jueves, 21 de marzo de 2019, 22:44
Elmonarquico2015
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Oda a la Vida

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JuanA.Pellicer

Mi querido Mario, tus letras, que desde mi solitaria y particular “celda” comprendo y comparto, no me dejan indiferente. Me hablas de cómo te sientes, de cómo estás llevando tus días de soledad. Me cuentas que a veces –más de las que te gustaría- te sientes cansado de preguntar y preguntarte. Que te sientes preso de la decepción, el asombro y la perplejidad. Que cada vez comprendes menos la ¿realidad? que te rodea…


Aunque no lo creas, leyéndote me encuentro muy cercano a ti porque una extraña sensación, -complicidad/solidaridad-, se adueña de mis sentimientos. Una sensación que paradójicamente me conforta porque en ella descubro, o quiero descubrir, -que para el caso será lo mismo- que formamos parte de ese aparente “ejercito vencido de nómadas y miserables”; de seres humanos unidos ante la misma preocupación que tanto daña… De personas cuya única posesión es su maltrecha dignidad.


Leyéndote me resulta imposible no hablarte de lo que no vemos y sin embargo está. Mejor aún, lo que realmente me resulta imposible es no compartir contigo esta esperanza que sólo es perceptible a los ojos del corazón. Esas miradas que nos hablan desde los silencios.


En una mirada podemos hallar los mundos que habitan entre nosotros. Mundos donde todo cabe, inimaginados; mundos que lo fueron de paz siendo en este presente la guerra, el conflicto, la tensión, los odios, las envidias… y todo lo que nos separa, su único idioma. Donde la locura y el sinsentido se apoderan de todos los momentos, también los hasta ahora reservados para el alma. Mundos donde la palabra parece haber perdido su valor y también su fuerza. Mundos que nos roban el aliento llevándonos por caminos que nunca quisimos recorrer.

¡Fue tanto lo perdido por negarnos, por intentar seguir siendo lo que siempre quisimos ser!.


Son días donde el desánimo encuentra morada y reino en cada uno. Donde las preguntas –todas- parecen quedar sin respuestas. Donde los derechos –muchos- se sienten pisoteados, o peor aún, ignorados. Días donde el cielo sentimos se nos queda pequeño para poder clamar y la tierra se avergüenza de ser nuestra madre.


En este barrizal de estulticia nos encontramos mi querido amigo. En este aparente callejón sin salida donde igual da mirar adelante o hacía tras. En este mundo que los “dueños de la malicia y la necedad” se han empeñado en construirnos como si nos gustara. Perdidos. Confundidos.


“El sueño de los que están despiertos, -decía el clásico- era la esperanza” . Y así debe ser querido Mario. La Esperanza, aquella que ponemos en nuestros amaneceres, no la otra con que cerramos nuestros días. La primera nos regala la sonrisa, nos hace un poco más fuertes y más libres; la segunda nos esclaviza, nos hace dependientes y vulnerables.


La vida, en su caprichoso devenir nos juega estas pasadas. Nos tiene reservados estos momentos de luces y sombras. A veces los caminos parecen desaparecer bajo nuestros pies quedándonos abrazados a las dudas y los temores. Se marchan los amores; lejos van quedando los amigos; se olvidaron los abrazos… y poco a poco parecen apagarse las luces de nuestro particular “escenario” donde tantas representaciones fueron merecedoras de anónimos aplausos, y donde fuimos capaces de romper con la fuerza de la emoción la “cuarta pared” que quiso separarnos.


Dicen, y yo me lo creo, que la felicidad no está fuera sino dentro de nosotros. Que la libertad tiene que ver con lo que pasa en nuestro interior y no tanto con lo que acontece de puertas afuera. Dicen, y me lo creo, que otros vivieron la paz entre las letras, y dicen, y también esto me lo creo, que muchos encontraron “sus respuestas” en las preguntas que “parían” sus poemas.


Te invito a que juntos nos sumerjamos a través de la poesía en busca de las nuestras.


Acepta, mi querido amigo, estos versos que un día un poeta acaso sin saberlo dejó escritos para ti y para mi.


Estrofas de Oda a la vida (Pablo Neruda)


“… Vida, los pobres
poetas
te creyeron amarga,
no salieron contigo
de la cama
con el viento del mundo.

Recibieron los golpes
sin buscarte,
se barrenaron
un agujero negro
y fueron sumergiéndose
en el luto
de un pozo solitario.

No es verdad, vida,
eres
bella
como la que yo amo
y entre los senos tienes
olor a menta.

…”.


Con este dolor que ya pasó, recibe un abrazo.



Juan A. PELLICER 

(J. de Molay)















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