miércoles, 21 de noviembre de 2018, 13:02
Elmonarquico2015
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Don Quijote o cómo Cervantes escribió una novela de amor

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El Toboso Monumento a D. Quijote y Dulcinea

                      Monumento a D. Quijote y Dulcinea, en El Toboso (Toledo)



Rafael Bailon Ruiz

Mucho se ha escrito sobre la obra más conocida de la literatura. Numerosos son los calificativos o definiciones referidas a la novela cervantina.


Cervantes publica una primera parte en 1605, siendo muchos los que coinciden en la existencia de una serie de circunstancias que propiciaron la publicación de una segunda en 1615 (caso de la aparición del falso Quijote o “Quijote apócrifo”)(1).


Cierto es que el autor se propone burlarse de los anacrónicos libros de caballerías; pero la obra es mucho más que una sátira de tales libros. Para muchos asistimos a una caricatura de la literatura caballeresca, (la identifica en simultaneidad como “el último gran poema antiguo y la primera y máxima novela universal”). Sin duda, la locura del sin par caballero hace que leamos una “epopeya cómica” o “novela de burlas”, convirtiéndose la locura del hidalgo convertido en caballero en el aspecto o elemento central del argumento.


Cuando el caballero recobra la cordura, la tristeza hace acto de presencia. Es entonces, cuando descubre que todo lo vivido ha sido una invención, un mundo paralelo creado por él mismo, acompañado siempre por su leal escudero.


Sancho, no pone nunca en entredicho las disparatadas aventuras de su señor. En todo momento, demuestra su fidelidad y cabalga a lomos de su maltrecho asno.


Ya en su aldea natal, el caballero dirá a su sobrina: “Yo tengo juicio ya, libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia que sobre él pusieron mi amarga y continuada lectura de los detestables libros de caballerías”.


Una de las primeras muestras de locura de nuestro caballero se produce durante su primera salida (su primer destino resulta ser una humilde venta que Don Quijote en seguida confunde con un castillo) y en el capítulo XVIII el narrador insiste en la locura del protagonista mientras que Sancho observa correctamente la realidad.


En el prólogo, el genial novelista deja claras sus intenciones: "pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que, por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna".


Sin duda, Dulcinea es una aldeana convertida en figura imaginaria a la que un hombre que rebasa los cincuenta años de edad y soltero, decide dedicarle cada una de sus hazañas. El vago recuerdo y la locura producida le llevan a construir otra identidad, creando un universo muy distinto al día a día.


Es la novela cervantina un claro ejemplo de un “amor platónico” (2) en la que no hacen falta miradas (nunca han conversado caballero y dama). En la obra que nos ocupa son muchas las técnicas y recursos narrativos empleados con genial maestría, tales como las historias intercaladas o un juego de perspectivas (diferentes visiones o interpretaciones dependiendo del personaje que intervenga).


Por otro lado, recursos como las metáforas, comparaciones, juegos de palabras o refranes, hacen de Don Quijote una obra maestra, imitado por muchos autores posteriores en sus diferentes trabajos, caso de Borges o Nabokov, entre otros.


Es la publicación que centra nuestras reflexiones un claro ejemplo de “amor idealizado”. En ella, queda clara la no correspondencia por el que pretende entre el protagonista y la destinataria de sus aventuras.


Amor no correspondido o irrealizable, deja asomarse en cada una de las páginas que conforman la primera parte (1605) y la segunda (aparecida diez años más tarde).


La perfección se muestra en la mirada cervantina a través de su criatura (ese ser noble que enloquece y se erige en caballero andante). Sin duda, el amor mostrado por ese hombre que anhela ese beso robado, cruzando las barreras del entendimiento, convierten a Cervantes como autor y a su creación en exponentes del amor en su máxima expresión.


Concluyamos con una cita que se recoge en el quijotey que demuestra todo lo dicho:


“Oh princesa Dulcinea, señora de este cautivo corazón. Mucho agravio me habéis hecho en despedirme y reprocharme con el riguroso afincamiento de mandarme no aparecer ante vuestra hermosura”.


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(1) Nos referimos al Quijote de Avellaneda

(2) Fue utilizado por primera vez por el filósofo florentino Marsilio Ficino en el siglo XV como un sinónimo de amor socrático.





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Autor: Rafael Bailón Ruiz

Profesor de Lengua Castellana

Purullena (Granada)















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