domingo, 21 de octubre de 2018, 23:35
Elmonarquico2015
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María

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Abuela Maru00eda

                                                                     Abuela María


Inmaculada Fuentes B.

Se había quedado viuda demasiado pronto. Los hijos aún estaban en casa aunque no eran pequeños. Había que salir adelante y, como muchas otras mujeres, tomó las riendas de la casa y miró a la vida de frente.


Poco a poco, los hijos se fueron casando y dejando el hogar familiar para formar el suyo própio.


Ella siempre estaba dispuesta para cubrir las necesidades de los hijos en la casa que fuese preciso aunque, por circunstancias especiales, era más habitual verla en una de esas casas que en las demás.


Incluso, se desplazó a otro pais con uno de sus hijos para acompañarlo mientras estuvo trabajando fuera. En aquel momento sólo contaba con una nieta y esta no llevaba muy bien eso de que su abuela se fuese a cuidar a su tio. Tardó en acostumbrarse a despedirlos en el aeropuerto. Uno de esos días le preguntó a su madre: "¿Por qué la abuela se tiene que ir?". Esta le contestó que para cuidar del tio a lo que ella contestó airada: "¡¡pues que le cuide su madre, no mi abuela!! ".


Cuando llegaba a casa, fuese a la que fuese, siempre preguntaba, qué podía hacer. Alguna hija le decía que no se molestara, que no era necesario, que se las arreglaba bien y podía hacer su marcha tranquila. Otra le decía si podía traerle el pan o alguna otra compra pues ese día, no estaba en condiciones de salir y le haría un gran favor.


Había muchos días en los que se quedaba en esa casa preparando la comida, o haciendo otras tareas para ayudar a su hija. Después de comer, fregaba y se marchaba a su casa pero, no sin antes advertir que en un rato volvía para ver como iba todo.


En innumerables ocasiones, se llevaba ropa para arreglar. Cuando había que meter un bajo, o estrechar una falda o arreglar un pantalón, allí estaban sus mágicas manos. Devolvía la ropa que parecía que nunca hubiese necesitado tocarse.


En una ocasión, uno de los nietos se había gastado sus ahorros en uno de esos vaqueros rotos. Estaba exultante pues, le habían costado todo su patrimonio pero....ya los tenía !! Esa mañana llegó como de costumbre; no había mucho que hacer pero vio los pantalones. Se echó las manos a la cabeza y pensando qué le habría pasado a su nieto para que sus pantalones quedaran así, no lo dudó ni un instante; los cogió y se fue a casa. Cuando regresó con ellos, su nieto los estaba buscando como loco. Al verlos, pensó que se moría ....estaban impecables, no habia ni rastro de los rotos, apenas uno en que faltaba tela, se le notaba un poco el remiendo!!.


Le encantaba leer y hacer cuentas, como ella decía. Una de sus aficiones era la sopa de letras y también los crucigramas. En su época y sus condiciones, no tuvo oportunidad de ir al colegio pero, eso no la iba a dejar sin saber leer, escribir y hacer cuentas.


A pesar de lo mucho que había trabajado, sus manos permanecian finas y suaves, su paciencia nunca tenía fin y su cariño y ternura eran, con mucho, de lo más reconfortante. Su voz era cálida y tranquila aunque, debido a la falta de oído, en ocasiones parecía que la elevaba algo más de lo normal.


La vida le regaló más de 96 años que siempre dedicó a cuidar de su familia pensando poco o nada en ella misma. Disfrutaba jugando a las cartas con dos de sus hermanas y con algunos de sus nietos, incluso un bisnieto.


Sabía perfectamente cuando callar para no molestar y cuando reír para aliviar un mal rato. Disfrutó de lo bueno de la vida y se fue, dando gracias por lo vivido. 



Inma Fuentes B. 












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