miércoles, 21 de noviembre de 2018, 13:49
Elmonarquico2015
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Se dejó llevar... ( PARTE I )

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Inmaculada Fuentes B.

Siempre le pareció que viajar es una de las mejores formas de ampliar horizontes y abrir la mente. Conocer lugares nuevos, ayuda a enriquecerse en conocimientos y en sentimientos.


Con esta premisa, preparó su viaje en el que visitaría distintas ciudades. Organizó una lista, procurando no olvidar ninguno de los lugares que ansiaba conocer. Ilusionada y emocionada comenzó su viaje esperando empaparse de la cultura y la historia de esos lugares.


Sus viajes solían ser culturales pero también gastronómicos pues, no entendía como se podía llegar a una nueva ciudad o cualquier pequeño pueblecito, sin degustar los productos auténticos de la zona, sin adulterar por la influencia del turismo.


Después de cuatro días y de cientos de fotografías, hoy recalaba en una nueva ciudad. Estaba absorta observando y fotografiando el numeroso y rico Patrimonio cuando observó una pequeña callejuela. A lo largo de ella habían dispuesto un típico mercadillo. Le pareció lo más auténtico de ese lugar. Allí, en una pequeña y apartada calle de esa gran ciudad, se presentaba ante ella la auténtica vida de los que allí moraban.


No lo dudó ni un instante, es más, ni siquiera lo pensó. Sus pasos se dirigían sin pedir permiso hacia ese mercadillo.


Había tenderetes donde se podía encontrar ropa, calzado, frutas, verduras, pescado fresco en una paradita en la calle!!, especias, y hasta comida preparada. Se sentía un poco como una niña en una juguetería. Miraba con interés los productos que allí se ofrecían pues, algunos de ellos no los había visto con anterioridad. Había alguna fruta que no conocía pero, lo que más llamaba su atención eran las especias. Había bolsitas o cajitas de un sólo tipo y otras mezcladas por los propios tenderos, según para lo que se fuesen a utilizar. El aroma era absolutamente embriagador y la hacía soñar despierta.


Estaba completamente imbuida comprando unos tomates secos y algunas de esas especias cuando la vio.


Era una mujer menuda, anciana, alegre y dicharachera pero, además tenía algo que no sabía describir. Se vio de frente con la verdadera historia, con la historia real, una historia que llevaba esa mujer escrita en cada una de las líneas de su rostro y que le hacían entrever lo mucho que había vivido. Esa anciana la intrigaba; ella si tenía una historia que contar.


Sin saber como, empezaron a intercambiar palabras, pequeñas frases, cada una en su idioma pero...entendiéndose a la perfección. Era mágico!


De repente se vio caminando calle abajo junto a aquella mujer. Su raciocinio se puso en alerta y no paraba de repetirle dentro de su cabeza: "¿Eres consciente de que no conoces a esta persona de nada, no sabes donde va, ni con quién puede estar?.¡ Tu impulsividad y falta de prudencia no nos va a traer nada bueno!. Piensa, piensa..." Pero su corazón se iba acelerando y sus latidos eran cada vez más fuertes de manera que llegaban a enmudecer por completo a la razón. Además sus pies, una vez más, sin pedir permiso, ya la habían llevado fuera del mercadillo.


Sin saber muy bien como llegó, sin más, se encontró en una pequeña estancia donde no había nada que no fuese absolutamente necesario.



Por Inma Fuentes B.












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