantas personas y personalidad desfilaban en la ella.


Los aplausos se sucedieron con gran emoción, sobre todo al paso de la Real Señera, pues esta bandera despierta verdaderas pasiones en los corazones de todos los valencianos, y de todas las personas de bien que la aman profundamente.


Una vez en el Parterre, singulares personas de las fuerzas vivas de Valencia, como Chimo Puig (1959) presidente de la Generalitat Valenciana, y Joan Ribó (1947), alcalde de Valencia, hicieron su aparición, siendo recibidos con una gran pitada.


El cielo respetó el final del acto y nos regaló un clima agradable y propicio para el final de fiesta, que como siempre, fue una mascletá impresionante, disparada en esta ocasión, por la Pirotecnia Aitana de Bélgida, la cual, como ya ocurriera en otros años, dibujó una enorme señera en el cielo, haciendo que el mismo de tintara de azul, rojo y amarillo, llegando este efecto a lo más profundo de la fibra sensible de todos los que estaban allí disfrutando de la magnificencia de la mascletá y el olor a pólvora que se expandía en el aire como un buen augurio de amor a la tierra valenciana.


Una buena comida ratificó el aire festivo del día y nos preparó para los actos vespertinos, como el gran desfile de moros y cristianos y unas manifestaciones que ratificaron el carácter reivindicativo de los valencianos, y el amor a nuestro Reino de Valencia y toda su cultura y tradiciones… pero eso, bien podría se motivo de un nuevo artículo.




Por Juan Benito Rodríguez Manzanares












1 Comentarios

1

Si ! Que ganas d eesa segunda parte del artículo sobre lo d ela tarde!

escrito por Kike 20/oct/18    08:31

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