miércoles, 21 de noviembre de 2018, 04:37
Elmonarquico2015
Elmonarquico2015

Carta a John. Mirando a los ojos del soberbio

|


                                                                      __________________________________________________

                                                                                      “La ingratitud es hija de la soberbia”

                                                                                                (Miguel de Cervantes Saavedra)

                                                                       __________________________________________________




JuanA.Pellicer

Querido John, tus letras van dejando ese poso mezcla de impotencia y rabia donde lógico es pensar que no te sientes cómodo. Ese poso de miseria moral al que no nos acostumbramos –ni nos deberíamos acostumbrar añadiría yo- y por supuesto del que nos sentimos ajenos.


Si reparas en la historia, la tuya, la de algún familiar o amigo, la mía si me conocieras… la de la propia humanidad abriendo más los ojos, comprobarás que la soberbia ha sido y continuará siendo apetecible manjar del espíritu de necios y frustrados temerosos de ser vistos en su auténtica dimensión.


Recuerda la vieja enseñanza budista sobre “el árbol y el viento”. Cuenta la leyenda que había una vez un árbol que por su aspecto grande, viejo e imponente, adornado de millones de hojas y sintiéndose valorado por caminantes y peregrinos por la sombra que regalaba, no temía al viento. Era tal la soberbia de este árbol, tal su ceguera con el resto de los que como él daban vida al paisaje, que retó al viento negando tenerle miedo, arrogándose la virtud de ser más fuerte que él. El viento, calló y se alejó advirtiendo al frondoso árbol que mañana regresaría. Y así sucedió. Al día siguiente el viento, fiel a su promesa, regresó rugiendo con fuerza inusitada siendo así que al árbol poco a poco se le fueron cayendo las hojas que lo adornaban. Cuando sólo quedaron desnudos los troncos, el viento le dijo al árbol: ahora comprenderás donde la fuerza de la humildad y donde la fragilidad de la belleza y para que no lo olvides –continuó el viento- vendré cada año y todos verán tus hojas caer y tus troncos desnudos.


Al igual que en la leyenda pasa en la vida mi querido amigo, vamos caminando y en ese tránsito a veces duro e ingrato, otras agradable e ilusionante, nos vamos tropezando –porque los soberbios a veces se hacen tropezar, interponiéndose y perturbando nuestro camino- con estos “árboles humanos” que olvidaron que un día fueron un simple y frágil tallo en mitad de una nada aún por descubrir. Olvidaron que deben su vida a la causalidad o casualidad –que nunca se sabe-; olvidaron que tuvieron que pasar muchos años hasta ser aceptados como parte del bello bosque. También por olvidar, hasta olvidaron que su vida, todo lo que ahora son, no ha sido sino una montaña de regalosu otros gestos de respeto, confianza y paciencia que con el paso de los años con ellos –los elementos, las circunstancias, los dioses (para los creyentes)-si tuvieron.


¿Y que decirte de los miedos y temores, de las frustraciones y complejos y del resto de debilidades, de las que son presa?.


Recibir un desprecio de un soberbio nos tendría que llevar inevitablemente de alguna manera, a sentirnos bien o cuando menos, no atacados ni mucho menos heridos. A quedarnos con el regusto de esa venganza no buscada y cumplida por haber deshojado a otro “insignificante gigante árbol humano”.


Quizá, el aparente o no tan aparente y sí directo desaire recibido, no sea sino la tácita confirmación que comenzamos a importar. Que nuestras huellas van durando más de un día y que aquello que vamos siendo, a pesar del esfuerzo y sacrificio dejado en el empeño, en cada amanecer se encuentra más íntima, honesta y humanamente unido a lo que vamos diciendo.


Es por ello mi querido amigo que te dejo estos versos, con el deseo que en ellos encuentres ese remanso de paz y esperanza. La Poesía cura los dolores del alma, créeme.


Poema de Mario Benedetti
"Cotidiana 2"


.... pero el día empieza a convocarnos
y es distinto de todos los demás
tiene otra lluvia otro sol otra brisa
también otras terribles confidencias

así empieza el diálogo con la jornada
la discusión el trueque de rencores
y de pronto el abrazo
porque hay días repletos de soberbia
días que traen mortales enemigos
y otros que son los compinches de siempre
días hermanos que nos marcan la vida.




Juan A. PELLICER

(J. de Molay)















Sin comentarios

Escribe tu comentario




No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.