martes, 11 de diciembre de 2018, 21:28
Elmonarquico2015
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Eugenia de Montijo, la Emperatriz de los franceses

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Eugenia de Montijo1

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                        "LA CORONA DE FRANCIA, ES UNA CORONA DE ESPINAS"

                         Eugenia de Montijo

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Sería la última Emperatriz de Francia y al caer de su trono fue ultrajada y difamada por la historia y el nuevo gobierno francés. Perdió todo, y aún así y pese a los golpes que le dio la vida, Eugenia de Montijo aún viviría casi 50 años más para ver la gloria de su patria adoptiva restaurada y muriendo con el nombre de Francia en su corazón.


Nadie habría podido pensar que aquella niña rebelde y liberal, nacida en una familia noble venida a menos en Granada aquel 5 de mayo de 1826, portaría la corona de uno de los países más poderosos de la Europa del Romanticismo. Hoy en día mires donde mires en París encuentras un símbolo o algo que recuerde al II Imperio Francés como la E (Eugenia) y N (Napoleón) en la fachada de la Ópera mandada a construir por Napoleón III o los edificios de la Avenida Haussman encargados por el emperador al Barón del nombre que lleva el bulevar con la intención de convertir París en la ciudad más bella y moderna de Europa. Muchos fueron los aciertos y avances que Francia conocería en el período de 1852-1870. Una guerra innecesaria, provocada por las mentiras y trampas del belicoso y taimado de Bismarck en Alemania, echarían por tierra los cimientos de un Imperio que estaba asegurado para el futuro. Hablar de la vida de Eugenia sería repetirnos en demasía, por lo tanto aquí no hablaré de su rol como mujer sino como Emperatriz de los Franceses y el legado que dejó a posteriori.


La aprendiza

Como bien saben Eugenia conoció a Napoleón III en una recepción en el Elíseo cuando este aún era Presidente de la II República Francesa, surgida tras la Revolución de 1848 que había derrocado a Luis Felipe I de Órleans. No era la primera vez que Eugenia oía hablar del hombre que había intentado muchas veces restaurar la gloria de su tío. El escritor y amigo personal de la emperatriz, Prosper Mérimée, autor de Carmen, le había relatado a Eugenia todas las hazañas y campañas de Napoleón I cuando este había sido el Emperador de toda Europa. Desde aquel instante y mediante recortes de prensa Eugenia seguiría las hazañas del que luego sería el Príncipe-Presidente que había intentado por dos veces hacerse con el poder, y que a la segunda había sido encarcelado, cómodamente en Ham, durante 6 años. Hasta que logró escapar disfrazado de carpintero.


El noviazgo entre Eugenia y Luis Napoleón duró 4 años hasta que este, ya convertido en Emperador de los Franceses en 1852 decidió casarse con Eugenia. La boda se celebró en París el 30 de enero de 1853 y la futura novia fue recibida con júbilos y a los gritos de ¡Viva la Emperatriz!.


Si bien al principio su papel como esposa y I Dama del II Imperio francés fue prácticamente ceremonial, a partir de 1856 y tras dar a luz al Príncipe heredero, Eugenio Luis, Eugenia tomaría un papel clave y activo en la política francesa.


La Emperatriz

La I vez que Eugenia se enfrentó a la muerte y mostró sangre fría, como corresponde a una emperatriz fue una noche de 1858. Acudían a la ópera cuando el nacionalista Orsini lanzó una bomba contra la carroza imperial. El artefacto no dañó el carruaje pero hubo 8 muertos y 150 heridos entre la comitiva y el público. La emperatriz entonces salió del coche, aún conmocionada, pero dijo estas frases: No se preocupen por nosotros, es nuestro trabajo. Atiendan a los heridos. Hubiera querido ayudar, pero el gran Chambelán insistió en que el pueblo necesitaba ver que la familia imperial estaba bien. Aquella noche París entero admiró la valentía y sangre fría de su emperatriz, aunque el miedo a ser asesinados ya no abandonaría a Eugenia.


Como Emperatriz Eugenia apoyó las reformas de su marido tanto sociales como urbanas. Apoyó las investigaciones de Louis Pasteur que acabaría con el descubrimiento de la vacuna contra la rabia. Así también aplaudió en lo de embellecer París con el proyecto de Haussman. En aquella época París era una ciudad mal sana, sin alcantarillado y las epidemias estaban a la orden del día. Pocos años después el París medieval había sido borrado y en su lugar lucía una bella ciudad, moderna y a la vez rescatando las tradiciones decorativas y arquitectónicas de la Antigua Grecia y Roma.


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                                                       Avenida de la Ópera en el II Imperio


La moda a lo María Antonieta, figura admirada por Eugenia, se implantó en la sociedad francesa. El uso del miriñaque, sombra de ojos, Eau de Cologne, sombreros de ala ancha y otras nuevas tendencias de la moda parisina se implantaron en la alta sociedad, gracias al patrocinio de la emperatriz. También el II Imperio es conocido por haber resucitado el estilo Luis XVI que pasó irónicamente hablando, a llamarse estilo Luis-Emperatriz.


París se saneó, se asfaltaron y embellecieron sus calles que con el tiempo tendrían luz eléctrica y se estableció un sistema de alcantarillado, y sus zonas verdes se adecuaron al ocio del aire libre.


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                                                     La Emperatriz como María Antonieta


En el campo femenino la emperatriz no solo patrocinó la moda, también las artes, pues el palacio de las Tullerías conectaba con el Louvre el cual se agrandó y se convirtió en el museo que es hoy en día. Eugenia fue amiga de Prosper Merimé y llegó a condecorar con la legión de honor a la famosa pintora Rosa Bonheur. Feminista convencida la emperatriz luchó por los derechos y el voto de las mujeres, aunque esto último no lo logró ( el voto femenino no llegaría a Francia hasta 1946) si consiguió que estas accedieran a estudios superiores, antes solo reservados para los hombres. Fue el caso de Madeleine Bréss, la primera mujer en estudiar medicina o la escritora Julie-Victoire Daubié que consiguió su licenciatura gracias a la emperatriz. Eugenia fundó así varias escuelas de mujeres, orfanatos y museos. Fue así representante de Francia en la inauguración del Canal de Suez en 1869 construido por su pariente lejano Fernando de Lessesps. En otras ocasiones su participación en la política imperial no dio buenos resultados, pues el más tristemente conocido de ellos fue la intervención en México que le costaría la vida al emperador Maximiliano I.


Eugenia ejerció como Regente del Imperio en 3 ocasiones:


I-  Durante las campañas de Italia de 1859

II-  La visita del emperador a Argelia en 1865

III-  La Guerra Franco-Prusiana de 1870


Esta última le costó la corona y el posterior exilio, y la pérdida de Alsacia y Lorena. Aquello fue una desgracia, pues 4 meses antes el Imperio estaba a salvo al haber celebrado el emperador un referéndum en el cual ganó por 7 millones de sí contra 2 millones de no. Debido a su enfermedad, Napoleón III había redactado un texto de abdicación por el cual en 1874, cuando el Príncipe Imperial hubiera cumplido los 18, él abdicaría y Eugenia y él se retirarían a su villa de Biarritz. Nunca fue así lamentablemente.


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En tan solo 9 años Eugenia se quedaría sola. Perdió a su esposo en 1873 exiliados ya en Inglaterra y en 1879 a su hijo, al morir este combatiendo a los Zulúes en Sudáfrica. La emperatriz entonces se vestiría para siempre de luto y vagaría por el mundo como un alma en pena, viajando siempre con un numeroso séquito. A finales del 1880 el gobierno francés le autorizó a residir en Francia, aunque ya pasó más tiempo en España, al estar emparentada con la Casa de Alba. En 1914 apoyó a Francia en la I Guerra Mundial y permitió que su villa se convirtiera en hospital siendo ella, ya con casi 90 años, enfermera de los regimientos. Se sintió feliz de nuevo en 1918 al vencer Francia y serle devuelta Alsacia y Lorena y ser derrotada Alemania.


"De vivir mi amado hijo, estaría feliz hoy" dijo aquel día.


La emperatriz murió en el Palacio de Liria el 11 de julio de 1920 a los 94 años de edad. Actualmente se encuentra enterrada en la cripta imperial improvisada en Inglaterra donde descansan su esposo e hijo. A la espera están de que algún día sean devueltos a Francia y enterrados en Les Invalides al lado de los dos primeros Napoleón. Justo final sería para la mujer que fue recibida y apodada como la Belle Espagnole y que portó con dignidad la corona de Francia hasta su último aliento. Sin ella, ni su esposo, ni el II Imperio Francés hoy París no sería la ciudad que es hoy. No lo olviden. Vive l´Impératrice!.





Conde Bevilacqua Benedetti 

















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