lunes, 17 de diciembre de 2018, 18:22
Elmonarquico2015
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Dignidad

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                                                “La dignidad es el respeto que una persona tiene de sí misma 

y quien la tiene no puede hacer nada que lo vuelva despreciable a sus propios ojos”.

                                                                                                                                         (Concepción Arenal)

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JuanA.Pellicer

A Alberto, amando lo que somos desterrando lo que no queremos ser.


Querido Alberto:


Cuando aún no han cesado los últimos ecos de gritos y alharacas –muchas de ellas confundidas entre penas y nostalgias- con los que se abandonó este infausto año; cuando aún permanecen apilados en la conciencia individual tantos despropósitos y desvaríos; cuando se siente el ruido dejado por los golpes de moral –reales o fingidos- que precedieron o siguieron a las palabras, eslóganes y consignas que nada significaban nacidas de las entrañas más podridas en el impuesto cenagal al que al ser humano “graciosamente” se le invita a morar; cuando se siente el silencio en este punto de “nueva” partida donde se intuyen más desaires y más desprecios sin poderlos evitar;…ya los clásicos griegos nos habían advertido de que la filosofía no tenía ningún valor si sólo se limitaba a un discurso. Y en eso parecemos estar.


Es en mitad de este “entreacto” anual donde recibo tu carta mi querido amigo. En tus letras, -clamores y exigencias de justicia- desnudas y muestras la esencia de un grito que muere en el espacio y que por no tener o no importar –que para el caso es lo mismo- hasta su eco parecen haber perdido.


Permíteme que te hable de dignidad. Deja que sea yo quién recoja tu grito, tu llanto, tu queja. Que sea yo quién responda a esa pregunta en forma de palabra que vaga perdida como buscando una respuesta que calme y alivie, que sea bálsamo de tanto dolor.


“El alma se tiñe del color de los pensamientos que la ocupan (…) si sus pensamientos se tornan hacia un ideal, el alma se eleva (…) si al contrario, el alma está privada de ideal, se empobrece”. De dar por válida esta reflexión del filósofo Michel Lacroix será fácil la asunción de que la fuerza, el poder, el auténtico reducto de nuestra grandeza como seres humanos, reside en nosotros. Es de nuestra voluntad, de nuestra responsabilidad de nuestra inteligencia que dependerá en gran medida lo que sean nuestros días o lo que nosotros “vayamos siendo” en ellos.


Es lógico, mi querido Alberto, que nos sintamos perdidos, confundidos por tanto mensaje vacío; por tanta falsa creencia y tanta mentira escondida tras una sonrisa traidora y desleal; es lógico sentirnos heridos en nuestra dignidad, en ese íntimo espacio del que nosotros somos únicos dueños. Es lógico sentir la derrota como propia. Sentir la bandera de “nuestra vida” raída por los zarpazos de la ignominia del que sólo ha sabido arruinar avasallando la moral de aquél que infeliz un día confió. Es lógico.


¿Qué pasaría si dijéramos basta?, ¿Si nos decidiéramos a cambiar el mundo, nuestro mundo, comenzando por el que tenemos más próximo: el nuestro? ¿Qué ocurriría si nos preguntásemos por lo que queremos y lo que quizá sea más importante: por lo que NO QUEREMOS? ¿Qué ocurriría si en ese intento de búsqueda, encontrásemos que nuestros anhelos e inquietudes, nuestros sueños y nuestras metas como hombres y mujeres –como seres humanos- nada tienen que ver con aquellos empeñados en doblegarnos y “mal dirigirnos", maltratándonos?...


Es precisamente hoy, por todos estos motivos y seguramente por muchos más que se escapan a nuestra capacidad, que debemos abrazarnos a nuestra dignidad y desde ella EXIGIR el derecho –tu/mi derecho- a ser respetados. A ser tratados como lo que somos: seres humanos. No elementos para completar o rellenar formularios; ni títeres de los que mofarse; ni papeles de intercambio; ni números al azar con los que jugar, ganar y apostar; ni kilos de masa para comprar y vender; ni votos fáciles con los que medrar.


Seres humanos, únicos, irrepetibles, mágicos, grandes en su universalidad… eso somos, eso queremos SEGUIR siendo. Porque el destino de los hombres,–como dijo el poeta- está hecho de momentos felices, toda la vida los tiene, pero no de épocas felices ¿O no, mi querido amigo?.


Un buen camino para llegar a comprender nuestro “íntimo y maravilloso” interior, sea el inicio del tránsito por el que nos lleva apacible la Poesía.


Te dejo estos versos a modo de buen deseo para que tu nuevo año sea propicio para todo cuanto quieres y no quieres.


Juan Gelman


La dignidad poética

Andar con las rodillas desnudas

por un campo de vidrios rotos
Andar con el alma desnuda
por un campo de compañeros rotos

(…)


Juan A. PELLICER

(J. de Molay)














1 Comentarios

1

Me emociona leer estas palabras, tus palabras. Un abrazo

escrito por victorio 09/oct/18    18:56

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