domingo, 19 de agosto de 2018, 06:14
Elmonarquico2015
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¡Santiago y cierra España!

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Daniel J García Riol

Celebrábamos tan sólo hace unas fechas, la fiesta del Patrón de las Españas, aunque muchas administraciones se obstinen en disolver la celebración declarando la jornada: día de amnesia laborable.


Pero, para quienes vemos en Santiago al protector de nuestra Patria, la percepción es bien diferente. Quién no ha sentido un gozoso escalofrío al abrazar la efigie del Santo Apóstol, quién no se ha emocionado al contemplar en directo las acrobáticas evoluciones del Botafumeiro, quién no ha recordado los acentos de Rosalía, Valle Inclán o Cunqueiro, perdiéndose por el dédalo de calles del corazón de la vieja Santiago de Compostela.


Santiago y Cierra España

Una devoción al Apóstol que fue esencial en la configuración de nuestro ser nacional. Invocado en las batallas por nuestros guerreros y soldados, musitado en las oraciones de los peregrinos que, desde todos los rincones de la Europa cristiana, transitaban ese cordón umbilical que unía nuestros Reinos Medievales Hispánicos con el resto del Viejo Continente: el Camino de Santiago.


Cantado en las melodías del “Codex Calixtinus”. Humilde con su calabaza, concha, esclavina y bordón. Esperándonos, paciente, en esa maravilla del Maestro Mateo que es el sublime Pórtico de la Gloria, recientemente restaurado.


Venerado en toda Europa, siempre ha sido objeto del cariño de sus devotos, que trasladaron también su culto a las Américas, donde floreció y dio abundante fruto.


Recuerdo que en mi primer viaje a México, visitando la célebre Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, sobre el arco de acceso a la Iglesia que allí se halla, se podía leer en un arco de flores: “Te queremos, Señor Santiago”. Desde los confines de México a los extremos de la austral tierra chilena, el nombre de Santiago es bandera de fe y de hispanidad.


¿Qué queda en la España de hoy de aquella devoción por Santiago?. Los peregrinos siguen recorriendo la Ruta Jacobea en sus diferentes formatos, Galicia lo venera, nuestra Caballería lo tiene por especial protector, su cruz es parte constitutiva del escudo del Ejército de Tierra y se multiplica en las iglesias y edificios singulares de las numerosas tierras españolas que pertenecieron a la Orden Militar de Santiago.


Y queda el recuerdo de la especial protección que el Apóstol concedió a nuestra Monarquía, en los tiempos medievales y en los modernos.Tanto es así que Felipe IV determinará, en 1643, la realización anual de la Ofrenda Nacional a Santiago, con la presencia, cada 25 de julio, del monarca o de un delegado regio en la Catedral Compostelana.


Alfonso XII realizó personalmente la ofrenda en 1877 y Alfonso XIII en 1909. El rey don Juan Carlos I fue oferente en: 1976, 1982, 1993, 1999 y 2004; coincidiendo con las celebraciones del Año Santo Jacobeo.


Pero también tenemos en nuestros días, con respecto a la iconografía del Apóstol Santiago, esos absurdos comportamientos, fruto de una ridícula y ahistórica corrección política, que han acabado por cercenar de las tallas santiaguistas, el grupo de guerreros musulmanes abatidos en la batalla de Clavijo. En algunas iglesias incluso se han llegado a ocultar tras ramos de flores; todo sea por no “ofender” a quienes invadieron nuestro suelo.


Renegar de la tradición es un grave error y causa directa de un trágico empobrecimiento cultural. ¿Qué sería de las crónicas medievales hispanas, de esculturas y pinturas, sin la presencia gloriosa y a caballo de Santiago Apóstol, de San Jorge o San Isidoro?. ¿Renunciarían los franceses a Saint Denis, los ingleses a Saint George y la caballería europea toda a San Miguel Arcángel?. Ni un paso atrás ante las ocurrencias de quienes desean despojarnos de nuestro pasado y nuestras tradiciones. Firmeza siempre ante los nuevos inquisidores que, en nombre de unas pretendidas libertad y respeto, sólo buscan la despersonalización de los pueblos para, una vez vacíos de su ser esencial, tiranizarlos a su antojo.


Esa es la lección postrera de Santiago Apóstol, ser testigo de la Verdad ante los poderosos de su tiempo y no renunciar a expandir la luz frente a las tinieblas de las conveniencias.


Y así como Alfonso II de Asturias acudió presuroso al Campo de las Estrellas tras la noticia del hallazgo de la tumba apostólica; así como Fernando III y Alfonso X de Castilla y León recibieron el espaldarazo caballeresco por la imagen de Santiago; así como los guerreros de Isabel y Fernando invocaron el nombre del Apóstol mientras tremolaban el estandarte real sobre la recién tomada Torre de la Vela granadina…también nosotros, como Hermandad Nacional Monárquica de España, le pedimos al Señor Santiago que proteja a España, que ilumine en sus decisiones a nuestro rey Felipe VI y nos de fuerzas e inteligencia en nuestro quehacer diario en defensa de la Corona. ¡Santiago y cierra España!.



Daniel Jesús García Riol

Director de “El Monárquico”













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