domingo, 21 de octubre de 2018, 22:55
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La emperatriz roja

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La emperatriz roja


Conde Bevilacqua Bennedetti

El caso de Carlota de Sajonia-Coburgo-Gotha, última Emperatriz de México, es bien conocido por compararse con el trágico caso de Juana I de Castilla. Ambas declaradas locas, ambas encerradas más de 50 años sumergidas en la oscura noche de la sin razón, y olvidadas por el mundo. Pero vilipendiadas por sus enemigos hasta el punto de alzarlas a unas altas cumbres de fama, en vez de borrar su memoria.


Pocos recordarán que Carlota fue la primera y única mujer gobernante de México durante el breve y turbulento período del II Imperio Mexicano (1863-1867) en el que estuvo bien lejos de ser la mujer ambiciosa que mostraron los Juaristas. Ante todo amó el país al que vino a reinar junto a su esposo con la intención de ser una mexicana más. Y si bien aquel utópico proyecto acabó junto a su esposo cuando las balas cayeron sobre él en Querétaro, no merece por ello sufrir el ostracismo de la historia.


Aquí no hablaremos de ella por haber sido la cuñada de la famosa emperatriz Sissí, Isabel de Austria, con quien no se llevó bien, si no porque Carlota en sus 4 breves años como emperatriz mostró el estar a la altura del cargo de aquel Imperio de mentira que se había formado por las ambiciones de Napoleón III, en el que tanto ella como su esposo Maximiliano fueron tan víctimas como el pueblo de México.


La corona Moctezuma

Habiendo sido México convertido en un protectorado del II Imperio Francés, las cortes europeas decidieron buscar un emperador para el país, creyendo que de esa forma la situación mejoraría. La llamada Guerra de la Reforma en la cual el presidente Benito Juárez había aplicado reformas radicales, entre ellas el expropiar las tierras de la iglesia, originó un conflicto entre los liberales y conservadores. Francia decidió intervenir y durante 5 años (1862-67) las tropas francesas estuvieron en conflicto contra Juárez y sus partidarios. Al final se decidió ofrecer la corona a Maximiliano de Austria, hermano de Francisco José.


La pareja imperial llegó a Veracruz el 10 de abril de 1864 en donde fueron recibidos de manera muy fría, debido a que la mayoría del país era de ideas republicanas y estaba inmerso en la guerra, no obstante, el recibimiento en La Puebla y Ciudad de México fue distinto. La carroza imperial con Maximiliano y Carlota fue recibida con aplausos, flores y gritos de viva el emperador y la emperatriz. Pero la imagen del país destruido por la guerra civil les marcó, y decidieron aplicar a fondo su cargo para mejorar la vida de los mexicanos. A su llegada a la capital se les coronó en la Catedral Metropolitana.


La pareja imperial se instaló en el Castillo de Chapultepec el cual se convirtió en su residencia oficial, tanto la iglesia como los conservadores esperaban que Maximiliano restaurara las antiguas leyes posteriores a la reforma de Juárez, pero se encontraron con que el Emperador y la Emperatriz eran partidarios de seguir con las reformas. A los pocos meses tanto Napoleón como los  conservadores les fueron retirando su apoyo.


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                          El castillo de Chapultepec donde vivieron Maximiliano y Carlota


La Emperatriz

En su corto reinado, Carlota de México asumió las funciones propias de su rango, y durante algunos meses, mientras Maximiliano visitaba el interior del país, encabezó la regencia del Imperio. La emperatriz aplicó las siguientes reformas y obras en el país.


Abolición de los castigos corporales y del trabajo infantil

Limitación de las horas de trabajo

Construcción del ferrocarril

Instalación del telégrafo

Construcción y aplicación del transporte a vapor

Apertura de guarderías, hospitales, casas de cuna y asilos

Finalización del Monumento a los Héroes de la Independencia de México

Expulsión de los bandidos y ladrones de la ciudad

Encargó a Ramón Rodríguez Arangoity la remodelación integral del Zócalo

Apertura de teatros, Academias de pintura y conservatorios de música

Promulgó la ley de instrucción pública en la cual se garantizaba la educación primaria, obligatoria y gratuita

Elaboró un Proyecto de Constitución para el país

Protección de los barrios de prostitutas y obras de caridad en los barrios pobres de la capital

Protección de las poblaciones Mayas de la Península del Yucatán

La emperatriz se mostró como osada viajera cuando viajó a Yucatán a visitar las pirámides y las ruinas de Uxmal y de Teotihuacán en 1865. Allí subió a las Pirámides, conoció a las poblaciones Mayas y visitó la ciudad de Campeche. En todas ellas fue bien recibida.


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                                                                     Pirámide de Uxmal 


Derrumbe del imperio

A partir de finales de 1866 la situación de México se volvió insostenible. Nadie quería a los emperadores, salvo en la capital del país. Ni los museos, ni la constitución ni las mejorías sociales habían cambiado la opinión de los mexicanos hacia Maximiliano y Carlota. La emperatriz se negaba a abandonar la lucha; y por sus posturas radicales, su defensa de las reformas y su apoyo a su esposo fue conocida como la “Roja’’. En Europa, Francia se preparaba para una guerra contra Prusia, que no estallaría hasta 4 años más tarde, pero Napoleón III les retiró su apoyo y financiación a la pareja imperial y poco a poco las tropas francesas fueron permitiendo el avance de las tropas republicanas. Este obstáculo estratégico fue un golpe fatal a la monarquía mexicana y el Imperio se vino abajo. La situación fue exacerbada por un bloqueo de los Estados Unidos que impidió acudir a los refuerzos franceses. 


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Mapa del II Imperio Mexicano ,en donde las tropas francesas tuvieron presencia


Carlota entonces decidió volver a Europa para buscar ayuda. Zarpó en Octubre de 1866, y al llegar a París se entrevistó con el Emperador francés, pero este se negó a seguir prestando ayuda, ni siquiera el que la emperatriz le recordara el compromiso firmado 3 años antes hizo cambiar de idea a Napoleón.


Carlota desesperada entonces se dirigió a Viena, en donde la respuesta fue la misma que en París. Su último intento fue ir a Roma y solicitar audiencia con el Papa Pío IX, es a partir de ese momento cuando su equilibro emocional empieza a desestabilizarse. Empezó a mostrar alteraciones en su intelecto gritando una y otra vez que la querían envenenar, bebiéndose la taza de chocolate del Papa en vez de la suya o tomando el agua de las fuentes públicas de Roma. Inclusive, posterior a una de las entrevistas con el Santo Padre, durmió en la Santa Sede, siendo la única mujer que ha dormido en ese sitio. Fue así como Carlota fracasó en el intento de lograr el apoyo europeo para la monarquía mexicana. A partir de ese momento, y tras saber que Maximiliano había sido fusilado en Querétaro el 19 de junio de 1867, su locura se agravó.


60 años…...Max está muerto. No, no está muerto. Volverá

Carlota fue recluida en el Castillo de Bouchout, en su Bélgica natal, en donde pasó el resto de su vida en aislamiento, pero con una gran corte de sirvientes a su cuidado. Pese a que jamás recuperó la razón tenía momentos de lucidez, y era consciente de su locura. En esos momentos se podía conversar con ella de manera tranquila y durante aquellos 60 años de locura y lucidez fue capaz de hablar de varios temas, se acordaba de fechas y mandaba felicitaciones de Navidad, cumpleaños o Semana Santa a familiares y amigos, fue incluso capaz de estar al mando de varios negocios que la convirtieron en la mujer más rica de Europa. En sus momentos de demencia charlaba con amigos imaginarios, seguía creyendo que era la Emperatriz de México, que Maximiliano seguía vivo, que incluso tenían una hija, y se ponía a tocar en el piano el Himno Nacional de México. Dormía con una muñeca en la cama a la que llamaba Max. La emperatriz murió el 19 de enero de 1927 a los 87 años de edad y de neumonía, tras haber sobrevivido a su esposo, padres, hermanos y a otros tantos que la conocieron como la última Emperatriz de México.


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                                                                    La emperatriz en 1865 


En su lecho de muerte Carlota pronunció sus últimas palabras:


“Recordadle al universo al hermoso extranjero de cabellos rubios. Dios quiera que se nos recuerde con tristeza, pero sin odio. Todo aquello terminó sin haber alcanzado el éxito”.


Existe la hipótesis de que la locura de Carlota era real y fue debido a la ingesta del teyhuinti, se dice que Carlota fue a una herbolaria de la Ciudad de México a la cual le pidió ayuda para poder concebir. Llevaba oculta su identidad con un velo, pero la herbolaria, partidaria de Benito Juárez, la reconoció. Al teyhuinti se le conoce como “la carne de los dioses“, y se emplea en soluciones muy diluidas, como un tónico, porque a concentraciones altas puede producir un estado de locura permanente. De haber sido así, hablamos de una auténtica monstruosidad contra la mujer que se molestó en aprender el idioma, la cultura y el corazón del país que amó hasta el final de sus días. Injusta manera fue como se le pagó al estar 60 años muerta en vida sin haber dañado a nadie. ¡Que viva Mamá Carlota! Como la llamaron los mexicanos que la amaron.


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                                      Bandera del II Imperio Mexicano (1863-1867)




Por Conde Bevilacqua Benedetti















 

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