lunes, 22 de octubre de 2018, 00:12
Elmonarquico2015
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Esperando...

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Esperando



Inmaculada Fuentes B.

No era la primera vez.


En numerosas ocasiones se quedaba esperando. La mesa puesta, todo preparado pero...aún no llegaba.


A veces recibía una llamada y en ese momento el corazón se aceleraba de forma descontrolada. Los pensamientos comenzaban a derramarse sin control por su mente y la pregunta era siempre la misma: ¿Qué habrá pasado?.


En ese momento, las respuestas podían ser inumerables y ninguna buena pero, ella se aferraba a la única que le daba opciones, a la única que le daba esperanza de que la tardanza sólo fuese por unas horas, las que hiciesen falta pero....unas horas y volvería.


Descolgaba el teléfono intentando mantener la calma y que no se notase el temblor que sentía por dentro. Siempre esperaba escuchar su voz al otro lado:


- "No te preocupes cariño, voy a tardar un poco más. No me esperes para la cena y acuestate, dale un beso al crío y dile que mañana jugaremos y me contará lo de ese amiguito suyo. Os quiero ".


Ella terminaba su cena, recogía todo lo dispuesto y guardaba la de él pensando: "tal vez cuando llegue vendrá con hambre y le apetezca probarla, seguro que sólo ha tomado café". Después, se iba a la cama con el pequeño.

Allí le explicaba que papá estaba haciendo algo muy importante por todos los niños como él, sus mamas y papas, etc... Le decía lo mucho que le quería y que mañana estaría para él, para jugar y charlar "de hombre a hombre".


Muchas veces, se quedaba dormida junto al niño y despertaba sobresaltada al oirlo entrar.


Se levantaba y salía a su encuentro: "Ya estás de vuelta, ¿qué tal todo?, mientras te cambias te caliento algo de comer, ¡estas helado!".


Le abrazaba y respiraba profundamente. Su olor la inundaba y le proporcionaba calma; ya estaba en casa. Él la apretaba y le transmitía tranquilidad.


No siempre venía unicamente cansado. Algunas veces, traía la desolación relejada en el rostro: "no tengo apetito, vamos a la cama a intentar dormir". El abrazo no era tan fuerte pero, se prolongaba más de lo habitual. Era él quien necesitaba recibir esa calma y esa seguridad. Era él quien necesitaba saber que en casa, las cosas seguían como las había dejado horas atrás.


Ambos se quedaban dormidos enredados el uno en el otro y pensando: "¡que suerte que estés aquí!"




Inma Fuentes B. 











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