domingo, 19 de agosto de 2018, 06:14
Elmonarquico2015
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A Victoria, construyamos nuestra roca de armonía

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JuanA.Pellicer

¿Por qué contentarnos con vivir a rastras, cuando sentimos el anhelo de volar?. Con esta frase que no es de mi autoría, mi querida Victoria, te saludo y desde esta sólo aparente calma, te leo perdiéndome entre tus letras.


A través de ellas siento ese vacío del que hablas; como te vas y me vas deslizando por ese túnel que inexcusablemente y sin retorno, parece llevarnos a un abismo desconocido; ese túnel donde no existe el ayer y donde el mañana se va convirtiendo en obligación.


Me hablas de anhelos y sueños y de cómo día tras día van quedando reducidas a “montones de frustraciones” todas tus esperanzas y del dolor tan grande que sufres ante esta sensación tan íntima y desconsolada de pérdida. Hablas, a pesar de sentir que los tuyos han perdido su sentido, del sabor a derrota con la que se visten muchos de tusmomentos, “hijos de la ilusión”, y lo haces con esa voz que sin oír ni saber de donde proviene, percibo triste. Cansada. Acaso voluntariamente entregada.


A veces –muchas, quizá demasiadas- vivimos “como de prestados” en los días que otros, los de siempre, los mismos, los que llevan toda la vida –una eternidad para ti y para mí- pisando sin mirar, nos van dejando, sin ocasión de parar, pensar y sentir. Vivimos siendo esclavos de una libertad irreal e impuesta a la que inevitablemente debemos rendir culto y a la que de alguna manera, con mucho esfuerzo y poco convencimiento, nos asimos –quizá porque no tenemos otra opción- cada mañana. Es otro luchar, otro objetivo, otra forma de hacernos comprender desde el desprecio y la indiferencia, que somos “uno”, que somos “importantes”, incluso “imprescindibles” y que por ello merece la pena vivir. Eso dicen y en ello se escudan y justifican. Vamos siendo lo que con nosotros van haciendo, esa es la terrible convicción. Ese el engaño. Nuestra sombra deambula y nosotros sin poder escapar de ella, sin otro rumbo que el que impone el desconocido que nos precede.

Y esto no nos gusta. No nos llena. No sentimos como nuestra esta patria vacía, construida de humo, miedos, rencores y venganzas que está en el aire, que se compra, regala y vende. Este hogar sin dueño, esta morada de llantos, este lodazal intransitable de un solo camino hacía ninguna parte.


Te leo, y continuo leyéndote haciendo de alguna manera mía tu rebeldía. Será que en ese universo donde habitan los sueños, se cruzan las ilusiones: las tuyas y las mías; será que sin saberlo estamos construyendo, lágrima a lágrima, los pilares de una nueva fortaleza donde sólo habrá lugar para los que hoy poco o nada importan. Será que en la distancia te siento viva y por sentirte sé que vivo yo. Será que abrazado a tu tristeza te devuelvo una sonrisa amiga que nace para llegar y consolar.


Vivir no es sólo estar, es estar ahora…aquí sintiéndonos dueños de todos nuestros momentos. Es poder decir NO, sabiendo que hemos tenido la libertad de haber podido decir SI. Vivir no puede ser sólo ir o venir, entrar o salir. Ni es volver, ni llegar… vivir, mi querida Leonor es “SER”. Ser el protagonista –único- de esa gran e inacabada obra que es nuestra vida. Es ocuparnos y preocuparnos de nuestro hoy y nuestro mañana; es querer saber más porque del conocimiento nacerá nuestra libertad.


Sería bueno intentar, una vez más, concedernos otra oportunidad y volver a comenzar, de sentir que, aunque maltrechos, nos hemos vuelto a levantar y que queremos seguir avanzando. De querer seguir siendo fieles, como “sanchos” a nuestros íntimos “quijotes”. Quizá sea esa la actitud que nos reconcilie con nosotros mismos permitiéndonos sentir que comenzamos a recibir todo lo que la vida, este universo mágico, infinito y desconocido, de bueno nos depara.


No tenemos prisa, tenemos tiempo: ahora puede ser un buen momento para sonreír y comenzar a mimarnos porque como dice el clásico “Breve et irreparabile tempus omnibus est vitae." El tiempo de vivir es para todos breve e irreparable.


Es entre estos versos que te dejo mi abrazo, cuídate.


¡Torres de Dios! ¡Poetas! (Rubén Darío)

“… La mágica esperanza anuncia un día

en que sobre la roca de armonía

expirará la pérfida sirena.

¡Esperad, esperemos todavía!…”



Juan A. PELLICER

(J. de Molay)














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