martes, 11 de diciembre de 2018, 20:51
Elmonarquico2015
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Borges y Manet delante del espejo

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Zizi

El símbolo del espejo en Borges tiene un gran valor en toda la cultura universal ya que el reflejo es un modelo de lo real, cuya inmaterialidad lo hace de una irrealidad certera. Siendo el espejo una representación de la realidad, esta representación es fiel sólo en apariencia, porque ofrece una imagen idéntica pero invertida, mostrando una suerte del revés de la vida. Otto Rank los relaciona con el doble, pues también actúan como metáforas del desdoblamiento de la personalidad.


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En Borges, el símbolo del espejo es un modelo fundamental: los juegos de versiones, inversiones y reversiones, constituyen una versión casi surrealista no sólo de la identidad personal sino del formato de las cosas materiales. Así, mientras el autor juega con la idea de que somos reflejo de la divinidad, podríamos establecer vínculos de imágenes entre Dios y el Hombre y el Escritor y sus Personajes, siendo los polos de estas relaciones, maravillosamente intercambiables: el hacedor se confunde con sus ficciones: Dios hizo al hombre como su reflejo, pero éste, a su vez, es el espejo donde se reconstruye su imagen.


En su relato “Los espejos abominables”, Hakim concibe un inmutable Dios que proyecta mundos en forma de sombras que se multiplican y es maravilloso detectar en “El espejo de los enigmas”, que las palabras funcionan también como espejos, porque es imposible separar nuestro pensamiento del lenguaje y debemos jugar con los símbolos para conocer la realidad.


Borges retoma la idea clásica de que la literatura y el arte son un espejo de la vida. Dice Shakespeare, refiriéndose al arte dramático, que “…Su objeto es servir de espejo a la naturaleza”. La concepción clásica del arte consideraba que la misión de esto, era ofrecer una verdadera imagen de la vida. Nuestro gran escritor, nos dice:


"A veces en la tarde una cara

nos mira desde el fondo de un espejo

el Arte debe ser como ese espejo

que nos revela nuestra propia cara”


Mientras estas dilaciones transcurren en el plano literario, el Arte pictórico también usa la técnica del espejo, para dar señales al espectador acerca de planos que él ignora desde su punto de vista. Si estableciéramos líneas de contacto entre el espectador y la imagen representada, el recorrido visual podría dibujarse en forma de un infinito prisma, construido entre el plano bidimensional y el ojo, que sería como un punto unidimensional. Las relaciones ópticas en el acto de ver una composición pictórica constituyen los lineamientos geométricos más puros en la relación sujeto- objeto.


Vamos a la obra de Edouard Manet: Bar de Folies Bergere, óleo sobre lienzo, pintado en 1882, cuyo género es vida cotidiana, urbana, cabaret y que se encuentra en Courtald Institute, Londres. 


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La obra pintada y expuesta en el Salón de París, en 1882, fue el último gran cuadro del pintor, un año antes de su muerte. Fue realizado en el taller al que acudía la camarera Suzon. El tema no es clásico, sino un cabaret, en el que se mezclan diferentes clases sociales, al igual que en las novelas de su amigo Zola, como Nana. Desde el punto de vista técnico, participa de rasgos impresionistas pero también se mantienen rasgos clásicos presentes en la influencia que recibió Manet de la pintura española y veneciana.


La escena se sitúa en el Folies Bergere, el primer local de variedades y uno de los primeros con luz eléctrica, como se refleja en la araña del cristal del techo. A él acudían gentes de todas las clases: caballeros, clases medias, trabajadores y prostitutas, simbolizados por las bebidas o botellas: champán y licores para la clase alta y media y cerveza,-identificada con el triángulo rojo-, las clases trabajadoras.


En el espacio estrecho entre el espejo y la barra, en la parte central, se encuentra la camarera Suzon,- igual que en su obra Olimpia-, metida en sus ensoñaciones.. Lo maravilloso de esta obra es que en el espejo,- usado por Edouard Manet como estrategia para darle visión exterior fuera del plano real representado, al espectador-, aparece un reflejo físicamente imposible, porque si el caballero está frente a Suzon, no puede reflejarse en el espejo porque estaría tapado por ella, a no ser que sea una licencia del pintor o que la camarera esté hablando con el caballero, por lo que bien podría representar una acción anterior que explicaría la ensoñación tal vez amorosa de la camarera.


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En tal caso, el espejo sería un medio de abrir la composición con una visión fuera del tiempo mismo de la escena pictórica. Por otro lado, el espacio entre la barra y el espejo es estrecho, pero al artista le gusta jugar con el espacio, amplía el efecto de profundidad hacia la platea; la presentación de encuadres o puntos de vista ajenos a la perspectiva tradicional, determinan que fue un precursor impresionista y la ruptura de reglas físicas a través del espejo, indicarían los albores de la puesta en escena del problema espacio- tiempo, tan bien plasmado en el Cubismo, especialmente.


De Borges a Manet, los espejos testimonian, representan, construyen hiperrealidades, expresan profundamente la puesta en órbita en el Arte de uno de los problemas filosóficos y científicos de mayor raigambre: las dimensiones existenciales.


Zizi Kessler. Buenos Aires. Argentina.



Fuentes

- Revista chilena de literatura N° 21, 1983.

- El doble. Otto Rank . Bs As. 1976

- El laberinto del Universo- Borges y el pensamiento nominalista. Jaime Rest. Editorial Fausto. 1976. Pág. 103.















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